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Los querubines del Capitolio

Recuerdo haber leído, cuando fue sancionada la Constitución vigente, que los congresistas festejaban el fuero porque iban a ser juzgados por la Corte Suprema de Justicia, en única instancia, y no por los jueces de bajo nivel, aunque hubiera desaparecido la inmunidad parlamentaria.

Mientras el narcotráfico no se infiltró en el Congreso, ni el paramilitarismo se sentó a la mesa del juego político, nadie protestó por lo que la Constitución dispuso sobre el juzgamiento de los legisladores. Bastó que la Corte investigara y condenara a los congresistas comprometidos en lo uno y lo otro para que el Tribunal Supremo se convirtiera en un reducto siniestro que “judicializó la política” y “politizó la Justicia”.

De ahí para acá, aparecieron las presiones de los investigados, de los que estaban en turno por los mismos delitos y hasta del Presidente de la República de entonces, para que la conciencia pública entendiera que los querubines del capitolio tenían que recuperar, con una reforma de la Constitución, las garantías de que fueron “despojados” por esa Corte que fulminaba, como cualquier Bacrim inmisericorde, a los inocentes calumniados que cayeron bajo sus fuegos.

La gritadera ya produjo efectos: quedó en el proyecto de reformas a la Justicia un procedimiento distinto. Ahora investigará la Fiscalía General y la Corte, dividida en salas de primera y de segunda instancia, juzgará. Lo curioso fue que el Congreso, juez competente de los magistrados, no se atrevió a investigarlos, así fuera para mostrar sólo los dientes, si sus victimarios eran tan prevaricadores y vengativos. Lo de las dos instancias está bien. Lo de la Fiscalía, con un fiscal designado por el Presidente, quién sabe.

Hay puntos tan polémicos en el proyecto sobre otros aspectos del engranaje judicial, que el propio Congreso se verá en aprietos para no dañar con una iniciativa delicada y compleja, si se equivoca, lo que ya logró con las normas aprobadas en la legislatura anterior. Es previsible porque en un año Gobierno y Cortes no se pusieron de acuerdo, y el doctor Vargas Lleras le endosó al Legislador la responsabilidad de zanjar un desacuerdo de fondo.

Lo hizo confiado en que para el trámite parlamentario hay una verdad formal y otra real. La formal es que el Parlamento ejercerá, como constituyente, sus atribuciones de reformador. La real es que la aplanadora de la Unidad Nacional votará conforme lo quiera el Gobierno, desestimando, de ser necesario, el criterio de las altas corporaciones judiciales. Por eso, éstas tienen que defender su contrarreforma si no quieren exponerse, y exponer al país, a un desequilibrio institucional.

Volviendo a los querubines del Capitolio, por ideal que sea la solución que para investigarlos y juzgarlos se conciba, si en el futuro se repiten fenómenos como el del Proceso Ocho Mil y el paramilitarismo, la fórmula acogida ahora se tornará abominable para los que merezcan una condena. Y Gobierno y Congreso cocinarán otra reforma a la medida de sus conveniencias.

Sea quien sea el juez, y haya las instancias que hubiere, lo mejor para los congresistas es que dejen de degradar la política y la dignifiquen con el comportamiento que la ley y la ética trazan. Al que no delinque no lo encierran. Facilito.

*Columnista

carvibus@yahoo.es

 

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Comentarios

LA PROPENSIÓN DEL CONGRESISTA

LA PROPENSIÓN DEL CONGRESISTA A LA DELINCUENCIA LO IMPULSA A TOMAR MEDIDAS PREVENTIVAS PARA CUANDO LO JUZGUEN POR EL DELITO O DELITOS QUE COMETERÁ.

EL EJECUTIVO LO ACOMPAÑA EN ESTA REFORMA PORQUE CON RARAS EXCEPCIONES EL CONGRESO ES UN APÉNDICE DEL PRESIDENTE Y LA CÁRCEL DE SUS VOTOS (VOTEN ANTES QUE LOS ENCARCELEN) LE IMPEDIRÁ HACER APROBAR LEYES HASTA IMPOPULARES.

COMO NUNCA HE SIDO DELINCUENTE NI PIENSO SERLO NO ME PREOCUPA QUIÉN ME JUZGARÍA

FACILITO, COMO USTED TERMINA LA COLUMNA

Definitivamente, este

Definitivamente, este columnista es un sabio: He aquí la síntesis de su sabiduría: "Sea quien sea el juez, y haya las instancias que hubiere, lo mejor para los congresistas es que dejen de degradar la política y la dignifiquen con el comportamiento que la ley y la ética trazan. Al que no delinque no lo encierran. Facilito." Podríamos extender ese principio para hacerlo extensivo a todos los ciudadanos y decirles: "Al que no delinque no lo encierran". Eso sí es saber.