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Un sábado delirante en la Feria del Libro de Bogotá

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Estuve el sábado en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, el mediodía en que colapsó Corferias con la presencia del youtuber chileno Germán Garmendia, al presentar su primer libro #ChupaElPerro, que recoge frases de sus videos que siguen 26 millones de jóvenes entre los catorce y dieciocho años. Algo inquietante debe estar ocurriendo en la mente de esa muchedumbre delirante que lo sigue para reír, compartir travesuras, procacidades y estupideces, y de paso, enriquecerlo a costa de los vacíos e inconsistencias de los adolescentes. Los diez youtubers más famosos del mundo ganan más de 50 millones de dólares y superan 150 millones de suscriptores en YouTube. Para empezar hay que decir que no todo lo que tiene soporte de libro es literatura. Que algo nuevo e incontenible ha ocurrido en la Feria del Libro de Bogotá 2016, al permitir que otros formatos y expresiones se encuentren allí en el recinto de Corferias, más allá de la literatura misma, como los diseñadores de libros, los ilustradores, los músicos, los grafiteros y los youtuber. ¿Quién podía preveer que la presencia de un youtuber arrasaría con la boletería de acceso a la feria y perturbaría la programación de ese 23 de abril de 2016? Si lo permitió la organización de la feria, es imprevisible saber qué pasará en 2017 con los nuevos formatos. La Policía no daba abasto con la multitud enardecida. Y durante doce horas el youtuber de 25 años se enfermó de tanto firmar libros. Vi la cola más larga que haya presenciado jamás en toda mi vida, y la fila más gigantesca de todos los 29 años de historia de la Feria del Libro. Los fans de Germán llevaban el libro en la mano, hipnotizados por su ídolo. Solo faltó que les diera la bendición desde lo alto de Corferias. Y le besaran la mano como a un papa.

"Yo sé quién es Germán y lo que dice en sus videos en You Tube", me dijo una joven de 21 años. "Antes no me perdía todo lo que subía a la web. Me daba mucha risa por sentirme identificada. El chico es muy chistoso. Eso le agrada a los jóvenes. Pero que ya escriba libros para plasmar las pendejadas que dice, me parece estúpido.

Y más estúpidos los que se mueren por leer algo tan vacío, no hace falta leerlo para saber que es así".

"No podemos condenar a todos los youtuber por uno solo", me dice mi hijo Gabriel.

¿Cómo se explica que eso ocurra en una feria que tiene el privilegio de traer como invitadas a Svetlana Alexiévich, Premio Nobel de Literatura 2015, y Jordy William, Premio Nobel de Paz? Lo que pasó ese sábado es una doble señal monstruosa de las fragilidades humanas y del poder perturbador de las redes sociales como plataforma de lanzamiento de productos mediocres. Pero también, revela un gigantesco vacío de los jóvenes no lectores que acceden al conocimiento y la información solo por facebook y twitter, y han prescindido del libro digital o impreso como un artefacto de la memoria y la sabiduría. Y es también un campanazo de alerta para una generación anterior que desprecia o ignora esas otras manifestaciones modernas de expresión, con el argumento de que no ha aparecido aún el primer gran poeta o novelista youtuber. Pero no podemos ser pesimistas al creer que todo puede reducirse a un fenómeno de gente que quiere ganar mucho dinero con la estupidez ajena.

Es probable que surja con el tiempo alguien que decante la basura, la procacidad, el escándalo, la mediocridad y la convierta en materia prima de algo nuevo, moderno y trascendente. Todos los formatos son válidos, pero no todos los contenidos resistirán el paso del tiempo.

Ese mismo sábado perturbador tuve el privilegio de escuchar al gran escritor Cee Nooteboom (La Haya, 1933), el autor de La desaparición del muro (1990), que muy probablemente será el Premio Nobel de Literatura 2017, según Héctor Abad Faciolince. Un escritor fenomenal que además de ser extraordinario poeta y narrador de libros de viajes, es una criatura dotada de una serena sabiduría. Vi en sus ojos su malestar ante el caos de aquel sábado, y se quejó porque los ruidos en Corferias no permitían leer nada. No solo por lo del youtuber, sino porque la música en vivo se colaba en los recintos.

También escuché con devoción al novelista y poeta Pablo Montoya, ganador del Premio Rómulo Gallegos, quien presentó su más reciente libro Terceto, una bella conjunción de breves prosas poéticas sobre viajeros, músicos y pintores. Un libro inusual en la literatura colombiana.

Poco antes de Pablo Montoya, escuché al novelista Fernando Vallejo, una máquina inagotable de blasfemias que empezó por su casa, su madre y terminó mentándole la madre a los últimos presidentes de Colombia, incluyendo al actual. Vallejo es el moderno Vargas Vila que arremete con argumentos contra la Iglesia Católica, el poder político, la insensibilidad contra los animales y la brutalidad humana que ejercen los poderosos y los dueños de la guerra. Fue un sábado de múltiples delirios. La lluvia no pudo lavar el horror de lo vivido y las maravillas que laten en el corazón de los libros.

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