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Víctimas de las AUC en Magdalena y La Guajira, con un mejor presente

“Dos de mis hijas vivieron con ellos a la fuerza, las embarazaron y ahí si por allá no volvieron más”. Así empieza su relato Luis*, un hombre de 50 años de edad que vivió en una de las veredas que fue atacada por el Bloque Tayrona de las autodefensas, en cabeza de Hernán Giraldo, alias 'El Patrón'.

Luis* recuerda que para el año 2003, cuando los paramilitares llegaron a su vereda, se les acabó todo. “Para ellos, todos nosotros eramos guerrilleros, a mis hijas las obligaron a estar con ellos, a vivir por épocas con ellos, las amenazaron con que si no era así, a mi me mataban”.

La zona en la que vivía la familia de Luis fue una de las que le quedó al grupo dirigido por Giraldo, tras su enfrentamiento con el grupo de Carlos Castaño y que causó el desplazamiento de más de 8.000 personas, desde la vereda Calabazo a Rio Ancho a principios de 2002.

“Cuándo ellos estaban allá, nosotros no teníamos libertad, no podíamos salir a cualquier hora, nuestros hijos no podían jugar en las calles, soló porque a ellos no les gustaba que jugaran, decían: si ustedes no le meten orden a los niños, se los vamos a matar, vivíamos con miedo, humillados” narró.

“Perdimos todo, perdimos la libertad, teníamos una casa, allá teníamos mango, yuca, plátano, maíz, eso también lo perdimos, mis hijos perdieron un año de estudio. Cuando ellos llegaron si eran muchos, hasta la casa fueron a quitarnos las cédulas, los registros civiles, llegaron a buscarme por ser supuestamente un guerrillero, uno de los que estaba en una lista que ellos tenían, ellos mataban sin preguntar si era verdad, ahora si piden perdón por todo eso y por los que mataron ¿por qué no lo hicieron antes?”, agregó.

“Allá llegó '101', yo me acuerdo que él se llevó a una familiar de mi esposa, ella era también como mi hija, era pequeña, tenía como 16 años, se la llevó para que viviera con él, era como su novia y luego al poco tiempo, cuando ya se cansó de ella, la mató y así mató a varias”, afirmó.

Entre las muertes adjudicadas a Giraldo y su grupo se suman cerca de 274 casos, con más de 1.000 víctimas, además de que la Fiscalía asegura que esta organización habría cometido 34 masacres en Magdalena y La Guajira.

Entre las masacres están la vereda Río Lagarto, corregimiento de Mingueo; en Dibulla, La Guajira; la de la vereda El Limón, en el corregimiento de Caracolí; en San Juan del Cesar, La Guajira; y la masacre en la finca 'Arimaca', en Dibulla, La Guajira, donde fueron asesinados varios miembros de la familia Contreras, quienes laboraban en esta finca, otra de las prácticas identificadas contra el grupo de Giraldo.

“Después de que nos hicieron todo el daño, eran hasta queridos, después de que se les pasó la rabia, de que no nos querían matar, de que ya no nos odiaban, después de que nos hicieron todo el daño, después de que una vez me sacan amarrado de mi casa porque tuve un problema con ellos, cuándo unos de sus hombres querían a mis hijas a la fuerza, nos sacaron de la casa, nos obligaron a vivir en otra”, explicó.

“Uno como padre no quiere eso, uno no quiere nunca los males para sus hijos, y por ellas me gané los problemas, a mi me duele; ellos tomaban mucho, les gustaba el ron y cuando lo hacían, se sentían los chachos, hacían tiros al aire, ellos mandaban allá”, recordó.

“Una noche, uno de ellos quería llevarse a una de mis hijas, él me informó y yo me le enfrenté, ella era una niña, una menor de edad, tenía 14 añitos, no tenía porque vivir eso, no era la edad para que tuviera esposo, eso no era lo que yo quería para ella, era una excelente hija, era juiciosa en el estudio, no tenía por qué pasarle eso”.

Según la Fiscalía, a los hombres de Giraldo y a él mismo, se les sindican de 38 casos de violencia en base de género. Como autor, Giraldo tiene en su contra 14, los más comunes son casos de acceso carnal violento en menores de edad, por eso su proceso fue priorizado con el de Salvatore Mancuso, Ernesto Báez y Diego Vecino.

“Se la llevaban por épocas, cuando ellos quisieran y les tocaba estar allá obligadas. No duraron ni un año, cuándo las necesitaban, las mandaban llamar o iban y las buscaban, luego también se llevaron a la hermana y luego ellas quedaron embarazadas, después tuvieron a los niños; de ellos no sabemos nada y no queremos saber, ya aceptaron cargos por estos hechos y ahora nos van a reparar por todo el daño que nos hicieron”, explica

“Hay veces que uno no puede hacer nada, no podíamos sacarlas de allá, yo les decía que se alejarán de ellos, uno como padre y como hombre no quiere eso, para ellas fue muy duro. Cuándo ya se iban a desmovilizar, ahí sí eran buenas personas, ya no nos daban miedo, ya nos habíamos acostumbrado, luego se fueron y mis hijas resultaron embarazadas”.

La vida de Luis ha cambiado, ahora vive tranquilo, con su esposa, sus hijos pequeños y los que grandes van de visita, ya tiene nietos, para él atrás quedó la violencia, cambió de vereda, cultiva la tierra y está cerca a conseguir una casa mejor.

“Mis hijos están bien, tengo algo mejor que antes, estoy acá viendo como me van a reparar, pero yo no quiero esa tierra de donde me sacaron, ya ¿para qué?. Yo no quiero volver allá, no quiero pensar en eso, ni recordarlo, ahora tengo una mejor vida, ahora soy libre y mis hijas son felices, ahora nadie nos obliga a nada y podemos ser más felices que ellos”.

Aunque el proceso de reparación ha sido largo, desde que Giraldo se desmovilizó han pasado 8 años, se han reunido las victimas en apoyo con la Fiscalía y de la Cooperación Alemana, organismo que acompaña el proceso de Justicia y Paz.

Por ahora, en el proceso se realiza la audiencia de reparación integral a las victimas, que ya se encuentra en su última fase, con lo que se busca que el 31 de diciembre de 2014 se produzca el cierre del proceso.

Las victimas de los cuatro patrones de criminalidad identificados, como desplazamiento forzado, violencia de género, violencia contra los pueblos indígenas, reclutamiento ilícito, contribuciones arbitrarias e interferencia a los mecanismos democráticos que sobrepasan las 8.000, están presentes a través de sus familias y muchos de ellos en las fotos recopiladas en el denominado sendero de la justicia en la Universidad del Magdalena.

Por ahora, la mayoría mantiene la esperanza de la reparación y aunque no dejan de sentir miedo de las represarías que puedan tener los hombres que una vez armados los hicieron sufrir, creen que la justicia ahora está de su lado.

*NOMBRE CAMBIADO POR SEGURIDAD 

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