Mi Selección

Germán Mendoza Diago
CARTAGENA
10 de Junio de 2015 05:36 pm

Lejos ha quedado el tiempo en que la Selección Colombia caía derrotada con todos los equipos suramericanos y los colombianos estábamos acostumbrados a nuestra condición de perdedores netos, aunque teníamos buenos jugadores: el “Rifle” Andrade, Jaime Morón, Alejandro Brand y Willington Ortiz.

El planteamiento táctico de Colombia, fuera su técnico el serbio Toza Veselinovic o el argentino Carlos Bilardo, era un despliegue de individualidades sin propósito definido, que muy pocas veces fructificaba en el arco contrario.

Mi devoción por la Selección Colombia empezó cuando conocí a uno de sus jugadores, el futbolista más grande que ha dado el barrio San Diego: Jaime Morón.

Yo tenía 10 años y la familia de Morón vivía en la calle Cochera del Hobo. En su carrera, Morón jugó  322 partidos profesionales; anotó 104 goles en el torneo profesional colombiano, 3 en la Copa Libertadores y 12 como integrante de la Selección Colombia.

La televisión era un lujo que no había llegado a mi casa, de manera que cada vez que la Selección, de camiseta naranja con la banda tricolor atravesada en el pecho, jugaba, los muchachos del barrio íbamos a ver los partidos donde los Suárez.

Morón fue llamado a la Selección 29 veces, para participar en competencias como la Minicopa de 1972 en Brasil, las eliminatorias a los mundiales de Alemania-74 y México-86, el preolímpico suramericano de 1971 en Colombia, y los Juegos Olímpicos de 1972 en Múnich. Me acuerdo de un gol suyo en Múnich, que celebramos con una gritería que era poco frecuente, pues siempre perdíamos 4-1 con Brasil ó 3-0 con Argentina y ya estábamos acostumbrados a la derrota.

La Selección juvenil de Marroquín, con Higuita, Tréllez y el inolvidable John Edison Castaño nos hizo recuperar la fe, sobre todo después de su actuación en el Mundial de Yereván (antigua URSS) y hoy capital de Armenia.

Empezó a surgir el “Pibe” y toda la camada de futbolistas que participó destacadamente en la Copa América 1987, hasta la actuación sobresaliente en Italia-90, en nuestro regreso a una Copa del Mundo, después de Arica, cuando empatamos 4-4 con la URSS de la “Araña Negra”, Lev Yashin. El gol de Rincón contra Alemania aún se repite en televisión y gracias a él pasamos a segunda ronda.

Tras los fracasos en los Mundiales de Estados Unidos y Francia, la Selección no regresó a las máximas justas del balompié orbital, y durante muchos años llevamos en nuestros espíritus la amargura de antes, por la insistencia en mantener el estilo de juego que tuvo su época exitosa con Maturana y el “Bolillo” Gómez, con el toque profuso y el avance lateral, que ya había sido relegado en el mundo.

Íbamos rumbo a un nuevo fracaso, cuando tomó las riendas de la Selección el argentino José Pékerman y empezaron a destacarse en el fútbol mundial figuras como Falcao, James Rodríguez, Guarín, Teo Gútierrez, Cuadrado y Jackson.

Esta Selección es un equipo que se siente cómodo con el balón, por eso privilegia la tenencia del mismo sin ser una suma de pases, sino con un sentido en la elaboración del juego. Combina el orden táctico con las genialidades individuales. Por eso, seguramente, ya no será como antes, motivo de amarguras constantes, sino causa de inmensa alegría.