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"Si yo no perdono, le entrego lo que me queda al agresor"

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Martha Luz Amorocho es de esas mujeres que no le cuesta sonreír, que da la mano sin problema, que mira a los ojos, que siempre trata de resaltar lo bueno y que cree. Ella cree en Dios, en el corazón de las personas, y cree en el perdón.

“El perdón es un bálsamo que me alivia a mí, porque es que si yo no perdono, yo le entrego  lo que me queda al agresor”, dice tranquila, moviendo las manos y hablando con propiedad, pues ella sabe por experiencia propia lo que es perdonar.

Desde su apartamento, muy cerca del Club el Nogal, recuerda el  7 de febrero de 2003. Y lo recuerdoa no solo porque fue el día en el que se marcó el  antes y el después de su vida, sino porque ha contado muchas veces lo que pasó en la noche de aquel viernes. Pero esta vez, 13 años después con un proceso de paz firmado entre el Gobierno Nacional y las FARC, lo recuerda desde un amplio sofá blanco que está ubicado justo al frente de la pared que tiene los cuadros que hizo  Alejandro, su hijo.

“Ese día muestra muy claro la familia que éramos y las personas que éramos. Estábamos aquí, en este mismo apartamento.  Mi esposo con Alejandro, nuestro hijo de 20 años, que acababan de llegar de la oficina y yo. Los dos, teníamos pico y placa y llegamos uno detrás del otro. Estaba haciendo mucho frío y nos metimos a ver una película los tres. ¡Un chino de 20 años, un viernes a las 6 de la tarde acostado con sus papás viendo una película!”, dice mirando hacia el frente con una sonrisa. 

Martha Luz tiene una blusa blanca, el pelo corto con un estilo moderno, y un rosario negro con dorado un poco torcido. Ella es una mujer elegante y noble,  y eso no impide que quien recién la conozca identifique lo fuerte que es.

“Juan Carlos estaba en el club -él tenía 22 años-, en una clase de ajedrez con la novia. Cuando se acaba la película, le entra una llamada a Alejandro al celular y la llamada que es de Juan Carlos, es para decirle que vaya para el club, que lo acompañe allá a comer algo y a dejar a la novia en la casa. Ese es el plan”, dice resaltando la última frase: ‘Ese era el plan’.

“Y Alejandro se levanta sin pensarlo y se va corriendo a acompañar a su hermano. Eso es lo que éramos, eso es lo que nos quitaron y eso es lo que no vamos a volver a ser”.

”’HUELE A POLÍTICO CORRUPTO CHAMUSCADO’”

Alejandro entró al parqueadero y estalló el carro bomba que puso las FARC.  Juan Carlos, quien estaba con su novia, se encontraba en una cafetería que hoy no existe y con el impacto se desplomó y a él, le cayó una biga encima.

“Estábamos acostados en la cama, yo me levanto, entro al vestier, cierro la puerta del baño y suena un talego –dice Martha Luz mientras que aplaude fuerte para imitar el sonido que recuerda- Eso es todo lo que oí aquí. (…) Llamo a la portería y el vigilante de ese momento me dice: 'Señora Martica, una bomba en el Nogal'”.

“Nosotros bajamos, llegamos a la esquina, ya no nos dejan subir y escuchábamos “huele a político corrupto chamuscado” –dice con los ojos fijos recordando la impotencia que sintió-, ¿Entonces?, ¿Uno con quién pelea?, ¿yo qué tengo que ver  con la política?”.

Alejandro  murió instantáneamente, mientras que Juan Carlos sufrió un lesión craneoencefálica axonal difusa, “que quiere decir que las neuronas se totean, no todas, pero sí por todas partes”, explica mientras se toca la cabeza.
Para ese momento, entre los comentarios que escuchaban, y el caos que provocó la acción del grupo guerrillero, Martha Luz y su esposo no sabían dónde estaban sus hijos.

“Mi esposo fue tres veces al Hospital Militar. En la última fuimos los dos y nos decían que había un NN de 42 años, pero el NN era Juan Carlos de 22. Por supuesto no fuimos a verlo en ningún día. La novia de él estaba en el Contry, mi esposo habló con ella y ella no sabía qué había pasado y no tenía idea de nada”.

“LA MISMA MAGNITUD DE LA TRAGEDIA ES UNA BENDICIÓN”

A Juan Carlos lo encontraron gracias a que la asistente de su esposo pidió que le dejaran ver al NN que tenían en el Hospital Militar y al avisarles les dijo que aunque está golpeado, estaba bien.

“Nosotros entramos,  vemos a Juan Carlos conectado y yo llego a los pies de la cama, lo veo, lo reconozco, salgo, respiro, y vuelvo a entrar”.

Martha Luz estaba acompañada del esposo de una de sus amigas. Él fue quien le dio la tranquilidad de que todo iba a estar bien, no solo porque era ginecólogo y ella depositó su confianza en él como médico, sino porque para ella fue un ángel y un regalo de Dios, dado que nunca iba a Bogotá, pero preciso ese día estaba en la ciudad.

Todo eso lo cuenta con sincero agradecimiento. Dice que a partir de ese momento todos son regalos de Dios, por más duros que parezcan. Pero aún así, después de tanto tiempo, al recordar cómo encontró a Juan Carlos, su voz se quiebra, y no puede evitar llorar.

“Yo recuerdo que había tantos cables y tantas cosas que me dio miedo acercarme porque le podía hacer daño. Y bueno, lo cierto es que me metí por detrás de la cama y le di un beso en un espacio que había desocupado y le dije: ‘tranquilo, está todo bien, y has tu parte. Vamos a buscar a tu hermanito’. Cuando íbamos bajando a la escalera del parqueadero ahí en el Militar, me avisan que Alejandro está en la lista de fallecidos”.

Martha Luz tenía entonces, a uno de sus hijos en coma, y otro muerto por la bomba en el Nogal. Pero no tuvo tiempo para tener rabia o para preguntar  por qué las FARC hicieron eso.

“Igual en todo eso yo digo que la misma magnitud de la tragedia es una bendición. Si me entregan los dos fallecidos yo no sé cómo  hubiera sido nuestra  vida y si entregan a Alejandro en las condiciones de Juan Carlos o peor, no sé cómo hubiera sido”, afirma.

"A ALEJANDRO SE LO ENTREGUÉ A DIOS”

“Alejandro era un artista, hacía magia, jugaba fútbol, era apasionado por la vida, tocaba guitarra, baila el himno nacional, las cuñas. Y era literal –se ríe-, él entraba bailando ballet por las mañana. Después nos enteramos que en la portería llegaba y decía: ‘bueno, venga mañana con la pinta, que le voy a mostrar el club’. Que llegaba a la Universidad con un sándwich partido por la mitad y dos pitillos para el profesor y para él. Que hacía magia por allá en la calle del Cartucho. Yo no sé”.

Martha Luz sonríe, y señala la pared en la que tiene varios cuadros de Alejandro, y al mostrar las fotos sonríe. Dice que la sonrisa de él, es la mejor definición de su personalidad.

“Yo lo único que puedo decir, y por eso digo que soy una mujer bendecida,  es que a Alejandro se lo entregué a Dios y ya está. Yo sé que está mejor de lo que estamos aquí”.

"UNO TIENE QUE  APRENDER A SER VÍCTIMA"

La tarea de Martha Luz entonces, fue seguir con la recuperación de Juan Carlos quien cayó en coma y despertó a  los 13 días, lo cual afirma, fue uno de los milagros.

“A él le iban a hacer la traqueotomía porque no había más tiempo y los tubos se pegan. Y, llegaron unos soldaditos heridos que ocuparon la sala. No se puede hacer la operación, él no pudo entrar a cirugía, pero mientras eso sucede, él recobra conciencia, sale del coma y entonces no hay que hacer cirugía”.

Ese salir del coma, dice Martha Luz, es que Juan Carlos solo abre los ojos y respira, por lo cual empieza un fuerte trabajo de recuperación de la mano de un neurólogo al que recuerda con cariño por su ayuda y comprensión. 
“Él me dijo: ‘Juan Carlos no va a ser el mismo, puede ser peor o mejor’, pero no va ser el mismo. En ese momento yo dije ‘se va a volver un resentido, va a salir con odios y rabias, se va a volver de corazón duro y ese no es Juan Carlos’, y por supuesto me preocupé. No pasó, pero lo que el doctor me decía era que él podía quedarse como estaba”.

Martha Luz entonces, involucró a todos los que hacían parte de la vida de su hijo. Y sin ponerle límites lo fue involucrando de nuevo, pues en el hospital le dijeron que la mejor terapia era la viva. Así, sin darse cuenta, Juan Carlos fue volviendo muy rápido.

Solamente, durante una semana fue agresivo. Fue la semana en la que tuvieron que contarle que Alejandro había muerto.

“Ya no hay nada que hacer en el hospital, entonces le dicen a mi esposo que si lo reciben en la casa, él dice: ‘por supuesto’, y yo les digo, ‘¿y quién le va a decir que su hermano se murió? Porque yo no sé cómo va a reaccionar él”, afirmó.

Lo sucedido se lo tenían que contar porque solo hasta los últimos 6 meses antes del atentado, los dos hermanos habían separado habitaciones. Toda la vida habían estado juntos. El padre de Juan Carlos no quería decirle, Martha Luz decía que si tenía que hacerlo, ella lo hacía, pero las recomendaciones eran que o tendrían que estar los dos padres o ninguno. Finalmente, se lo dijo el siquiatra y después de esa semana difícil, el tema no se volvió a tocar.

Juan Carlos, “Se graduó de ingeniero electrónico en 2004, entró a trabajar en electrónica, y siguió trabajando. Mi esposo es ingeniero electrónico, con él trabajó en comunicaciones, hizo una especialización en la Javeriana, hizo una especialización en El Rosario, hizo un MBI”, dice Martha Luz, afirmando que todo eso lo hizo gracias a mucha gente que los ayudó.

“Uno tiene que  aprender a ser víctima, Porque el hecho que yo esté pasando una pena o un dolor cualquiera que sea, no me da derecho a maltratar a nadie. Las personas pueden estar pendientes de mí, pero si yo las saco corriendo pues se van y me quedo sola. Entonces hubo quien nos brindara apoyo y supimos recibirlo. Porque es que uno de víctima puede quedarse en víctima eterna: deme, deme, deme, pues como la reparación es simbólica, entonces sígame dando. O me puedo volver victimario: porque es que me deben, entonces yo me las cobro”, dice.

"LAS CIRCUNSTANCIAS NO LO HACEN A UNO, UNO HACE LAS CIRCUNSTANCIAS”

Martha Luz se ríe contando sus anécdotas cuando fue a La Habana entre uno de los grupos de víctimas que fueron a encontrarse con los comandantes de las FARC.

Cuenta que cuando llegó, no entendió nada. Estaba nerviosa por lo que iba a decir, y por lo que eso podría representar para todas las víctimas en ese momento. Entonces, al llegar al recinto, entró de primeras, y saludó con un beso a quienes allí estaban.

“Me encuentro con una señora de blanco y turbante. Estamos en Cuba, dije: ‘una niña cubana’”, dice Martha riéndose, pues aquella ‘niña Cubana’ era Sonia guerrillera de  las FARC. Pero además de darle un beso de saludo a todos los de las FARC, almorzó con ellos.

Martha Luz ya se ha encontrado con varios victimarios en la vida, y dice que ya es momento de quitarse rótulos y construir  juntos algo bueno. Dice que con el tiempo la gente debe perdonar y poder generar espacios de confianza, lo cual es verdaderamente difícil pero necesario para acabar con esa “pelea eterna entre el gato y el perro”.
Para ella, y ese fue el mensaje que dio cuando fue a La Habana,  el perdón es necesario para el bien de quien sufrió el daño, la guerra se tiene que acabar ya porque ha perdurado en la historia del país desde mucho antes de que estuvieran las FARC; y se debe pensar realmente qué es justicia.

“¿Ojo por ojo, diente por diente? ¿Salgo a matar hijos de quién?, ¿hasta que forme a Alejandro otra vez? Justicia de Dios, misericordia. En ese momento no había, pero esa es la justicia: misericordia. Y si arriban nos perdonan todo. El único juez es Dios, porque él sí conoce los corazones”, dice.

Martha Luz es reiterativa en decir que la única reparación que puede haber tras el conflicto es simbólica, y que quienes lo han padecido deben tomar decisiones, pues: “Las circunstancias no lo hacen a uno, uno hace las circunstancias”.

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