Inauguración del Cartagena Festival Internacional de Música: crónica de un concierto celeste

Inauguración del Cartagena Festival Internacional de Música: crónica de un concierto celeste
Natalie Murray Beale dirigió la Philharmonia Orchestra en la interpretación de la obra de Mozart.

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Bach se pasó la vida conversando con los ángeles, tocando su música en las iglesias. Y ahora estamos escuchándolo, casi encarnado, en el concierto Armonía Celeste, en el Teatro Adolfo Mejía, en el Cartagena Festival Internacional de Música. Los músicos de la Philharmonia Orchestra de Londres, son, en su mayoría, jóvenes y algunos, muy veteranos. La orquesta tiene setenta y cuatro años de historia. Pero el arte no envejece. La música no puede envejecer. Bach está más vivo que nunca. Ver y escuchar a la pianista Ángela Hewitt interpretar a J. S. Bach (1685-1750) frente a la orquesta, es como volver a ver a Bach, y algo más aún enigmático, los instantes emocionales que fecundaron estos sonidos en el corazón y la mente de Bach. El concierto en re menor para clavecín y orquesta BWV 1052. Ahora Bach mueve sus zapatillas doradas en los pies de Ángela. Ahora Bach se eleva en sus movimientos en el rostro de Ángela, y ella varía su rostro según los colores de la música: A veces cierra los ojos, debe dolerle la música, toda belleza duele, y a veces, resplandece, como un sol que abre con su sola luz, la ventana cerrada. Miro a cada uno de los músicos y hay algo que nunca será igual al escuchar una sinfonía grabada: la vida que vibra en cada instante que dura la sinfonía. Asistir a un concierto es ser testigo del espíritu del tiempo que se entrelaza en ese instante único y triple que es pasar del corazón de Bach al corazón de sus intérpretes y al corazón del público. Cuando descubrí esta extraña relación, me sacudieron al tiempo las revelaciones humanas antes, durante y después de concebida una obra, y la forma como la música sigue ejerciendo un poder sobre la humanidad, sin que Bach tenga que estar ausente. Por supuesto que allí está vivo Bach, con sus emociones terrestres y celestes. Y mi amigo, Jaime Monsalve, que está a mi lado, me recuerda el desprecio que sus semejantes tuvieron con Bach, que duerme en la iglesia de Santo Tomás, en Leipzig. Un día Félix Mendelssohn fue al mercado de Leipzig a comprar verduras, y se la envolvieron en una partitura de Bach. Qué horror. Como si aquí, en el mercado de Bazurto, envolviéramos pescados con una partitura de Adolfo Mejía.

Todo el concierto inaugural de Cartagena es la legítima metáfora de ascender de la música de la tierra a la música celeste. Pero la metáfora se volvió tangible en 1977, cuando esta misma orquesta de Londres interpretó la Sinfonía # 5 en do menor, op. 67 de Beethoven (1770-1827), y se grabó en un disco de oro que la NASA envió en las sondas Voyager, fuera del espacio terrestre. El astronómo y físico Carl Sagan fue artífice de esta aventura, con una legión de científicos, quienes nos legaron la ilusión de que en cualquier instante un extraterrestre tuviera noticias de esta humanidad a lo largo de su historia. Además de la sinfonía de Beethoven, ese disco contiene todos los sonidos de la tierra y el océano, los sonidos de los pájaros y las ballenas, los buenos días en innumerables idiomas planetarios, el llanto de un recién nacido, el viento acariciando las dunas del desierto. Beethoven no solo vive entre nosotros, sino que además flota como un milagro en el firmamento y en el cosmos. Pero después de 44 años, no ha habido ninguna señal de que un extraterrestre se haya acercado al disco de oro.

Epílogo

Salgo de teatro con la ilusión de que, muy pronto, las sinfonías celestes conmuevan cada vez a los humanos, antes que a los extraterrestres. Un soplo de humanidad hay en las manos de Natalie Murray, delgada, memoriosa, intuitiva, delicada y firme, dirigiendo la Sinfonía No. 41 en do mayor, Júpiter, K. 551 de Mozart. El genio de Mozart, con la ciencia de los sonidos, con la matemática de las emociones, logró una música abstracta, sostenida por la gracia iluminada de su espíritu visionario, y de su arte forjado en el rigor alado y visionario del clasicismo.

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