Hill House: La maldición de las series de autor

03 de noviembre de 2018 12:04 AM

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Por Rodrigo Martínez Moreno. Twitter: @rizdesouris

Como Capuletos y Montesco, Cine y Televisión han mantenido un noviazgo algo más que complicado, con voces escandalizadas que han intentado boicotear un amorío inevitable. Cineastas como David Cronenberg en Videodrome y Paul Verhoeven en Robocop han elaborado complejos sonetos sobre su asco hacia la pantalla chica, otros como Peter Weir en The Truman Show y Satoshi Kon en Perfect Blue han advertido acerca de sus vicios y sus peligros.

Existe un grupo de realisateurs que han visto esta unión con buenos ojos, contribuyendo a fortalecerla. Con Alfred Hitchcock Presents el maestro del suspense revaluaría la Televisión como arte, abriendo una puerta que no se pudo cerrar: Twin Peaks de David Lynch, Top Of The Lake de Jane Campion, y True Detective de Cary Fukunaga son ejemplo de las hijas hermosas que pueden engendrar Cine y Televisión.

La recién nacida más visitada por estos días fue bautizada por Netflix con un nombre extenso: The Haunting Of Hill House (en Latinoamérica La Maldición De Hill House), compuesta por diez episodios de aproximadamente sesenta minutos de duración dirigidos en su totalidad por Mike Flanagan, el mismo director que contra todo pronóstico tomaría la desastrosa franquicia de Ouija rescatándola con una increíble secuela estrenada en 2016. Flanagan es otro exponente de la bonanza del terror que inició James Wan con The Conjuring hace cinco años. La serie es una adaptación de la novela homónima de Shirley Jackson, escritora referente de la literatura de horror gótico estadounidense.

En esta historia, un matrimonio con cinco hijos pequeños se muda a una misteriosa mansión a principios de la década de los noventa, el negocio del padre es remodelar casas y venderlas a un precio redituable una vez finalizado el trabajo, lo cual es una práctica común entre muchos arquitectos e ingenieros civiles en todo el mundo. El problema aquí es que la casa está maldita desde el hall, pasando por la chimenea, hasta el misterioso sótano que no aparece en los planos, pero lo peor se esconde en el último piso detrás de una enorme puerta roja que no se deja abrir con llaves, palancas, cinceles, ni martillos. La mansión de Hill House hace que las casas de The Shining y Poltergeist parezcan acogedores hostales en la Ciudad Amurallada.

Los momentos más aterradores ocurren durante la noche, lo que contribuye a que los sustos en esta serie sean auténticos. Una de las mejores decisiones en materia de dirección de arte de la serie fue llenar la casa de estatuas, de manera que el espectador tendrá problemas en diferenciar las esculturas de los espantos, recurso que ha demostrado su eficacia sobre todo en videojuegos como Silent Hill, Resident Evil y The Evil Within.

The Haunting Of Hill House no se limita a contar la historia de lo que ocurre en la mansión, gran parte de la serie transcurre más de veinte años después, donde vemos las secuelas de aquellos niños que todavía tienen asuntos pendientes con la maldita casa, recordatorio de cómo los traumas de la infancia se convierten en las frustraciones y las adicciones de la adultez. Al verla corren el riesgo de ser victimas de la maldición de las series de autor: aquella que cambia la manera en que un espectador consume Televisión y lo deja mal acostumbrado de por vida.

Muy recomendada. No apta para niños. Se aconseja discreción a embarazadas, personas en duelo y/o rehabilitación, y parejas en proceso de separación.

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