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De terremotos y sus consecuencias

Aunque la historia de nuestro planeta en cierto modo está enmarcada en acontecimientos terribles como terremotos, ciclones, inundaciones y otros fenómenos de la naturaleza, el hombre por su parte también contribuye con guerras y otras calamidades de su propia invención. Durante los dos últimos años unos acontecimientos desafortunados se robaron la atención de los habitantes del mundo y nos movieron a la solidaridad.

El 12 de enero de 2010 un terremoto sacudió a Haití, cuyo epicentro estaba a 15 kilómetros de Puerto Príncipe, su ciudad capital. Según el servicio geológico de los Estados Unidos el sismo habría tenido una magnitud de 7,3 grados en la escala de Richter. En las horas siguientes hubo réplicas de entre 5,9 a 4,5 grados de magnitud. Muchas réplicas continuaron por varios días. Haití, a más de ser el país más pobre de América, no estaba preparado para una catástrofe de esta clase. Los haitianos sufren casi todos los años los efectos de los huracanes que son comunes a toda esa región, pero en materia de terremotos, se tenía noticias de algunos en los siglos XVII y XVIII que no causaron tanto daño. Los datos inmediatos nos informaron de unos 316,000 muertos, 350,000 heridos y 1,5 millones de personas sin hogar. A más de un año del dramático suceso y pese a la ayuda de varios países, es mucho lo que falta por hacer.
El 27 de febrero de 2010 un terremoto fuerte golpeó a Chile. El epicentro estaba en el Mar Chileno y tuvo una intensidad de 8,8 grados. Los efectos se sintieron principalmente en las regiones de Valparaíso, Metropolitana de Santiago y otras. Arrasó gran parte de las ciudades como Constitución, Cobquecura y el Puerto de Talcahuano. Las víctimas fatales llegaron a 525 fallecidos y pérdidas materiales costosísimas. Sabemos que días más tarde réplicas menores siguieron alarmando a los chilenos. Aunque hubo muchos daños materiales, el número de personas fallecidas fue mucho menor que en Haití. Además la capacidad de Chile para sobreponerse al desastre es muy superior.
El 11 de marzo de 2011 un tremendo terremoto, seguido de un tsunami azotó al Japón. Aunque las islas que componen el archipiélago japonés son de origen volcánico y los japoneses tienen conciencia de ello, este terremoto fue seguido de inmediato por un tsunami que produjo olas de 10 metros. El terremoto, que tuvo una intensidad de 9,0 grados, causó menos daños que el tsunami. Antiguamente las construcciones japonesas eran muy livianas precisamente para evitar grandes daños durante los terremotos. Con la modernización del Japón se recurrió a técnicas de construcción muy depuradas para resistir los sismos. Las escenas en la TV nos dejaron atónitos cuando vimos a un buque encima de un edificio de tres pisos. Según datos oficiales hubo más de 13,000 muertos y 14,377 desaparecidos.
Llamó mucho nuestra atención que en los sismos de Haití y Chile la fuerza pública además de ayudar a los heridos, remover escombros y rescatar cadáveres, tenía que evitar el saqueo de los bienes afectados. En el caso japonés no vimos estas últimas circunstancias. Suponemos que la disciplina, el temperamento y la cultura de los ciudadanos, evitaron desmanes bochornosos.


*Asesor Portuario


fhurtado@sprc.com.co
 

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