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Cambiar de ocupación

En una sociedad donde el descubrimiento del talento del niño no ha sido prioridad ni de los padres ni de los maestros y, por el contrario, por falta de información, éstos a veces han desviado al joven de cultivar el suyo por desear que el hijo realice la vocación que él no pudo cumplir

 o, por el contrario, por desear que el hijo continúe la actividad exitosa que ha desarrollado el padre, es exageradamente frecuente que las personas hayan dedicado sus estudios a perfeccionarse en actividades que no coinciden con su vocación y su inteligencia natural.

Jóvenes con auténtica vocación de médicos, estudiando derecho; jóvenes con excelente vocación deportiva, estudiando administración de negocios; jóvenes con evidente vocación musical, estudiando psicología, y así sucesivamente en todas las manifestaciones del arte, oficios o profesiones.

Las  personas con buenas calificaciones intelectuales pueden lograr realizar con éxito cualquiera de esas actividades desviadas de su verdadera vocación pero difícilmente podrán realizarse personalmente en su ocupación laboral. Ellas son quienes, a mi juicio, deben ganarse el pan con el sudor de su frente.

Después de haber cursado con éxito estudios de un oficio, arte o profesión y de haber laborado varios años en su desempeño, no es fácil que una persona decida abandonar lo que ha estudiado y trabajado para iniciar una actividad acorde con su verdadera vocación. Pero si se decide a hacerlo, empezará a desempeñar el libreto que le es propio y empezará a ganarse la vida con el deleite de su propia realización, trabajará a gusto, fortaleciendo su autoestima, proponiéndose metas realistas, con visión de futuro y seguridad de juicio.

En mi generación fueron muchos los casos de amigos con una vocación natural que saltaba a la vista cuyos padres los forzaron a estudiar profesiones completamente ajenas a dicha vocación pensando que aquella no le produciría los beneficios económicos ni el estatus social que los padres creían que el hijo debería perseguir.

Jóvenes con una notoria vocación artística a quienes sus padres indujeron a estudiar administración de negocios. Jóvenes con decidida vocación para estudiar veterinaria que estudiaron Derecho. Jóvenes que soñaban con ingresar a la Escuela Naval que se dedicaron a tareas del campo.

Y podría extenderme a enumerar una larga lista de compañeros de generación cuya vocación natural fue desviada por la voluntad de los padres para que estudiaran lo que ellos habrían estudiado y no lo hicieron o que los indujeron a estudiar lo que convenía a sus propias actividades exitosas pero que nada tenía que ver con lo que los jóvenes ambicionaban para desarrollar su propia vocación.

¿Qué habría sido de Rentería o los Cabrera si en lugar de cultivar el béisbol se hubieren dedicado a estudiar una profesión liberal?

A mi juicio, cuando la única preocupación para escoger oficio, arte o profesión es la ilusión de ganar dinero, el resultado suele ser la frustración.

Sólo cuando nuestra actividad laboral concuerda con nuestra vocación natural el trabajo se convierte en verdadero pasatiempo que aguijonea la búsqueda de la realización de sueños, que concentra fácilmente la atención en lo que se hace, que facilita el camino hacia el éxito y que afronta las dificultades con decisión de triunfo. El beneficio económico viene por añadidura pero no debe ser el fin principal.

Los bienaventurados que consiguen esto, viven cada día laboral como si fuera una fiesta. Se salen del montón y hasta pueden alcanzar la riqueza, la fama o la gloria.



Info@geniales.com.co

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Comentarios

Pocas veces hay coincidencia;

Pocas veces hay coincidencia; hoy es una de esas.
PDT. creo ke el problema no está en los padres si no en las estructuras del sistema socio-economico, agravado con la cultura del dinero facil ke ha sido forzada por los patrones de comportamiento de los mafiosos.