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Elecciones 2011

La ciudadanía acudió a las urnas el pasado 30 de octubre a elegir a sus gobernantes en las entidades territoriales y a sus representantes en las corporaciones públicas locales.

Más allá de los nombres de los ganadores y perdedores de la justa electoral, quisiera llamar la atención sobre la profundización de la democracia regional y el debilitamiento del multipartidismo en el país. Los dos fenómenos enunciados, aún cuando no se presentaron en todas partes, sí constituyeron una tendencia en las pasadas elecciones.

Considero que la democracia salió fortalecida, porque en las regiones viene en aumento el denominado voto de opinión, proveniente de un electorado de diferentes sectores poblacionales, estratos y edad. Se trata de electores analíticos, alejados de sectarismos políticos, sin cálculos individualistas y sin una misma orientación ideológica: a quienes une el análisis juicioso del voto, que suele inclinarse por opciones de centro.

Ese voto avanzó bastante en las pasadas elecciones: no sólo con los triunfos de Petro y Gaviria, en Bogotá y Medellín, sino también con los de Fajardo en Antioquia, Marcelo Torres en Magangué, al tiempo que por primera vez el voto en blanco ganó, en Bello (Antioquia), derrotando la imposición descarada de un candidato único. El voto de opinión llegó a los municipios pequeños y propinó derrotas duras a gamonales reconocidos.

A lo cual se suma el desgaste creciente de las estructuras políticas tradicionales, cada vez más débiles y anacrónicas, persistentes en su intención de preservar relaciones feudales (de vasallaje) con el elector, sin darse cuenta de que el país urbano lo que reclama son políticas públicas que satisfagan las necesidades de toda la población. Además, los lectores biométricos, implementados en algunos municipios en riesgo, dificultaron los fraudes electorales perpetrados en el pasado, evitando que durante el escrutinio se modificara el juicio popular. Por lo tanto, disminuyeron las interferencias “non sanctas” que inducían o coaccionaban el voto, y que en forma reiterada contribuían a deformar la voluntad ciudadana.

De igual forma, quedó en evidencia la crisis del multipartidismo. La mayoría de las organizaciones creadas bajo la “apertura política” de la Constitución de 1991 y durante los dos gobiernos de Uribe, no tienen una militancia sólida, pues su ideología es difusa y su fuerza se restringe a ser partícipes del “partido de gobierno” (nacional o territorial). Los resultados de la U, Cambio Radical, Partido Verde y Polo Democrático, entre otros partidos, confirman que esas agrupaciones no han echado raíces y son coyunturales. A la mayoría de los partidos se les vio interesados en sumarse a los candidatos de mayor favorabilidad, los cuales no tenían origen en sus toldas, para luego reclamar fortalezas. Al parecer, esas organizaciones tan sólo son instrumentos ocasionales para que sus dirigentes obtengan réditos electorales.

Se lograron avances en la democracia regional, porque perdieron fuerza varios de los factores que reiteradamente distorsionan la voluntad del elector, ganando terreno el voto informado y sin mácula. Pero surge el interrogante de si debe mantenerse el régimen de partidos de fácil creación o si deben endurecerse los requisitos exigidos para  conformarlos.



*Abogado y Filósofo



tiradojorge@hotmail.com

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Comentarios

NO incluir en el análisis el

NO incluir en el análisis el caso de Cartagena, con la combinación de un iletrado, populista, 'capturado' por empresarios de dudosa reputación, politqueros de vieja laya, que no terminará el período, es un análisis recortado, rosado y sin profundidad.