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La autonomía funcional de los jueces

Aunque los presidentes de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo de Estado han considerado que el Presidente de la República no ha faltado al respeto debido a esas altas corporaciones, han coincidido en reiterar que los magistrados seguirán ejerciendo sus funciones dentro de la autonomía que la Constitución impone.


Es esa posición la única que pueden asumir, y si aceptan reunirse con el Gobierno será para tratar asuntos relacionados con los problemas de la administración de justicia, o sobre las posibles reformas que ella pueda requerir, mas no para explicar o justificar ante el Ejecutivo sus providencias, y menos para recibir instrucciones o acordar el derrotero de futuras decisiones judiciales. El Presidente, aunque sea -como lo es- el Jefe del Estado, no puede penetrar en el ámbito privativo de los jueces, ni restringir su autonomía funcional.

Garantía esencial del Estado de Derecho radica en la independencia de los jueces y en el respeto y acatamiento a sus decisiones. Puede ser que algunas no sean del agrado del Gobierno o de determinados sectores, y hasta puede controvertirse académicamente su mayor o menor solvencia jurídica o argumentativa, pero entre eso y aceptar que el Presidente pueda aplicar a los más altos magistrados un “jalón de orejas” -como tituló la Revista Semana-, o “regañarlos” por el sentido de aquéllas, hay mucha distancia.

En cada proceso judicial, como lo saben seguramente los asesores jurídicos del doctor Santos, hay un juez o una corporación competente, según las pautas de la ley, y lo que asegura el principio superior de la autonomía funcional es que, en dicho proceso y respecto de las partes o interesados en el mismo, tan sólo ese funcionario o tribunal puede resolver, lo cual excluye la injerencia de otros, y hasta de sus superiores jerárquicos, y con mayor razón la de servidores pertenecientes a otra rama u órgano del poder público.

¿Que ese juez o tribunal se puede equivocar? Es posible, porque los jueces son seres humanos y por tanto imperfectos, pero en el sistema jurídico instaurado en el Estado de Derecho hay mecanismos procesales, recursos o acciones que pueden conducir a que quien dictó la providencia cuestionada o su superior revise todo lo actuado, también en el ámbito de su propia autonomía funcional, en el entendido de su plena jurisdicción y competencia.

En cuanto a los órganos límite, encabezan la jurisdicción correspondiente, y dicen la última palabra en los procesos.

En ese orden, resulta exótico que el Presidente de la República o cualquier otro funcionario, sin que le corresponda, sin conocer el expediente y extra proceso, pretenda trazar pautas interpretativas o establecer criterios jurídicos acerca de cómo deben fallar o resolver los jueces y tribunales.

No se olvide que, según el artículo 228 de la Constitución, las decisiones judiciales “son independientes”; que el funcionamiento de la administración de justicia “será desconcentrado y autónomo”. Ni se pierda de vista que, al tenor del artículo 230, “los jueces, en sus providencias, sólo están sometidos al imperio de la ley”.

*Ex presidente de la Corte Constitucional

 

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Comentarios

POR MUCHO QUE SE DIGA SI DEBE

POR MUCHO QUE SE DIGA SI DEBE EXISTIR UN DERREROTERO IGUAL DE LAS ALTAS CORTES RESPECTO A LOS IDEALES EN QUE SE ESTABLEZCA UN ESTADO. ESTO ES QUE NO PUEDEN LAS CORTES SEGUIR UN CAMINO DISTINTO A EL QUE ESTA ASIGNADO PARA SALVAGUARDAR UN ESTADO. CON ESTO QUIERO DECIR QUE EL ESTADO PUEDE SEGUIR COMBATIENDO LOS GUERRILLEROS Y PARAMILITARES Y LAS CORTES SIGUIENDO EL MISMO ANDEN.

Así es, el Estado en sus

Así es, el Estado en sus ramas Ejecutiva y Legislativa es votado por los electores para seguir un derrotero (en este caso combatir las guerrillas y las bandas criminales) se ve maniatado por los jueces que no son elegidos ni controlados por el elector y sobre los que parece que no hay ninguna instancia (fuera de ellos mismos) que los pueda acusar, recusar, investigar, y controlar en las otras dos ramas... es decir, se creció el enano (la figura es perversa) ¡esta es la Constitución del 91! -el Estado contra el Estado-

Pues el derrotero que la rama

Pues el derrotero que la rama judicial sigue es la Constitución Política, que nació de una constituyente elegida por voto popular y de las Leyes que las tramita y aprueba el Congreso de la República ( senado y cámara, Rama Legislativa) y son sancionadas por el presidente (Rama Ejecutiva) y un control de constitucionalidad que hace la Corte Constitucional que es la guardiana de la constitución pero que no aplica la ley, solo la rama judicial, que no interviene en su tramite, es quien la aplica basado en los principios consagrados en la constitución... y por favor en ninguna parte del mundo donde existe una democracia la justicia es independiente en todo sentido, y si salen los delincuentes despues que los atrapan es por la incompetencia de el ente acusador de no sustentar su caso con pruebas, los jueces fallan con la verdad procesal

Nada, ¡están gobernando en

Nada, ¡están gobernando en una senda distinta a lo que el constituyente primario manda y elige en democracia!, son jueces, pero también desde su fuero ¡legislan!, y ¡gobiernan! (concentran las tres ramas del poder ellos solos, ¡eso no está en la Constitución!, y tampoco son elegidos democráticamente para eso, y aún así se abrogan esos otros dos fueros), y son la única rama del poder público que se erige autónoma, y no le responde a nadie, es de hecho, ¡una dictadura! ¿quién lo creyera?... por eso nada más conveniente decir que solo se basan en las leyes, pues claro ¡si ellos solos las interpretan y no aceptan hablar con nadie!

Ahora bien, si el mismo ex

Ahora bien, si el mismo ex magistrado reconoce que algunas o muchas de sus sentencias pueden ser controvertidas (solo académicamente, dice él), es porque realmente el factor humano y los juicios también pueden estar viciados -nada extraño, son humanos y con intereses, a veces y muchas veces mezquinos-, pero al negar sistemáticamente que pueda controvertirse y cuestionar los fallos -convertimos a los jueces y sus decisiones en deidades y dogmas- nos puede convertir en un Estado que por cumplir la ley, sacrifica la justicia (de hecho eso es lo que está pasando)