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2017-12-11

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estado
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2017-12-11

Hoy no salen los vehículos con placa:

Vehículos Particulares

De lunes a viernes 7 a.m a 9 a.m - 12 p.m a 2 p.m- 5 p.m a 7:30 p.m.

1 - 2
Taxis
7 - 8 - [object Object]
Motos
0 - 2 - 4 - 6 - 8

Señales

La administración de las ciudades apareció en el mundo para el tratamiento de los asuntos colectivos, el crecimiento urbano requirió del fortalecimiento del Estado local para resolver los asuntos que no podían hacerse de manera individual.

Aparecen las responsabilidades de estos Estados: los sistemas de tributación, heredados de la villas medievales; la prestación de servicios públicos, la organización del espacio, la construcción de infraestructura, las normas para el funcionamiento, las reglas para la circulación de las personas y los vehículos. Las ciudades requieren de señales precisas que orienten la vida de sus pobladores y conduzcan hacia el interés general para evitar el caos.

La historia de las ciudades está llena de momentos en que el interés general es puesto en condición subalterna para servir a intereses privados y también de momentos cuando la ciudadanía se desvela por los intereses generales. Por ello las señales son importantes, tanto para permitir la convivencia como para conocer el camino que se ha de recorrer. De ahí entonces el planeamiento urbano, las regulaciones, el ordenamiento.

¿Qué pasa con las señales de esta ciudad? Quienes la visitan son testigos de la inexistencia de señales de tránsito y de la forma como los cartageneros utilizan individualmente sus sentidos para orientar el andar de sus vehículos. ¿Ha probado, amable lector, ir por la avenida Blas de Lezo en dirección a Bocagrande y encontrarse con la bifurcación de la vía sin señal alguna? Se corre el riesgo de dar una voltereta que lo lleve de retorno hasta Getsemaní, en el borde con Manga, para reintentar llegar al destino. No tener señales es en sí una señal, clara y precisa.

Ejemplos como ese hay por montones: calles y avenidas de una sola vía que en un punto se vuelven en dirección contraria sometiendo a los vehículos a encontrarse uno frente al otro. O los “trenzados” obligados que enredan el tráfico y desorientan al conductor. Toda una ciudad sin señales de tránsito. Toda una ciudad turística sin señales de tránsito, además. Son señales claras y precisas que alimentan el caos desde la administración.

Pero no sólo a estas señales hay que referirse. Cuando desde la administración se piensa en el porvenir de una ciudad medido por indicadores como el número de aviones privados que duermen en el aeropuerto de la ciudad, o de magnates de compra en el mercado de yates recién inventado, o en el de yardas de un campo de golf a orillas del Caribe –cuando “a orillas del Caribe un pueblo hambriento grita”–, o como el puente que construiría un magnate descontando durante años los impuestos que servirían para ser irrigados por toda la ciudad, o como los enormes cruceros que aparcarán en la antigua base naval cuando ésta sea trasladada a Tierrabomba, se están mandando señales que provienen de intereses particulares y olvidan el interés general.

Cartagena está llena de ejemplos en los que al privilegiarse intereses particulares no se resuelven asuntos neurálgicos que habrían de resolverse si se pensara en el beneficio público. Las molestias ocasionadas a los cartageneros por el movimiento de las enormes tractomulas por un corredor de carga, empolvado y desordenado, sin carriles especiales, controles de velocidad ni “orejas” adecuadas para los giros son uno de esos ejemplos. Una señal que privilegia al camión y su carga y pone en riesgo todo lo demás.



*Profesor universitario



albertoabellovives@gmail.com

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