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La Matuna

Cartagena, con frecuencia que se torna preocupante, anda sin rumbo ni timonel. Lo que ha permitido que “La Matuna”, en pleno centro de la ciudad antigua, dejara de ser un sueño para convertirse en un tugurio.

La urbanización nació como una hermosa aspiración, cuando se iniciaba la década de los cincuenta. Se trataba de abrir nuevos y modernos horizontes a las actividades mercantiles, a fin de facilitar la descongestión del casco colonial que empezaba a desbordarse.

El proyecto era completo. No dejaba detalles sueltos. Incluía todas las necesidades requeridas por un centro comercial y financiero que permitiera el desarrollo de las inmediaciones del recinto amurallado, sin sacrificar el ambiente recoleto de las callejuelas centenarias y de los claustros conventuales. Debían coexistir, casi pegados, uno junto a otro, la urbe antañona, preñada de glorias y de sombras, y el barrio contemporáneo, de perfiles audaces, vital y fragoroso, en el que estaban previsto lo actual y lo futuro. Hasta la altura de los edificios fue establecida. No podía pasar de cinco pisos para no minimizar la Torre del Reloj Público.

Pero la realidad fue más fuerte que la imaginación y las buenas intenciones. El proyecto se esfumó como una columna de humo batida por las brisas. Murió por la ausencia culpable de una autoridad en fuga. Únicamente quedaron las ilusiones, extraviadas en la nostalgia de los creadores de la utopía.

En “La Matuna” se han violado todos y cada uno de los fines del proyecto original. La despreocupación oficial la ha convertido en un inmenso muladar, en el que se entremezclan y conviven los vicios y la porquería, el desorden y la inseguridad, el hacinamiento y la proliferación de truhanerías, zahúrdas y cuchitriles. Se ha llegado allí al fondo de la ignominia. Cohabitan la gaminería desarrapada y las ventas malolientes e insalubres de carnes y pescados, ofrecidos sobre mesas desvencijadas, y las cantinas sórdidas, los bazares en hileras tirados en los andenes y las fritangas y los comederos improvisados en plazoletas.

Y, en medio de la despreocupación progresiva de los gobiernos distritales, se va multiplicando la audiencia de los rebuscadores profesionales, a escasos metros de la ciudad antigua. Ese sector, prostibulizado a la vista de una autoridad parapléjica, es la demostración fehaciente de la falta, ya crónica, de interés por encontrar soluciones adecuadas a un problema oprobioso que ha venido creciendo cada día, por lapso de años, y que hoy constituye uno de los lastres más infamantes de Cartagena.

“La Matuna” tiene que convertirse en objeto prioritario del Distrito que cuenta ahora con el aval de un viejo fallo del Concejo de Estado que ordena la recuperación del espacio público en gran parte de la urbanización. Pero la Alcaldía ha puesto oídos de mercader a la providencia judicial, sin que exista razón valedera para aplazar su cumplimiento y buscar remedios eficaces a la dolencia que ha adquirido ya caracteres alucinantes y constituye un monumento a la incuria imperdonable de gobiernos sucesivos. ¡A volar, “Mariamulata”!

*Ex congresista, ex embajador, miembro de las Academias de Historia de Cartagena, y Bogotá, miembro de la Academia Colombiana de la Lengua.

academiadlhcartagena@hotmail.com

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Comentarios

excelente articulo, solo

excelente articulo, solo queda evocar los versos de Jorge Robledo Ortiz, .........siquiera se murieron los abuelos creyendo en la blancura de los cisnes.

Excelente artí[-- Censurado

Excelente artículo. La invitación a la Maríamulata es ¿a volar alto y solucionar o a volar de la alcaldía? De todos modos hasta ahora nungún candidato o candidata a reemplazarla produce sanas expectativas. (Gossaín, la gorda que pesa( ¡qué imaginación!), el locutor Campo Elías (¿dónde estaba cuando los gobiernos de Curi y Barboza') A La Matuna hay que demolerla y hacer un proyecto urbano nuevo. quienes lo realicen buscarán la forma de pagar a los propietarios de lo que hay que demoler. ¡TODO!

Eximio

Eximio

Yo creo que con la edad y la

Yo creo que con la edad y la altisima experiencia que tiene este señor Emiliani, que esta en su punto de "coca" para que aspire a la Alcaldia de Cartagena y logre realizar todo ese Plan de Desarrollo y Bienestar para la Cartagena que parte de la India Catalina haciaTernera...incluidos Torices, Olaya Herrera, El Bosque y varios barrios lejos del Centro de la ciudad para hablar paja solo se necesita tener un apellido ilustre en Cartagena.