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La trayectoria dorada de Doris Lessing

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Con el fallecimiento en días pasados de la escritora británica Doris Lessing desaparece uno de los grandes íconos de las reivindicaciones feministas, una de las voces más airadas y elocuentes en contra de la segregación racial, las armas nucleares y las aventuras coloniales o imperialistas, y una de los autoras más influyentes de todo el siglo XX. 

Ganadora de los premios literarios más importantes del planeta —con excepción del Man Booker Prize, del cual fue finalista en dos ocasiones—, en el 2007, a sus 88 años, recibió el premio Nobel “por su capacidad para transmitir la épica de la experiencia femenina y narrar la división de la civilización con escepticismo, pasión y fuerza visionaria”, en palabras de la Academia Sueca al anunciar el galardón. 

Si bien desde muy temprana edad se vinculó a grupos y causas de izquierda y entre 1952 y 1956 militó en el Partido Comunista Británico (del cual se retiraría, totalmente decepcionada, a raíz del advenimiento creciente del estalinismo y del aplastamiento en 1956 de la Revolución Húngara con los tanques soviéticos), el suyo era un compromiso con lo político, lo social y lo humanitario en un sentido muchísimo más amplio. “Doris Lessing era política en el sentido más básico de la palabra, identificando las manifestaciones que puede tener el poder en sus muchas formas”, afirmó la autora Margaret Atwood en un artículo a raíz del fallecimiento de Lessing que publicó esta semana el periódico londinense The Guardian. 

“Era también espiritual, explorando los límites y escollos que implica el hecho de ser humano, especialmente después de que se convirtiera en una seguidora del Sufismo… Todo lo que hacía Doris lo hacía con todo el corazón, con toda el alma y con todo su vigor. A veces se equivocaba temporalmente, como ocurrió cuando era militante comunista, pero nunca se quedaba en medias tintas ni evadía las confrontaciones por temor a las consecuencias. Estaba siempre dispuesta a jugarse el todo por el todo”, agregó. 

Aunque la autora incursionó en géneros tan diversos como el cuento, la novela, la poesía, el teatro, el ensayo y la biografía, al contrario de la más reciente premio Nobel, la escritora canadiense Alice Munro, quien ha brillado de manera fulgurante y casi exclusiva como cuentista, Doris Lessing será recordada ante todo por novelas tan extraordinarias como ‘Canta la hierba’, (1950), ‘El cuaderno dorado’ (1962), ‘La buena terrorista’ (1985), ‘El viento se llevará nuestras palabras’ (1987) y ‘El quinto hijo’ (1988). 

Uno de los episodios más curiosos de su carrera se produjo en 1981 cuando se adentró en un experimento literario y se dio a escribir novelas bajo el seudónimo de Jane Somers, con el propósito de dejar en evidencia las dificultades para publicar que debían afrontar por ese entonces los escritores noveles. En un principio las obras fueron rechazadas por la mayor parte de las editoriales, y cuando comenzaron a ver la luz, como fue el caso de ‘Diario del buen vecino’ (1983), recibieron reseñas bastante discretas o directamente negativas. Un crítico llegó a afirmar que las obras de Somers parecían “pálidas imitaciones de la escritora Doris Lessing”, lo cual seguramente no habrá dejado de divertir a la autora. 

Por la misma época, Lessing, quien no parecía arredrarse ante ningún reto literario, político o personal decidió aventurarse en la ciencia ficción, un género considerado menor para un escritor de su calibre y de su enorme prestigio, y publicó toda una serie de novelas bajo el título genérico de ‘Canopus en Argos’, que además mostraban una marcada influencia del sufismo, la doctrina que tanto la apasionaba y que de cierta manera llenaba el vacío ideológico que le había quedado después de abandonar de raíz el materialismo histórico. Si bien la venta de estos libros fue considerable y sus lectores los recibieron con entusiasmo, la crítica académica fue bastante dura con Lessing, quien como de costumbre hacía caso omiso de sus detractores. 

Párrafo aparte merece ‘El cuaderno dorado’ (1962), una novela en alto grado compleja y ambiciosa, que marcaría a toda una generación de lectores, y particularmente de lectoras, y una de esas obras de las que muchos recuerdan con exactitud el momento y el lugar en que la leyeron, así como las circunstancias personales, búsquedas y dudas de cada cual en la época de la lectura. 

La novela combina de forma innovadora y caleidoscópica las experiencias de la protagonista en el África colonial (donde la autora había pasado la niñez y buena parte de la juventud) sus relaciones con otras mujeres, las dificultades para abrirse paso como escritora, la descripción de episodios en los ambientes progresistas e intelectuales de Londres y Salisbury, los temores ante la creciente soledad y las fronteras ambiguas entre la salud y la enfermedad mental. La obra está estructurada alrededor de una novela corta llamada ‘Mujeres libres’, en la cual su protagonista, Anna Wulf, redacta a su vez cuatro cuadernos, cada uno de un color: negro, rojo, amarillo y azul, en los cuales van surgiendo los más distintos aspectos de sus circunstancias y de su evolución personal, intelectual y erótica. 

‘El cuaderno dorado’ recibiría varios premio literarios, sería un éxito de ventas enorme, y catapultaría a la fama a Lessing, convirtiéndola en el icono de las reivindicaciones feministas, algo que la autora asumía con un grano de sal, por decir lo menos, pues nunca aceptó que la encasillaran dentro del movimiento feminista, con muchos de cuyos credos no estaba de acuerdo, ya que lo consideraba una simplificación de la muy compleja relación entre mujeres y hombres. 

A partir de aquella novela, Lessing edificaría una obra monumental, con más de 50 títulos y con una exploración incesante de las diferencias abismales entre distintos grupos, las vejaciones del ser humano por los más poderosos, las confrontaciones culturales y la búsqueda del bien común por encima de la conciencia individual. Todo ello con un trasfondo de escepticismo, un vigor narrativo inusitado y un estilo muy característico, que ha definido admirablemente el novelista y crítico literario español José María Guelbenzu: “Una escritura de la vida real sin tapujos y sin grandes adornos, directa al asunto, pero muy bien acompañada de un entorno cotidiano, aparentemente discreto, pero significativo, cargado de intención. La mirada de una persona que reconoce la vida como es, sin tapujos, pero acompañada de una cierta forma de compasión”. 

De cierto modo, las coordenadas familiares y los años formativos de Doris Lessing son un reflejo de los estertores del Imperio Británico y de los desdichados vestigios que dejaría a lo largo y ancho del mundo. Su padre, un ex oficial del ejército británico que había participado en la Primera Guerra Mundial, en el transcurso de la cual sufrió la amputación de una pierna, y su madre, una de las enfermeras que lo atendía en el hospital, se radicaron en Kermanshah (antigua Persia, hoy Irán), donde nacería Doris el 22 de octubre de 1919. Sin embargo, lo que marcaría de manera incandescente la vida y la obra de la autora sería el continente africano, donde llegó a los 6 años, cuando sus padres se instalaron en una granja en un remoto sitio del sur de Rodesia (en la actualidad Zimbabue), atraídos por la perspectiva de hacer fortuna cultivando maíz, tabaco y cereales. 

Su madre, con quien nunca tuvo buenas relaciones pero a la que llegó a comprender, según afirmó la autora en una de sus obras autobiográficas al final de su carrera, la educó con severidad y la envió a un colegio de monjas, y luego al Instituto de Segunda Enseñanza. A los 14 años la escritora dejó los estudios y empezó a trabajar como niñera. Dos años después, a los 16, se independizó y comenzó a publicar sus relatos en algunas revistas. A partir de entonces continuaría formándose de manera autodidacta, leyendo en particular obras de temas políticos y sociológicos. Trabajó en varios empleos y a los 18 años se trasladó a vivir a la capital Salisbury (actual Harare) con un empleo de telefonista. 

Las experiencias de estos convulsos años juveniles y de su contacto cercano con la población negra tanto en cercanías de la granja como en Salisbury le proporcionarían los argumentos y los personajes para los tres volúmenes de su colección ‘Novelas africanas’ (1964), un retrato despiadado de las colonias blancas en África del sur. 

Después de dos divorcios —el primero del funcionario Frank Charles Wisdom, con quien tuvo dos hijos, John y Jean, y el segundo de Gottfried Lessing, un exiliado judío-alemán que había conocido en un grupo literario marxista y con quien tuvo a su tercer hijo, Peter,— Doris Lessing se instala en Londres en 1949 dejando con el padre a sus dos hijos mayores y viajando solo con Peter, minusválido y de quien se ocuparía hasta edad muy avanzada. 

En la capital británica, Lessing encontró muy pronto un empleo como secretaria, que abandonaría después del éxito de sus dos primeros libros, ‘Canta la hierba’ (1950) y ‘Martha Ouest’ (1952). 

Desde entonces se dedicaría por completo a la escritura, un oficio que solo abandonaría en el 2008, a los 89 años de edad y un año después de recibir el premio Nobel. 

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