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El presidente Santos llegó a "buen puerto"

Cuando se tiene un sueño siempre hay una visualización de cómo será el momento en el que se podrá decir ‘lo he cumplido’, pero quizás lo que no se puede llegar a imaginar es la sensación de estar en ese momento y tener esa emoción inexplicable que demarca la certeza de haber llegado a donde un día se pensó. El presidente Juan Manuel Santos no dijo eso, dijo: “Llegamos al puerto”, curiosamente al frente de la bahía de Oslo.

Pero el mandatario de los colombianos siempre ha dicho, al igual que su esposa María Clemencia Rodríguez, que no se esperaba el Premio Nobel de Paz y que ese no era su objetivo, que el más grande reconocimiento al que le ha apuntado siempre ha sido “lograr la paz de mi país”. Fuera éste su objetivo o no, lo cierto es que la emoción que embarga a la familia presidencial es la de un sueño cumplido.

Y ese sueño de Santos es elegante y al estilo europeo. El lobby del Grand Hotel fue el epicentro de las reuniones de todos sus invitados, víctimas, familia, amigos y de los negociadores que siempre lo han acompañado. En la mitad está un gran árbol de Navidad de colores dorados y en ocasiones el lugar se llena de las notas musicales del piano negro que está al lado de las escaleras.

Pero quizás el momento más elegante que se vivió en ese escenario fue cuando entraron todos de esmoquin y vestidos largos para asistir al banquete ofrecido por los reyes noruegos, horas después de que oficialmente el presidente recibiera su premio.

Humberto de la Calle, Frank Pearl, Sergio Jaramillo, el general Jorge Enrique Mora y las víctimas invitadas vestían apropiadamente, olvidando quizás que hace unos años estaban en La Habana tratando de encontrar un término medio con la guerrilla de las Farc, o que estuvieron como Leyner Palacios -que se puso una camisa que le regalaron las víctimas del Chocó-, cuando se salvó de morir junto a su familia en medio del cilindro bomba que cayó en la iglesia de Bojayá, un momento en el que definitivamente la ropa no importaba.

O incluso como Pastora Mira, quien estaba feliz con un vestido azul y de brillantes, y abrazaba hasta a quien no conocía y en el que su pasado era el menor de los pensamientos –hasta que alguien le preguntó-. Ella, quien estaba al frente del hotel, ni siquiera parecía importarle el frío pues estaba en medio de la capital noruega, bajo 2 grados centígrados y sin suficiente abrigo.

“Me ha tocado crecer con la ausencia de un padre porque apenas era una niña de escasos 5 años, me tocó verlo asesinar; el padre de mi primera hija cuando apenas tenía 2 meses fue asesinado, mis dos hijos: Sandra Paola y Jorge Aníbal fueron secuestrados y asesinados por un grupo paramilitar; mi hermano todavía sigue desaparecido; varios de los primos, toda mi familia desplazada. Pero no somos los únicos, somos muchos los que hemos sufrido”, dijo en medio de la marcha de las antorchas.

Sí, hubo una marcha, pero no como las colombianas en el que se ve al grupo antimotines por doquier, y por donde el mayor temor de quienes no participan en ella es cómo se bloquea el tráfico. Fue una marcha europea y por celebración, no por los problemas de salud o de educación.

La marcha de antorchas es un acto que se cumple año a año y se hace para saludar al nuevo Premio Nobel de Paz, dura un poco más de 10 minutos y en el más absoluto silencio. Es como un acto que confirma el respeto que hay por quien fue escogido Nobel, y en el que se le otorga cierto grado de solemnidad.

Claro que esta vez no fue tan silenciosa, según Diego Marín del ‘Grupo de Apoyo a la Paz para Colombia’ y quien vive en Noruega hace 8 años, fue la primera vez en las que había banderas –en este caso la de Colombia-, y en la que había música en vivo, pues ellos llevaban sus tambores y cantaron consignadas como la de ‘Sí a la paz, no a la guerra’ y ‘Sí se pudo’. Pero también llevaban una gran pancarta de tela blanca en la que estaban los nombres de los líderes sociales que murieron durante el proceso de paz con las FARC.

“Estos son los últimos muertos de esta guerra, son las personas que han sido asesinadas mientras se estaba negociado la paz, y nosotros creemos que no hay nada más triste y más inútil que esa última muerte que se pudo haber evitado. Queremos hacerles un llamado al gobierno y a esas personas que aún se oponen al proceso de paz sobre que este es el camino, y que no tiene que haber ni un muerto más. Ni uno más”, dijo.

En medio de la gente, entre la que se identificada dónde estaban los colombianos porque era donde se escuchaban cantos o donde estaban los instrumentos musicales, se escuchaban las voces de los niños noruegos preguntando ‘¿Colombia?’ y los padres explicándoles quién era el nuevo Nobel que salió a saludarlos desde el balcón del Grand Hotel como lo han hecho todos los nobel de paz.

Y mientras saludaba en su traje más elegante y luego acompañado por su familia entre la que se destacaba la primera dama por su brillante vestido azul, a Pastora se le veían sus grandes ojos esforzándose para ver desde lejos, como muchos colombianos, al presidente que dice ella, tuvo lo necesario para seguir con el proceso.

“Celebramos este Nobel de Paz con el gran entusiasmo de decir sí es posible, sí se pudo y tenemos un presidente que se comprometió en gastarse todo su capital político, en ser exageradamente tolerante, persistente e insistente para poder llevar el proceso hasta el punto donde está hoy y ser acreditado con este Nobel de Paz”.

Ese mismo presidente que empezó hablar desde su nuevo papel después del 7 de octubre cuando se anunció que él era el ganador, pero que aprovechó el Oslo City Hall para lanzar una de las frases por las que seguramente será recordado y citado en el futuro: "La victoria final por las armas, cuando existen alternativas no violentas, no es otra cosa que la derrota del espíritu humano”.

Ahora, tras la ceremonia en la que se vieron lágrimas, sonrisas y alegrías se inaugurará la exposición fotográfica en el Centro Nobel de Paz sobre el presidente Santos y sobre la historia de Colombia, en la que predominan las imágenes de personas camufladas.

En ese Centro también está el jardín tecnológico que hace brillar entre tonos azules las fotos de todos los premios Nobel de paz. La foto del presidente ahora es la única que cambia a un color amarillo, muy parecido al color que emiten los faros para que los barcos lleguen a buen puerto.

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MERMELADA PARA EL UNIVERSAL

Ustedes creen que por borrar las opiniones que no sean lambeculos de santos el pensamiento de las personas va a cambiar? Tenia mis dudas con este periódico de que manipulan a la opinión publica, pero ahora estoy totalmente convencido. Ni siquiera tienen la opción para borrar mi cuenta de usuario.