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Reflexiones en el mes del periodista

Poder decir la verdad con carácter e independencia no es tan sencillo como algunos imaginan.

El gran reportero Álvaro Cepeda Samudio, quien cumple cuarenta años de muerto en 2012, decía que se equivocan los que creen que la literatura es para los que escriben bien y el periodismo es para los que no saben escribir.

Decía que “Escribir es una sola cosa: es poner en palabras una idea, un hecho, una sensación. Si se posee la técnica de las palabras, la idea aparecerá precisa, el hecho claro y la sensación transferida; si no, la imagen saldrá desenfocada. Escribir es lo único que no se puede hacer a medias: o se escribe bien, o se escribe mal; no hay términos medios.”

Es verdad en lo que respecta a la forma. Mucho más difícil es saber usar la libertad propia del oficio para estar en paz consigo mismo. En el mundo periodístico hay una dudosa combinación de publicidad e información, que muchas veces impide discernir hasta dónde llegan los hechos irrefutables, y hasta dónde las agencias de relaciones públicas.

Yo misma trato de alternar los aplausos a los personajes que admiro, con la crítica seria y comprometida, en mi columna de opinión que ya cumple cinco años en estas páginas. Tengo claro que como “comunicadora” debo flotar, y como “periodista” debo bucear para desentrañar la realidad, sabiendo que es peligroso. También sé que mi papel no es atacar con amargura a nadie, ni entregarme con sumisión a la fuente. La única salida es el equilibrio entre la verdad, la conciencia y el derecho a la información del receptor.

En cierta ocasión, en una entrevista concedida a la revista “Cambio”, el doctor Hernando Santos Castillo, ex director de “El Tiempo” (q.e.p.d.) decía sin que le temblara la voz: “Como he estado cerca de las dificultades que viven los presidentes, me he vuelto muy amigo de los gobiernos.” Por eso el sol de la publicidad estatal siempre ha brillado para “El Tiempo”.

Pero, como decía Álvaro Cepeda Samudio, en algunas de sus columnas de opinión, en el “Diario del Caribe”, los colombianos sentimos un gran cariño por “El Tiempo”, pionero de las “Unidades de Periodismo Investigativo”, y vitrina de las columnas de humor de Daniel Samper Pizano, de las columnas de opinión de Enrique Santos Calderón, de las crónicas atrevidas de Alegre Levy, y de los textos de tantos otros periodistas que levantaron su voz en medio de la mansedumbre consuetudinaria del diario capitalino.

Afortunadamente, cuando el gobierno de Juan Manuel Santos castiga a los corruptos que han viciado salud, vivienda y educación, “El Tiempo” podría convertirse, un año después de su centenario, en conciencia crítica de la nación, porque el país necesita un periodismo independiente y más audaz. Esta república de “carruseles” de la contratación en las vías, las pensiones, y la agricultura, está esperando a que la prensa continúe esclareciendo la verdad, ante la lentitud de la justicia y unas costumbres políticas que por siglos han sido corruptas. Así, aquellas 4 páginas con un tiraje de 300 ejemplares que aparecieron un 30 de enero de 1911, se convertirían hoy, en el diario de referencia de los colombianos que todos estamos esperando.



*Directora Unicarta



saramarcelabozzi@hotmail.com

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Comentarios

Oye Sara Marcela, te

Oye Sara Marcela, te equivocastes de titulo de tu escrito, debió ser ,"ALABANZAS AL PERIÓDICO EL TIEMPO",y, eso que insinúas animar la independencia periodística jajajajajajajajajajajaja ; a otro perro con ese hueso!

Aunque comparto algunas ideas

Aunque comparto algunas ideas de la columnista, pienso que su afirmación "la única salida es el equilibrio entre la verdad, la conciencia y el derecho a la información del receptor", establece unos parámetros de conveniencia y acomodo a los vaivenes de la censura. La verdad no puede sacrificarse, porque justamente el receptor tiene derecho a una información veraz y oportuna, independientemente si su conciencia se lo permite, o no. Recordemos que la conciencia de cada individuo está en función de sus convicciones y no puede frenar la realidad. El deber ético del comunicador no es hacer malabares con los hechos, manipulándolos o maquillándolos, buscando el equilibrio que nos exige la censura. Tampoco es ético dedicar una columna periodística, supuestamente independiente, a la lisonja y exaltación a un medio retardatario, como El Tiempo, promotor de la mordaza en Colombia.