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Cultural

Armando Orozco, un recuerdo de Cartagena

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Un espíritu encantador y contagioso de una alegría y una fe en la belleza, en la solidaridad y en el destino del ser humano. Pintaba y escribía poemas. Era un poema andante.El gran poeta Armando Orozco Tovar (Bogotá 1943-Bogotá 2017), falleció en Bogotá el pasado 25 de Enero. Fue un extraordinario poeta, pintor, catedrático y periodista. En 1974 obtuvo el primer premio en la Bienal de Poesía Novel de la Provincia de La Habana, Cuba, en 1974. Primer premio en el concurso universitario nacional de poesía de la Universidad Central en 1981.

Publicó varios libros de poesía: Asumir el tiempo, 1980; Las cosas en su sitio, 1983; Eso es todo, 1985; En lo alto del instante, 1990; Para llamar a las sombras, antología, 1994.

“Hoy no se trata simplemente de hacer poesía nueva. Eso está bien. Pero el todo depende de la estrategia empleada para captar al lector o al contemplador. Y Orozco lo consigue con el sortilegio de una poesía llana, conversacional, de acentos familiares, de los que ha huido la resonancia grandilocuente de las viejas escuelas de la versificación”, dijo de él, el poeta Luis Vidales.

En 2010 vino a Cartagena, y su presencia irradió calidez  estremecedora en cada gesto y cada sílaba que salía de sus labios. Un ser amoroso y tierno con sus semejantes, con una fe en un mejor destino políti’co para el continente. Embelleció su vida con actos, palabras, colores, con emociones e ideas que transmitía con naturaldad.

Juntos fuimos a los funerales de Etelvina Maldonado. El poeta observaba cada detalle de la ceremonia. No sé en qué instante del funeral , mientras las mujeres cantaban en torno de su ataúd,  Armando delineó una obra plena de luz y colorido, en una hojita de su libreta. Fui testigos del nacimiento de un hermoso tríptico de mediano formato. A su regreso al hotel donde se hospedaba en Cartagena en aquel enero de  2010, pintó peces y estrellas de mar que se derramaban de las cabelleras de las muchachas de Palenque, y dibujó el alma de Etelvina Maldonado- ahora quieto, sereno, dentro del ataúd. Pero él mismo se preguntaba si en algún instante, el alma de Etelvina se levantaría para cantar junto a las mujeres que bailaban y cantaban en ronda. Logró una obra pictórica exuberante, con un surtido de luz, formas y contrastes de colores. El color invade los objetos, los rostros, y el alma de las cosas.  Retrató el alma de la cantadora de bullerengue rodeada de bailarines y tamboreros. La música del legendario Palenque y el  arte de Armando Orozco, habían vencido por fin, el sordo imperio de la muerte. Encontrarse con él, era un privilegio de la poesía viva.

 

Armando Orozco en su visita a Cartagena en 2010. Zenia Valdelamar-El Universal
Armando Orozco en su visita a Cartagena en 2010. Zenia Valdelamar-El Universal
Funerales de Etelvina Maldonado en 2010, pintado por Armando Orozco. Zenia Valdelamar-El Universal
Funerales de Etelvina Maldonado en 2010, pintado por Armando Orozco. Zenia Valdelamar-El Universal
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