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Ficci, del sueño a la conquista de la realidad

La edición 56 del Festival de Cine de Cartagena, que concluye hoy, entre vivas y glorias, fue un homenaje de principio a fin a la cinematografía colombiana.  No había que esperar menos, las razones hablan por sí solas: la nominación al Oscar de la cinta El Abrazo de la Serpiente, dirigida por el cesarense Ciro Guerra; la Cámara de Oro obtenida por la película La Tierra y la Sombra, del director César Augusto Acevedo, en el Festival de Cannes 2015; la enorme taquilla de Magia Salvaje, con 1.654.929 espectadores que la situó en el top de los filmes más vistos el año pasado, y la siega de por lo menos 35 largometrajes al año, desde el 2003 cuando se aprobó la Ley de Cine. 

Colombia vive hoy una efervescencia por el séptimo arte. Es una industria ‘nueva’ muy dinámica que ofrece un cine comercial como el de Dago García y Diego Ramírez; uno contemplativo, de factura impecable, como el de Ciro Guerra; y otro que se balancea entre el cine independiente y mercante, como el de Andi Baiz, César Acevedo y José Luis Rugeles. Son los frutos de décadas de trabajo, haciendo caso omiso de las voces desalentadoras y caminando hacia adelante por la construcción de un sueño. Ciro Guerra, director colombiano de cine.

“Cuando yo empecé, decir que quería hacer cine era como decir que quería ser astronauta. Uno sentía que la gente le decía y le repetía: usted no puede soñar, pero cuando uno persiste y a esa persistencia se le suman otras personas, las energías del cosmos se alinean y suceden grandes cosas como la Ley del Cine, en Colombia. El cine es una llama, es como una vela que debes mantener encendida en una montaña rusa acuática. En ese recorrido salen muchos que quieren apagarla, mantenerla encendida exige conservar la temperatura ideal para soñar”, expresa Ciro Guerra.

UN MOTOR PARA SOÑAR

En esta edición, el Festival de Cine de Cartagena ha querido resaltar la gran cuota que ha aportado al cine nacional para mantener esa llama encendida a la que se refiere Ciro. El Ficci hoy es la plataforma internacional del cine colombiano, el lugar al que los productores del mundo vienen a ver el mejor extracto del cine nacional, incluso películas aún sin terminar se empiezan a ver en esta fiesta.

Lina Rodríguez, directora del Festival de Cine de Cartagena“El Ficci le ha aportado durante 56 años al cine colombiano una puerta de lujo para venderse al mundo y un motor de sueños para los grandes directores que hoy son ovacionados fuera del país. Sentir que podemos ser la plataforma del lanzamiento internacional desde nuestra propia casa para nuestra propia industria es un logro sin precedentes para el Ficci. Esa es la apuesta desde hace ocho años. Decidimos que esta industria había que respaldarla, que el Ficci quería hacer parte de la política pública del cine colombiano y desde entonces hemos inaugurado cada edición del Festival con una cinta colombiana. Los logros son valiosos, como en el caso de Alias María, del director José Luis Rugeles, que salió de aquí, en competencia, para el Festival de Cannes”, expresa Lina Rodríguez, gerente general del Festival de Cine de Cartagena.

En este 2016, la cinta elegida fue Los Nadie, ópera prima y proyecto de grado del director antioqueño Juan Sebastián Mesa. Una película rebelde, provocadora y tierna, contada desde la música, la juventud, la alegría, la amistad y la experimentación de unos chicos que son hermanos de la vida y que emprenden un viaje en busca de su identidad.

Tal postura le ha valido al Ficci, según Lina, el sentido de pertenencia que los directores colombianos sienten por el festival. “Es un orgullo para un director colombiano estrenarse desde Cartagena”, afirma contundente. Pero esa identidad se remonta a muchos años antes. En 1978, el Festival de Cine de Cartagena adoptó una personalidad iberoamericana y se convirtió en el primero de su talante en el mundo. Empezó, así, a congregar cada año a la industria de la región y lo poco que había en ese momento de la industria colombiana, que para la época la televisión y el cine era un poco lo mismo. “Imagínate que son más de 30 años juntando a la gente del sector, por eso nosotros hoy sentimos que la industria está más cerca y la industria se siente dueña del festival, lo que también ha permitido nuestro crecimiento”, dice Lina, en alusión a las palabras de Ciro Guerra: “Cuando empecé a venir veía a Víctor Nieto y a Jorge García Usta, que eran quienes manejaban el festival, como unas personas inalcanzables. Ahora es distinto para mí. El festival es mi carnaval personal, el espacio donde me encuentro anualmente con mis amigos, hace 17 años”.

Esa cercanía entre la industria y la organización del Festival ha sido el secreto del éxito para que Cartagena haya visto desfilar decenas de celebridades cada marzo. Así lo describe Lina Rodríguez: “A través de un productor que viene y se enamora de Cartagena, prosigue el voz a voz a nivel internacional que hace posible que el amigo de la artista, por ejemplo de Susan Sarandon, nuestra invitada de honor en esta edición; confirme su presencia. Es una red de contactos alimentada durante 56 años”.

EL PRINCIPIO DE UNA HISTORIA 

El Festival de Cine que se vive hoy en Cartagena es la recompensa de la persistencia de un grupo de residentes de esta ciudad que supieron apreciar en su momento los beneficios del cine a la cultura y al esparcimiento que requiere un pueblo para sobreponerse a la fatiga que acarrea vivir entre compromisos y presiones tanto sociales como económicas.

Entre finales de los cincuenta y principio de los sesenta del siglo 20, época en la que en Colombia hacer cine era una utopía, el cartagenero Víctor Nieto, le apostó todo a su sueño de ver a Cartagena convertida en la sede del Festival de Cine más promisorio de este lado sur del planeta. Hoy, 56 años después, el país comienza la dulce cosecha de una siembra hecha por manos amigas.

El 3 de marzo de 1960, los cartageneros vieron desfilar por el Camellón de los Mártires a sus estrellas más admiradas del cine internacional, en ese momento. Yale Wexler, Jerome Brierre, Tony Britton y Diana Ingro fueron los invitados especiales de la primera gala del Festival de Cine de Cartagena de Indias.

La emoción era imparable. El éxito, de la primera edición de una empresa cultural que en aquel instante no visionaba muy bien la garra que le imprimiría a la industria cinematográfica nacional en su largo recorrido de sobresaltos y sosiegos, era una realidad ensalzada en el fantástico carrusel de emociones que regala el séptimo arte.

Los ojos de Colombia entera, congestionada entonces por los avatares del Frente Nacional, se posaron sobre Cartagena. Nieto y los coparticipes de su locura, como Alberto Sierra y Jorge García Usta, unidos por la pasión hacia el cine, habían logrado su propósito y recargado baterías para organizar la entrega del año siguiente.

Sin desfallecer ante las trabas impuestas por la falta de dinero, del poco apoyo estatal y del enorme trabajo que implicaba gestionar la autorización de los filmes para transportarlos y proyectarlos y contactar a los invitados y venderles la idea de venir al Corralito de Piedra, los pioneros de la gran compañía que es hoy el Festival de Cine de Cartagena (Ficci) continuaron trayendo estrellas año tras año.

Durante los primeros 30 años, por la alfombra roja del Ficci desfilaron figuras como Catherine Deneuve, Roman Polanski, François Truffaut, John Gavin, Kirk Douglas, Stephanie Powers, Franco Nero, Mario Moreno, Andrés Caicedo y Bernardo Bertolucci, entre muchos otros celebres directores y actores del cine hollywoodense, europeo y latinoamericano. El Festival se volvió la ventana por donde los colombianos observaban el mundo.

Rueda de prensa del director y actores de la película inaugural, Los Nadie. LA CUNA DE LOS DIRECTORES DEL CINE COLOMBIANO
En esa enorme avalancha de amantes a la cinefilia que se congregaban en Cartagena cada marzo, empezaron a llegar en la década de los 90, varios jovencitos entusiastas que querían vivir de cerca la magia de las películas, entre ellos Ciro Guerra y César Augusto Acevedo, entre otros. Ya con su carácter de festival iberoamericano, pero su espíritu abierto a otras miradas ofrecidas por Norteamérica, Asia e Inglaterra, por ejemplo, el Ficci arropaba a esas nuevas mentes que soñaban con hacer cine.

Los maestros colombianos en el oficio para esos años y que gozan hoy de gran respeto por su perseverancia y portafolio de cortos y largos producidos con enormes esfuerzos, como Luis Ospina (homenajeado en la edición 2016), Ciro Durán, Carlos Mayolo y Gustavo Nieto Roa, ya esparcían su legado en universidades y grupos independientes de cineastas.

Así se levantó la nueva generación de directores de cine colombiano que hoy el mundo aprecia y observa con expectativa ante una industria cinematográfica que trabaja incesante por la formación de una audiencia más diversa que consuma filmes diferentes al estrictamente comercial.

Ver aquí el trailler de la película de clausura del Festival de Cine 2016: El Rey del Once (Argentina/director: Daniel Burman).

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