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Confieso que prefiero no leer los periódicos

“Donde está tu atención está tu energía” he escuchado, así que prefiero iniciar mi día con una oración. Una oración esperanzada, intencionada, amorosa; deseosa de descubrir, en el día a día, esa creatividad que me permita solventar los vaivenes que trae la vida. Que me permita reconectar con la Amorosa Energía de la Creación.

Pero hoy no pude escapar a la noticias de la Heroica. Y me han llegado profundamente. Como un golpe contundente en mi cuerpo. Quemando mi piel como un fuego incesante de ira y dolor. Perdiendo la vida en millones de ríos de sangre. Deseé que la luz se apagara para este dolor sin sentido. Sin final. No puedo dejar de pensar en ello. Como todos los que se han enterado. Violencia, el pan que nutre mi día de hoy.

Busco en los periódicos, los más decentes, y sólo encuentro detalles pormenorizados de los hechos y algunas estadísticas, aunque, a veces, estas últimas son insuficientes. Sigue en aumento la violencia de pareja, sí. Extraño… Se supone que somos ahora más civilizados. Se supone que ahora las mujeres somos más fuertes, más inteligentes, más cultas, más preparadas, más independientes. Entonces… ¿Por qué?

¿Por qué? Es la pregunta que, ante una noticia, siempre me hago. ¿Para qué? Es otra que, a veces, se queda sin respuesta. ¿Cómo actuar de manera distinta, para cambiar el resultado? Es la pregunta que llena hoy el vacío de mi estómago y hace latir mis sentidos. Mi sentido de existencia.

Sin embargo, quiero escribir otra cosa. Pensar otra cosa. Sentir otra cosa. Quiero exorcizar mis demonios de ira y dolor, para no sumarme a la ira y el dolor colectivo. Suma es suma. Y al final, hace un gran total. El total de ira y dolor que mueve al mundo.

La noticia de hoy ha movido un recuerdo en mí. La imagen de un hombre y una mujer que se golpeaban. Con las manos, con las palabras, con los silencios. Con las ausencias, con el hambre de comida y de afecto. Y pensé, pienso aún (quizás equivocadamente) que sus muertes, a temprana edad, por cáncer de seno e infarto, no se debían al colesterol, a la presión, o a la falta de controles mamarios: Se debieron a la ira y al resentimiento.

Desde entonces, sigo buscando un diagnóstico. Y una cura. Para la ira, para el dolor, para el miedo de estar sola, para el miedo de vivir en pareja. Para el miedo de golpear a un hijo, para el miedo de perder el control… Sigo evadiendo las novelas, que perpetúan y afianzan antivalores de violencia, envidia, bondad extrema y maldad sin control. Huyo de las noticias amarillistas, de los programas sensacionalistas, que nutren la curiosidad y el morboso deseo de entretenimiento.

Ahora, ante mis recuerdos y tantas historias de mujeres víctimas y de victimarios, no me es suficiente buscar estadísticas, cómos o por qués. Tengo el firme convencimiento que debemos hacer algo distinto. Debemos retornar a la Fidelidad, a la Fe. Para que puedas entender lo que digo (y lo que he practicado en los últimos cinco años), debo contar algo más:

Hace algún tiempo leí un artículo sobre la Fidelidad, del grupo Inspiración Femenina. Inspiración Femenina es un grupo de la escuela Neijing de Medicina tradicional China, que desde el 2003, y conscientes del estado de enfermedad de la humanidad, busca rescatar la identidad de lo femenino, para liberarse de los modelos impuestos a través de la historia, y poder amar y convivir con lo masculino, sin cargas, sin resentimientos y sin rencor.  Cito aquí el artículo :

“…Si nos remontamos a la historia espiritual del ser de humanidad, vemos como fidelidad y fe estaban ligadas directamente con la divinidad. Luego surgían otras fidelidades, pero todas estaban sometidas a la fidelidad hacia lo divino.

Con el paso de los tiempos y la posterior desvinculación del hombre con la Fuerza (Divina), la fidelidad quedó supeditada exclusivamente al rango de las relaciones humanas; ese criterio de fe y de fidelidad, que gravitaba siempre para mantener esa conexión, esa frescura entre la divinidad y el hombre, al perderse, al desvanecerse,  encontró su reducto en la  fuerza espiritual sensible (energía sexual) y encontró su lugar más explícito en las relaciones entre hombre y mujer. No podría ser de otro modo.

Lo curioso de esta situación,  es que no fue un lazo bilateral, sino más bien una exigencia del hombre hacia la mujer. Amparado en el marco de una moral, ética, costumbre que hacía de la mujer la reproductora- portadora de un apellido, y por tanto aseguradora de un linaje, el hombre exigió una fidelidad a la mujer como aval  de que la descendencia que tenía era suya.  Además la fidelidad sexual de la mujer hacia el hombre, ratificaba el sentido de propiedad que éste ejercía sobre la esposa.

Al quedar reducida la fidelidad  a las relaciones sexuales, deberíamos como mujeres plantearnos nuestras relaciones, revisar cómo nos situamos en la energía espiritual sensible o fuerza sexual, siendo como es, una fuerza destinada a restablecer el vínculo con la divinidad. Está en cada sentido, está en cada intención, está en cada gesto, está en nuestro hacer, en nuestras emociones, en nuestros sueños, en nuestros anhelos.  Por tanto, no puede ser esclavizada, controlada, dominada por nadie.

Nos secuestraron nuestra sexualidad, que no es sólo genital y reproductora, y por ello no hemos podido expandir nuestro amor a tantos y tantos aspectos de la vida que nos enamoran y nos abren el abanico de la fe  creándonos así fidelidades. Pero ¿en qué fe iba  la mujer a depositar su fidelidad, sino  en el padre de sus hijos? La fe de la mujer ha sido la varilla de un abanico que permaneció siempre firmemente cerrado por unas manos de puño firme. Había que mantener la autoridad.

Las relaciones de la mujer son muchas más que la mera relación de pareja…

No es fácil aparcar tanta letra escrita, tanta costumbre añadida, tanta fidelidad mal entendida. Pero la vivencia de la energía espiritual sensible, más allá del concepto de mero placer y vía de reproducción, puede ser una esperanza para recuperar la FIDELIDAD como vínculo con la Fuerza (Divina), ampliando el espectro de nuestro sentido amoroso por la vida, ese que llevamos implícito por nuestra maternidad, y que hace de nosotras mujeres, barcas seguras que navegan por el océano de amor de la existencia, expresión de la Fe que el Divino depositó en nosotras…”

El día de mañana, comenzará para mí, con una oración. Mejor, con una canción:

Y lo femenino reconoce, su centro de referencia en el Cielo,

Y así descubre, la perla escondida,

Que le hace vivir el misterio de los fluidos Celestes,

Que florece en la intuición, que se aprecia,

En un intermediario (a) intencionado,

Que tiene acogida en la Creatividad del Cielo,

Y lo femenino reconoce, su centro de referencia en el Cielo…

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