Necesitamos líderes: ¿qué fue de todos los líderes? Los líderes han muerto, los líderes parecen ser una especie amenazada de extinción. La falta de liderazgo es una de las actitudes negativas que se ha detectado y que hay que afrontar en este siglo XXI. La sociedad industrial, sociedad de la segunda ola, llevó a que la formación que se fomentara estuviera planteada en términos mecanicistas en donde la iniciativa, la creatividad y el disenso no eran importantes; todo lo contrario, estos factores, vistos en algunas personas, fueron motivo de escarnio y de exclusión. Se necesitaba la sumisión, la disciplina en su connotación de no protestar, el cumplir las normas sin cuestionar, obediencia plena sin pensamiento. A usted se le paga es para hacer, no para pensar, fue una de las frases célebres del momento. Coherente con los anteriores pensamientos tenemos al jefe que manda y los subalternos obedecen. Los escenarios del siglo XXI son muy diferentes a los del siglo XX. De éste, hemos tomado muchas actitudes y condicionado nuestros esquemas mentales para actuar y tomar decisiones; es necesario que se profundice en cuáles son los valores que se consolidaron en el siglo de la sociedad industrial para reflexionar si son pertinentes en esta nueva sociedad del conocimiento o sociedad posmoderna. Pero lo más importante de reflexionar sobre estas competencias personales, es establecer la formación adecuada en estos tiempos para que las personas enfrenten los múltiples escenarios cambiantes que existen en este siglo XXI. La pregunta es: ¿hasta qué punto estamos perpetuando actitudes y valores que no son coherentes con el siglo XXI? Las organizaciones empresariales del siglo XXI están atiborradas de paradigmas surgidos con la industria y sus necesidades, que en un momento fueron adecuadas, pero que se deben replantear en estos momentos de cambio permanente. Lo que quiero enmarcar con todos los anteriores antecedentes, es la necesidad de propiciar en nuestros hijos, estudiantes, jóvenes y ciudadanos, una formación con una mentalidad diferente que puede ir en contravía de algunas actitudes y valores que todavía se consideran irremplazables. La familia, las instituciones educativas, las empresas, deben analizar hasta dónde sus decisiones están enmarcadas en esos patrones de conducta aprendidos en esos escenarios del siglo industrial, con el objeto de replantearlos y que sean más coherentes con el tipo de liderazgo que se requiere. Se debe respaldar una actitud distinta entre nuestros ciudadanos ante la problemática y oportunidades del momento; el medio requiere que propiciemos entre nuestro alumnado, un liderazgo que los lleve a comprometerse con las necesidades, con las oportunidades del entorno en el cual actúen, desarrollando un espíritu proactivo y prospectivo ante estas nuevas realidades; dejar atrás la sumisión, el no ser crítico, el ser pasivo, el dejar pasar, el pensar que nos preparamos para hacer, tener y no para ese “ser integral”. En conclusión, debemos dejar a un lado la actitud reactiva y de aceptar órdenes como comportamiento, para tomar muchas de nuestras decisiones. Desarrollemos una persona proactiva y prospectiva, pero sobre todo solidaria, sensible y crítica, que sea de pensamiento colectivo pero sin perder su individualidad. *Docente UTB odelrio@unitecnologica.edu.co
