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Los frustrados intentos por firmar la paz con las Farc

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El nacimiento de las FARC se ubica históricamente a mediados del siglo pasado; su máximo jefe, Rodrigo Londoño habla del año 1964. Pero las raíces para su surgimiento se dieron una década antes, periodo que Álvaro Villarraga Sarmiento, director del Centro de Memoria Histórica denomina una “guerra sorda, marginal y periférica”.

Este experto consultado por COLPRENSA hizo un resumen de lo que ha pasado a través de este más de medio siglo con los intentos que se hicieron para poner fin a la guerra de guerrillas de las FARC. Villarraga explica por qué se dieron los fracasos por alcanzar un acuerdo de paz y dice que en 1984 ese grupo también hizo una firma, por lo que dice que el anuncio de ayer no sería el primero.

Estos fueron los intentos de acabar la guerra por la vía negociada, antes del que está a punto de concluir el gobierno de Juan Manuel Santos:

EL GOBIERNO DE BELISARIO BETANCUR

A dos décadas de existencia de las FARC surgió el que podría denominarse el primer proceso de paz. El presidente Belisario Betancur fue el primero de los mandatarios de la historia reciente del país en llegar a ese puesto con una bandera por la paz. Lo hizo reconociendo las causas objetivas y subjetivas del conflicto armado y asumiendo como interlocutores válidos a los guerrilleros.

Nombró por decreto una ‘comisión de paz’ con más de 40 representantes de distintos sectores de la sociedad y adelantó acciones de alto impacto en sectores afectados por la violencia y la pobreza, especialmente, posibilitar, por primera vez, la elección popular de alcaldes (1986). Y dispuso mesas de diálogo con las FARC, el EPL y el M-19. El ELN se distanció, por desconfianza.

Para marzo de 1984 el Gobierno suscribió dos pactos: Uno en Uribe (Meta) con las FARC. “Éste fue claramente un acuerdo de paz”, dice Villarraga y precisa que incluso se denominó: ‘Tregua, cese al fuego bilateral y paz’, por lo que despertó la ilusión de que las FARC dejarían de ser un movimiento armado ilegal y pasarían a la escena política pública, marco en el que se aplicó una amnistía, con la Ley 35 de 1982.

El segundo pacto se dio en agosto de 1984 y cobijó al M-19 y al EPL. En este caso también se definió tregua y cese al fuego bilateral. Las FARC acallaron las armas por tres años (de 1984 a 1987) y el EPL y el M-19 hicieron lo propio por un año.

“El acuerdo con las FARC fue más decidido y asumido como un compromiso de paz, mientras que con el EPL y el M-19 fue un acuerdo para desarrollar la agenda de paz”, dice Villarraga.

Las treguas fueron buenos réditos a pesar de ser frustrados. El fracaso –dice el experto- obedeció a la negativa dada por las élites políticas, el Congreso de la República y el sector económico de cara a lo acordado. “Estos hechos casi llevaron al aislamiento del presidente Betancur, quien incluso fue tildado de comunista”. A eso, considera Villarraga, se sumó el desacato de las Fuerzas Militares a la orden presidencial: “Mantuvieron una actitud de hostilidad en los territorios y eso deterioró el ambiente”.

Además, vinieron acciones violentas de grupos ilegales contra el proceso, lo que terminaría en la masacre de los integrantes de la Unión Patriótica, el partido político que formaron las FARC. Empezando por varias acciones violentas contra quienes impulsaban el proceso de paz, como contra Óscar William Calvo (dirigente político cercano al EPL, asesinado), Antonio Navarro (dirigente del M-19, herido de gravedad) y el mismo Jacobo Arenas (comandante de las FARC, atentado frustrado).

“Las FARC firmaron la paz en 1984 en Uribe (Meta)”. Con esta afirmación, que para muchos es errada, el director del Centro de Memoria Histórica, reconoce que el ambiente actual no es nuevo en Colombia.

LOS GOBIERNOS DE BARCO Y DE GAVIRIA

El siguiente proceso concreto para buscar la paz con las FARC ocurrió de 1989 a 1992, durante finales del Gobierno de Virgilio Barco e inicios del periodo de César Gaviria.

“Lo ideal en ese momento hubiera sido un pacto de paz con todas las guerrillas”, dice Villarraga, no sin desconocer que se intentó alcanzar ese objetivo en lo que se denominó la ‘Coordinadora Nacional Guerrillera Simón Bolívar’ (1988-1989), y que se dieron acuerdos parciales con varias guerrillas.

Para entonces la violencia era muy fuerte. La arremetida del paramilitarismo y la financiación del narcotráfico fueron ingredientes adicionales para la crueldad de lo vivido. Las masacres eran pan de cada día, y el terrorismo tocó las ciudades. Este periodo ha sido denominado por muchos como “el escenario de crisis en la crisis, de desgobierno”, dice Villarraga narrando los crueles hechos con los que cerró la década del 80, época en la que se crearon comisiones para aconsejar qué hacer en los distintos escenarios de confrontación.

“El desborde de la violencia llevó a que Barco, al finalizar su gobierno, aceptara los diálogos para la paz (1989)”, recuerda Villarraga, y añade que en este caso los matices entre cada una de las guerrillas agrupadas en la ‘Coordinadora guerrillera’ hicieron que fracasara esa unión, excepto en el caso del M-19 que sí asumió los diálogos hasta llegar, en marzo de 1990, a su desmovilización.

Un hecho de terror fue protagonista en este escenario en el que se pretendía la paz. En el periodo 1987 – 1990 fueron asesinados cuatro candidatos presidenciales: Bernardo Jaramillo, Jaime Pardo Leal, Carlos Pizarro y Luis Carlos Galán; además, se casi se exterminó a los líderes de la Unión Patriótica.

Un hecho a tener presente fue el reclamo del M-19 para una asamblea constituyente que el expresidente Barco llevó al Congreso, pero no contó con el aval del Legislativo. Tiempo después se llegaría la Constituyente de 1991 impulsada por el movimiento de la ‘Séptima Papeleta’.

Está idea abrió las puertas para las negociaciones de paz con el EPL, el PRT y el Quintín Lame. En febrero de 1990 estos tres grupos entraron al proceso de reforma a la Constitución de 1886.

¿Qué pasó con las FARC en este escenario? Las FARC no entraron en este proceso. En ese marco se dieron fuertes confrontaciones entre esta guerrilla y la Fuerza Pública. Uno de los operativos militares que marco este segmento de la historia fue el que se realizó contra ‘Casa Verde’, hito de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

Los esfuerzos por atraer de nuevo a las FARC a este marco de paz hizo que de manera paralela se dieran diálogos en Caracas, Venezuela (1991), donde se dieron cinco rondas entre miembros del Gobierno Nacional y esa guerrilla en el que además hubo acompañamiento internacional y académico. El cese al fuego bilateral fue el único punto en el que se alcanzaron aproximaciones, lo mismo que en temas humanitarios.

En 1992 los acuerdos se retoman en Tlaxcala (México), aunque las partes (Gaviria - FARC) no llegaron con mayores gestos de voluntad. “Un error de cálculo del Gobierno en ese momento fue la promesa de que en 18 meses las FARC y el ELN serían exterminadas, todo por la confianza que daban los acuerdos suscritos con los grupos que se sumaron a la constituyente”, dice Álvaro Villarraga y menciona que durante la siguiente década se dio un escalamiento de la violencia tanto de las guerrillas. “En ese nuevo escenario se dieron más de dos mil muertes”.

El asesinato del exministro Argelino Durán Quintero, secuestrado por disidentes del EPL quienes mantuvieron ese hecho en silencio, inclusive para las guerrillas que hacían parte de la ‘Coordinadora’ hizo que los diálogos que se adelantaban en el momento se rompieran. Según Villarraga el acto del EPL fue rechazado inclusive por las FARC y el ELN al punto de obligar al fin de la ‘Coordinadora guerrillera’.

EL GOBIERNO DE ERNESTO SAMPER

En criterio de Álvaro Villarraga, Ernesto Samper si tuvo política de paz, lo que no tuvo fue proceso, todo por cuenta de la defensa que debió emprender en su favor por el proceso 8000.

“El presidente Samper diseñó muy bien la política de paz, pero fue un gobierno muy débil. Intentó con las FARC en los tres primeros meses de Gobierno al punto de haber autorizado desmilitarizar el municipio de Uribe (Meta), pero los militares se opusieron y el Gobierno en su debilidad reversó la decisión. Las FARC consideraron a este gobierno como ilegítimo”.

Lo que sí sucedió, sin que se pueda considerar como un proceso de paz, fue el acuerdo al que llegaron en 1996 Samper y las FARC para la liberación de 61 miembros del Ejército y de la Armada que habían sido retenidos en combate, este hecho es recordado como ‘el acuerdo de Remolinos del Caguán’.

En 1998 en Maguncia (Alemania) Samper y el ELN se acercaron, hecho que resultó muy negativo para el primer mandatario debido a que esa guerrilla no aceptó que en la mesa estuviera el Gobierno, aunque sí aceptó a los demás integrantes del Estado y quienes sí hacían parte del entonces Consejo Nacional de Paz.

ANDRÉS PASTRANA Y LA SILLA VACÍA EN EL CAGUÁN

En el cuatrienio Pastrana, se adelantó un proceso de paz más claro con las FARC. En este momento se llegó a un nivel muy importante; inclusive con el ELN se dio un acercamiento, aunque con un diálogo más tibio.

Antes del caso actual, el proceso de Pastrana fue el que estuvo más cerca de acabar el conflicto con esa guerrilla. Hubo un encuentro directo de Pastrana como candidato presidencial con 'Manuel Marulanda Vélez', máximo jefe de las FARC. De esa charla quedó un foto histórica de registro, acompañados de quien sería el comisionado de Paz durante el gobierno, Víctor G. Ricardo. Muchos analistas creen que esa imagen decidió en favor del líder conservador la disputa presidencial.

Pero la imagen no evolucionaría, pues cuando finalmente se instaló el diálogo, la reemplazó otro momento icónico, el de Pastrana ya presidente, sentado solo en la inaugurada zona de distensión, junto a la silla que nunca ocupó 'Tirofijo', quien alegó temer por su seguridad.

Pese al inicio incierto, con las Farc el proceso alcanzó a durar tres años (1999 - 2002) en la ‘zona de distensión’ de la extensa zona de 42 mil kilómetros entre los departamentos de Meta y Caquetá. Para Villarraga, a pesar de este fracasó es justo rescatar el que huboo agenda, que 35 actores internacionales destacados apoyaran los diálogos y las más de mil ponencias, además de los acuerdos parciales.

Además de la liberación de más de 300 miembros de las Fuerzas Militares que habían sido secuestrados, a pesar de que el acuerdo al que se había llegó hablaba de tan solo 50 uniformados.

¿Por qué el fracasó? Para Villarraga la respuesta a este interrogante está relacionado con el plan A de cada una de las partes. En los dos casos -dice- el plan A era la guerra; la paz era el plan B. “Esto en la resolución de conflictos es entendido como el que los factores para la resolución del conflicto no estar maduros”.

Las dos partes tenían expectativas de acumulación militar. La guerrilla se estaba expandiendo en todo el territorio nacional, excepto en el Caguán. “La política de paz de Pastrana, fue muy mala, precaria y deficiente”, dice Villarraga y señala que el despeje del Caguán se dio sin acuerdo, “la comisión temática era desordenada, y de ella hacían parte funcionarios de segunda y de tercera categoría”, agrega.

En este entorno nació el Plan Colombia cuyo eje fue militar, por lo menos, en un 85 %. Estos hechos hicieron que el proceso estuviera condenado al fracaso”, puntualiza no sin señalar que durante este periodo se escaló la crisis humanitaria pues desde el paramilitarismo se arremetió contra los sectores campesinos.

“A cada acuerdo con la guerrilla, correspondía una masacre cometidas por las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) contra quienes eran considerados cercanos a la insurgencia. En respuesta, la guerrilla realizaba tomas a poblaciones y secuestros”, precisa Villarraga.

ÁLVARO URIBE

Las versiones acerca de que durante el Gobierno de Álvaro Uribe se dieron acercamientos son desmentidas por Villarraga para quien en este periodo realmente no hubo entendimientos con las FARC. “Nunca hubo una conversación formal”, dice. Desde el Gobierno Nacional se propuso que para dialogar se debía dar: I) Cese al fuego unilateral, II) concentración y III) cárcel para delitos graves e indulto para los no graves; lo cual fue considerado por la guerrilla como una política de sometimiento, de rendición, no de paz.

Entre tanto las FARC querían I) desmilitarizar  dos departamentos (Caquetá y Putumayo), II) que las conversaciones fueran allí, y que se retomara la agenda del Caguán. Ante esto el Gobierno Uribe respondió homogenizando todas las guerrillas a las que consideró terroristas.

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