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Columna

¿Euforia por el TLC?

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Después de leer y de escuchar importantes  intervenciones del presidente de la Federación de Ganaderos, José Félix Lafaurie, sobre el Tratado de Libre Comercio firmado con Estados Unidos de Norteamérica, uno no puede participar de la euforia del Ministro de Comercio Exterior, Sergio Díaz-Granados, para quien el TLC es la panacea. 
No, señor Ministro. El TLC, para millares de medianos y pequeños ganaderos y para los  avicultores, significará  un desastre, no solamente la competencia gringa los arruinará con los productos subsidiados que ingresarán a Colombia, sino porque también, en nuestra opinión, se agudizarán los problemas de seguridad del sector rural donde operan los grupos al margen de la ley. Estos, seguramente,  aprovecharán la coyuntura del descontento  para fomentar la siembra de la yerba mala en tierras destinadas a actividades lícitas, y para reclutar, de contera, a trabajadores campesinos que perderán su empleo por efectos del mencionado Tratado. ¡Vaya perspectiva fatal!  
Si ese fenómeno era previsible, el Estado colombiano ha debido adoptar políticas oportunas para buscar soluciones sustitutivas a  esa inmensa masa de propietarios minifundistas, a quienes el TLC perjudicaría. No se hizo;  como tampoco, durante diez años de cantaleta sobre el TLC, el Estado mejoró  la  infraestructura vial del país, sin la cual, señores del Gobierno y  señores legisladores, las cosas no  pueden salir bien.
Y, como las desgracias no vienen solas, las esperanzas que se generaron alrededor de la ley de restitución de tierras, también se desplomarán. Porque no se trata solo de entregar títulos a los desplazados o a las víctimas de  todas las violencias que ha tenido Colombia-,  sino de poner a los beneficiarios de la ley en condiciones de hacer producir, de manera provechosa, la tierra que se les entrega. Y ¿qué  podrán sembrar estos propietarios rurales, que les permita competir con los productos  agropecuarios que exportará  EE.UU. a nuestro país? 
Me sitúo en nuestra región Caribe; en el territorio rural de los departamentos que la integran. Consulto el mapa vial. No puede ser más desconcertante constatar que en materia de vías secundarias y terciarias, el  panorama es desolador. Y ante esta realidad, aún  si  se  encontraran, eventualmente, actividades sustitutivas a la de la ganadería o a la avicultura ¿cómo podrían sacar los propietarios campesinos sus productos -y a qué costos-  para llevarlos a los  mercados de consumo,  o  a puertos de exportación? No tengo respuesta alentadora alguna.
En reciente columna de El Tiempo, el ex ministro Jorge Iván Zuluaga presentó un cuadro aterrador sobre la desigualdad regional, en desarrollo; situación deplorable que en lugar de disminuir crecerá, precisamente por las consecuencias que traerá el TLC para la economía rural.
La inseguridad –ya lo expresamos, se disparará en el campo colombiano. Lejos está, entonces, el TLC de ser la  panacea. Puede ocurrir, contrariamente, que haya motivos de arrepentimiento por haberlo suscrito
PD. ¿El bajonazo de opinión del presidente Santos, no tendrá algo que ver con la percepción de muchos de sus gobernados sobre el TLC? Me atengo a su respuesta, amable lector.

*Ex congresista, ex ministro, ex embajador.

edmundolopezg@hotmail.com

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