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La Escollera de la marina*

Si nos situamos de espaldas a los baluartes Santo Domingo, Santa Cruz y la Merced, mirando hacia el mar, podemos observar cómo,  durante algunos meses del año, las olas se rompen dentro del mar y llegan mansas a la orilla.

Eso no fue siempre así.

En noviembre de 1761 un temporal fuerte ocasionó daños en las murallas, las olas abrieron una brecha por el baluarte de Santa Cruz, las aguas penetraron por la calle de la Factoría, pasaron por el callejón de Gastelbondo y llegaron hasta las puertas de Santo Domingo.

Por eso, el Virrey Pedro Messía de la Cerda ordenó al ingeniero Antonio de Arévalo la elaboración de un proyecto de obra que pusiera fin a la calamitosa situación, que amenazaba repetirse periódicamente. Arévalo ideó la construcción de un dique dentro del mar, para que allí se rompieran las olas al chocar y llegarán a la orilla sin fuerza, protegiendo así a las murallas. Antes de la construcción del dique, propuso la reparación de los daños reforzando los cimientos por medio de un pilotaje hecho con estacas clavadas a una profundidad de 7 varas. Otras recomendaciones hizo Arévalo encaminadas a mitigar el impacto  de las olas sobre las murallas.

Pero la parte primordial del proyecto iba encaminado a la construcción del dique o escollera dentro del mar, donde las olas debían romperse  y llegar suavemente  a la orilla.

El proyecto y sus respectivos planos fueron remitidos a la Corte donde el Brigadier  de Ingenieros, Juan Martín Cerdeño y el ilustre marino Jorge Juan, sin desestimar el proyecto de Arévalo, agregaron la idea de hincar  en el fondo del mar una cuádruple fila de estacadas, paralelas a las murallas. Todas esas estacadas debían llenarse de piedras sueltas. Además, hacer una escollera o rompeolas de canto en bruto por la parte exterior. Visto lo cual, el Rey Don Carlos III ordenó la iniciación de los trabajos.

La obra fue comenzada el 19 de septiembre de 1765. Un año más tarde ya se pudo observar el buen resultado del proyecto de Arévalo. Todo el sector se fue llenando de arena y formó playa. Un furioso “norte”, tan violento como el de 1761 azotó la ciudad el 12 de octubre de 1766. El vecindario, inicialmente alarmado, se tranquilizó al ver como el mar rompía en la escollera y bañaba suavemente el pie de la muralla.

El 11 de noviembre de 1771 quedó concluida oficialmente la obra cuyos beneficios fueron y son evidentes.

En esa playa que se formó entre el mar y los baluartes, ya en época republicana, se fueron asentando unos abigarrados conglomerados populares a los que se les dieron los nombres de Boquetillo, Pekín y Pueblo Nuevo. Con miras a la construcción de una gran avenida, en 1939 se levantó un censo y en el decenio de 1940, se erradicaron los tres barrios para reubicarlos en Canapote. Hoy corre por ese sector la Avenida , que une a Crespo con Bocagrande, pasando por Marbella, El Cabrero y bordeando el sector amurallado.

La construcción de la avenida Santander tuvo sus inicios durante la presidencia del doctor Eduardo Santos (1938-1942) y se finalizó durante el gobierno del doctor Carlos Lleras Restrepo (1966-1970).



*Fuente de información “Cartagena de Indias, puerto y plaza fuerte” de  Enrique Marco Dorta.



*Asesor Portuario



fhurtado@sprc.com.co

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Comentarios

¿Y no será que podemos

¿Y no será que podemos conseguir a unos descendientes de Messia De La Cerda, Arévalo y Carlos III para ver si logramos resolver los problemas de Transcaribe, Bazurto y El Pozón? Porque si hoy se nos presentara el problema de que las olas entraran por la calle de La Factoría y llegaran hasta Santo Domingo, con Curi, Rojas y Maríamulata al frente de los destinos de nuestra amada ciudad, entre estudios de factibilidad, diseños y contratos con Nules & Cia, se iría varias veces el presupuesto nacional y nunca se terminarían las obras de protección. ¿Necesitamos ejercicios de espiritismo para invocar el alma de Carlos III para que nos diga qué hacer con la colmatación de la bahía? Qué error bárbaro el de Bolívar al independizarnos.