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La voz de la champeta

Nunca se va a enterar que los versos de amor con que la enamoraba eran pedacitos de champeta.

Cuando me iba a otra ciudad y tuve que pedirle un beso desprendí una frase de la Monita retrechera, colgándole esto a su oído: “déjame un recuerdo por si sobrevivo”; de las veces que la sentí muy lejos en otros barrios, en otros pueblos cuando viajaba y las posdatas de mis cartas terminaban con las mismas palabras del Afinaito: “que puedo quitar la tristeza de su alma sólo con ir a buscarla”.

Desde que un simple término despectivo como “champetudo” surgió en la clase económicamente acomodada para señalar a las negritudes pobres de los barrios más alejados de Cartagena comenzó a desarrollarse toda una cultura cuyas aristas de expresión estaban influenciadas por la salsa de ese entonces, el compás haitiano, el soukous africano, el reggae y los bailes de las poblaciones de San Basilio de Palenque. Bastaba ver años después la adaptación que hizo el Mr. Black de Cipriano Armenteros, compuesta por Rubén Blades, o a Elio Boom con su gorra jamaiquina repitiendo “wolauka wolauka” para darnos cuenta de la tremenda mescolanza musical que había dado argumento a la champeta, de las cuerdas en los estratos más bajos que empezaban a sonar sus acordes de protesta y vida, de los dedos índices del corazón señalando con un ritmo la estrella negra del Palenque, el jolgorio de esas personas que cantan y cuentan chistes en las terrazas de sus casas cuando les cortan la luz por las noches.

Así, a través de los picós se describía la vida cotidiana de las comunidades populares, como cuando una mujer le dijo a su esposo que quería ir a comer a la calle y este le respondió que abriera la puerta y sacara la mesa, «vamos a comer a la calle». Entonces, en un cambio repentino llegaba el despeluque, con una consonancia de tambores y platillos, como si luego de tanta costumbre, tanta violencia, tanta hambre y pobreza únicamente quedara una ráfaga de felicidad, estancada y demorada por las preocupaciones de la miseria.  

¿Qué le está pasando a la champeta? Que cada vez menos gente se siente orgullosa de cantarla y la ciudad se está vendiendo al extranjero, esta cultura, la que por lo menos es nuestra, la estamos acabando nosotros mismos con culturas de otros lugares. A la champeta quiero encontrármela por azar en el radio viejo del vecino mientras hace los oficios de la sala, ya es difícil poner las emisoras de nadie, y las apariencias nos dejarán sin escuchar la percusión de las guitarras, el rugido de jaguares en las placas, los pianos de selva cuyas teclas remolcaban consigo todos los sonidos de áfrica y los timbales de un remoto lugar en el tiempo. Mientras sigamos pensando que este género nos está volviendo más vulgares la champeta quedará relegada al campo de los recuerdos y los picós seguirán siendo lo que no eran.

La nostalgia me lleva a la ventana, cuando miraba a un niño tirarse bolsitas con agua mientras bailaba champeta.

*Estudiante de Derecho de la Universidad de Cartagena

orolaco@hotmail.com

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Comentarios

primero, el termino

primero, el termino champetuo, nos los creamos nosotros mismos, en las casetas como la sub way y la dinamica, y nos decian asi, los que como tu tenian miedo de entrar en " el bololo" de la salsa, y si no me censuran, te digo, con esa cara de marica, mejor hablame de mozart. es bien bebe..

Lo he escrito infinidad de

Lo he escrito infinidad de veces, este sujeto tiene cara de todo menos de una persona que alguna vez en su vida ha entrado a un concierto de Picos en Cartagena, le sugiero por enesima vez que deje de hacer el payaso escribiendo sobre algo que no sabe ni ha vivido...

Estoy totalmente de acuerdo

Estoy totalmente de acuerdo con FiorellaSantofinio.
Ecos tu solo criticas pero no te das cuenta que Orlando tiene mucho talento y llego a creer que mucho pero mucho más que el tuyo, tú no tienes ni la más remota idea de cómo hacer una muy buena columna como las hace este muchacho, si tanto te fastidian NO LAS LEAS y no te martirices la vida viendo como el triunfa y tu no.

Respeto su opinión pero no

Respeto su opinión pero no estoy de acuerdo con el columnista. Creo que le hizo falta un análisis más profundo del verdadero impacto de esta música en las comunidades más pobres. Primero, no creo que la música champeta sea parte de nuestra cultura (la cartagenera), antes por el contrario desplazó otras que si lo eran; segundo, genera más pobreza que desarrollo. Debes revisar las investigaciones que han hecho sobre el impacto negativo del hip hop en las comunidades negras norteamericanas y comparar.

Ecos a mi me suena que eres

Ecos a mi me suena que eres un escritor frustrado a quien no le han publicado sus columnas y te has dedicado a criticar el talento de este muchacho. Animate para ver si es que siquiera sabes escribir un pàrrafo.