Mile 22: "película no apta para colombianos"

11 de septiembre de 2018 09:48 AM

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Por: Rodrigo Martínez Moreno. Twitter: @rizdesouris

Mile 22 es una película de 94 minutos dirigida por Peter Berg, cineasta conocido por haber sido nominado, en el año 2013, a la categoría de peor director en los Golden Raspberry Awards (equivalente a los anti-Óscar), por la ridícula y cuestionada adaptación cinematográfica del juego de mesa Batalla Naval de Hasbro.

La nueva película de Berg es protagonizada por Mark Wahlberg, quien interpreta a un neurótico agente de la CIA con problemas para controlar su ira y cuyo único tratamiento psicológico es tener un caucho amarrado a la muñeca con el cual se autoflagela cada 20 segundos, un cliché horrible que ya hemos visto en cien películas antes de esta.

Wahlberg comparte pantalla con otros actores consagrados como Lauren Cohan y John Malkovich, y con artistas marciales profesionales como lo son Iko Uwais y Ronda Rousey. A pesar de esto, la dirección es paupérrima, ocasionando que actores experimentados parezcan amateurs, mientras que la edición y el montaje son incompresibles, desperdiciando escenas de combates bien coreografiadas, quitándole el ritmo a las peleas, y dejando atónito al espectador en un muy mal sentido.

La película fue rodada en la ciudad de Bogotá. En muchos planos se observan los cerros Orientales, el Transmilenio, cadenas de supermercados colombianos, bancos colombianos, taxis tipo ‘zapatico’, y camisetas de fútbol de equipos tradicionales de la liga colombiana. A pesar de esto, la historia se desarrolla en una ciudad ficticia asiática llamada Indocarr. Aparentemente a los productores de Mile 22 no les importó cuál pudiera ser la recepción del público local. Para ser una película cuya historia se desarrolla en Asia, tiene demasiados extras notoriamente colombianos, ni siquiera se tomaron la molestia de cambiar las placas de los carros.

Mile 22 no es simplemente una pésima película. Es el epítome audiovisual del autosabotaje ocasionado por el Ministerio de Cultura colombiano, es como escupir para arriba, o volver con el/la ex. Esta película nunca habría existido de no ser por la peligrosa Ley 1556 de 2012 “por la cual se fomenta el territorio nacional como escenario para el rodaje de obras cinematográficas”, una ley que ha favorecido a unas cuantas productoras nacionales y extranjeras, y que representa un atentado contra la identidad nacional y el difícil proceso de consolidar nuevas narrativas reconciliadoras de país. No se puede negar que la Ley 1556, también conocida como “Nueva Ley de Cine”, ha contribuido al ingreso de capital extranjero y a la creación de empleos temporales pero, ¿y qué pasa con la cultura, la industria y el artista nacional?

Cintas como Mile 22 son unas verdaderas ‘colombianadas’. Tan solo nos queda esperar que la película rodada en Cartagena, Gemini Man (otra cinta favorecida por este decreto) sea más fácil de digerir. Mientras tanto quedamos esperando el tercer acto del thriller policíaco que nos mantiene en vilo por estos días: ¿qué van a hacer con la plata que Will Smith donó a los vendedores ambulantes del Centro Histórico, Getsemaní y el Castillo San Felipe?

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