Una tormenta de amargura para la selección Colombia y su hinchada

Carlos Caballero
Enviado Especial El Universal- Chicago, Illinois
23 de Junio de 2016 09:50 am

La fiesta era total a las afueras del estadio Soldier Field de Chicago. Las canciones  de Carlos Vives, uno de los que mejor representantes de nuestra música en el mundo, ambientaba la previa entre Colombia y Chile, en la semifinal de la Copa América Centenario que se celebra en Estados Unidos.

El marco era espectacular. Los hinchas gritaban una y otra vez el nombre de Colombia, era locura la que se vivía en la antesala de un juego que solo dejaría a un ganador.

El amarillo, azul y rojo  predominaba, cada vez eran más  los hinchas colombianos a las afueras de este estadio, que recibió la presencia de 55 423 espectadores.  

La boletería en un gran porcentaje había quedado en las manos de los mexicanos, que tienen una fuerte colonia en Chicago, pero tras la goleada recibida., precisamente por Chile en cuartos, comenzaron a revender la boleta, que fue llegando al público colombiano y chileno.
El ingreso al estadio fue lento, pero poco a poco se fueron ocupando los puestos. Finalmente en las graderías había mitad colombianos y mitad chilenos.

Dos minutos antes de iniciar el juego dos detalles: uno el abrazo de Eduardo Niño, entrenador de porteros, al meta David Ospina y el otro el saludo de Edwin Cardona con  Roger Martínez, el joven atacante que reemplazaría a Carlos Bacca en la titular.

No se sabía cuál de los dos sería más protagonista si Ospina, defendiendo el pórtico, o Martínez marcando goles. Entonces, el balón rodaría y con él se iniciarían las emociones.

Pero al minuto 6, con el gol de Charles Aránguiz y al 10, con tanto de José Fuenzalida, la hinchada colombiana quedó muda con los dos tantos de Chile. Ospina nada pudo hacer. Mazazo al cuadrado.

Colombia desde el minuto 15 dominó las acciones, pero no pudo resolver arriba y la hinchada se comía los dedos. Con el 2-0 terminó la primera parte a favor de Chile. Entonces había 45 minutos para cambiar la historia o para decirle adiós al título.

APARECIÓ LA TORMENTA
La tormenta que se había anunciado apareció en el descanso de la etapa inicial e interrumpió el juego por más de dos horas.

Los aficionados se refugiaron bajos los techos que encontraron en el estadio Soldier Field. Todos estaban expectantes aunque los rostros eran diferentes, pues los chilenos eran los únicos sonrientes, mientras que los colombianos mostraban su desazón por el resultado.
A las 10:25 de la noche, dos horas y 25 después, se reanudó el juego.  Los aficionados volvieron a entrar en calor.

El partido se acabó a los 56 minutos para Colombia con la expulsión de Carlos Sánchez por doble amarilla. De ahí en adelante, la tricolor se vino a menos y el público colombiano no volvió a sonreír.

Caras largas y rostros de tristeza se observaron a la salida del Soldier Field con el amarillo, azul y rojo y este momento contrastaba con la alegría que vivían los chilenos, quienes jugarán la final por segunda vez consecutiva.