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El discreto encanto de la burguesía

De este lado estoy yo, desbaratado, con un tufo de cerveza de tienda y los ojos brillantes como dos confites babeados, han quedado tras de mí el barrio, el almendro y los gatos, la mujer que raspaba calderos quemados con una lanceta de orquídeas, el resorte y el teclado de un acordeón infinita.

Al otro lado ya no hay nadie pero estabas tú, el nochero, la cama y la ropa regada como charcos de tela. De pronto recuerdo la página de sucesos del domingo y vuelvo a leer lo que será noticia hasta que llegue otro muerto: que el Sayayín no regresará vivo a Cartagena.

En ocasiones me parece que la muerte de un artista de otra época apenas sirve para traerle cinco días de fama. Estoy seguro de que así ocurrirá en esta ciudad que todo lo olvida como si tuviera astillado el mecanismo de la memoria. Y cuando eso ocurra, la champeta volverá a quedar jodida, quebrada por tanto prejuicio.

Cada vez que escucho canciones como “Paola”, “La nube voladora”, el inolvidable “Pato Donald”, “Los caballeros del Zodíaco” o “Los trapitos al agua” recuerdo que Cartagena pudo tener su propio género musical, de elevar la categoría de su historia a algo más que dos barrios llenos de casas coloniales. Pudimos hacer algo nuestro a partir de los fundamentos culturales de las mayorías, es decir, de la gente que vive en los barrios populares, la que aún sigue minando el cielo de voladores cuando llegan sin falta las fiestas de la Virgen del Carmen. Pero aquellos tiempos fueron años invisibles desmigajados por las fases de la luna, otra vez nos dio vergüenza lo que somos y echamos hacia un lado nuestra identidad, por pena, por miedo a ser señalados como parte de los pobres, por ingenuos, por compartir el criterio conservador de las buenas costumbres de otras regiones, y como consecuencia no tenemos nada, ni un solo acto de corronchería para ejecutar con orgullo.

Si no nos damos cuenta de lo que poseemos estamos destinados a terminar con la cabeza saturada de hábitos ajenos, de rebuscar estrategias extranjeras para llevar a cabo nuestro modo de vida, y hemos olvidado que más allá de nuestras miserables siluetas hay un contenido cultural que pide que lo restreguemos en estas calles sin pavimento, en estos vecindarios de escombros y mesas de fritos, en este aire saturado por la onda expansiva de los bailes de picós. No podemos negar lo que nos constituye, lo que siglos de mestizaje han hecho con la materia de nuestra rutina, somos ruido y desorden, una mezcla de cerveza Águila con bolis del Chavo, un extraño olor de tierra mojada y suéteres manchados con mango, gente afanada por las desgracias del país que describe con chiste la eterna jodedera de su pobreza.

Algunas personas desacreditan a la champeta porque es un ritmo obsceno y de mala educación. Pero la champeta no es para vulgares ni malpensados sexuales, sólo hemos aprendido a hacer el amor en una coreografía, donde a veces, con suerte, se puede hacer el paso de la camita sin buscar un cuarto que nos reemplace.  



*Estudiante de literatura de la Universidad de Cartagena



orolaco@hotmail.com

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Comentarios

Esta nota tiene un titulo

Esta nota tiene un titulo prestado y me parece que muchos de sus parrafos los lei en otra parte , claro que con un lenguaje diferente

Su columna de hoy como

Su columna de hoy como aprendiz de escribidor muestra que tiene madera , pero como persona del común lo que usted manifiesta es que extraña la patanería ligada a la champeta vulgar,ordinaria, al volador y buscapies que atentan a la humanidad del vecino que busca tranquilidad. Como en este país ya no podemos enemistar con nadie, por qué no se pregunta qué pasó realmente en Sincelejo? Somos dados a tener dioses de barro, efímeros. Como lo dice: Enterrado ya es olvidado.

Como dijo otro forista:

Como dijo otro forista: Tienes mucha madera como escritor pero estás repitiendo como "loroloco" las mismas sandeces de ese grupito "académico" que pretende que la cultura caribe es ruido y desorden. Te admiro pero con los conceptos de hoy si me parece que te "pifiaste". Uno puede poetizar los recuerdos pero no dejarse engañar por ellos. Está bien que uno valore el arte y la música popular pero de ahí a mitificar el ruido, el desorden, y los picós francamente desdice de tu talento. Antes que cualquier cosa una cultura civilizada debe respetar la sana convivencia, respetar al vecino. Las expresiones musicales no son malas en sí misma, pero ponerle a un vecino un picó enfrente y no dejarlo dormir, o echar voladores y tiros al aire toda la noche, (porque así fue) francamente no le veo nada de valor cultural a relievar como cultura caribe. No comas cuento mi admirado Orolaco, no repitas necedades como loroloco pues la cultura caribe es y puede ser mucho mas que barbarie.

..Ah, se me olvidaba a

..Ah, se me olvidaba a propósito de un título: Buñuel no es lo mismo que buñuelo

Los gustos cambian con las

Los gustos cambian con las generaciones no generalices los tuyos, respeta.

Escuchar champeta le ha dado

Escuchar champeta le ha dado vergüenza a la mayoría de los "nuevos" cartageneros, no te esfuerces mucho joven Oliveros porque las personas seguirán abochornándose porque existe un ritmo único que no se parece en nada a la Europa fina que las clases altas quieren ver en la ciudad. ¿POR QUÉ NO LO ACEPTAMOS YA? Que el desorden y el ruido con que realizamos nuestras fiestas no nos hace vacíos, sino que le pone más entusiasmo a toda nuestra identidad. ALLÍ ESTÁN LOS MEXICANOS, LOS BRASILEROS, A AÑOS LUZ DE NOSOTROS.

Lachampeta es una musica muy

Lachampeta es una musica muy elemental con acordes predecibles y que no sorprende, como un buen porro por ejemplo, acuerdate ademas que no es muy autoctona porque inicialmente las melodias eran fusiladas de grupos africanos esos si con buenos musicos ej el guitarrista Diblo Dibala quienb hizo un album con Juan Luis Guerra o Moro el saxofonista.

Me gustaria que investigaras

Me gustaria que investigaras con un musico de verdad verdad a ver si eso que hacen tiene algun valor que amerite traspasar fronteras como si lo hizo la cumbia que todavia suena en Mejico, Peru, Ecuador etc. En resumen si teniamos un ritmo de mostrar. Aun suena en el mundo la pollera Colora y La negra Celina esos si era musica. Lo que pasa es que es una moda esnobista posar de champetuo sin verdaderamente entender ni estudiar la presunta bondad de ese ritmo