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En una favela de Río, Sebastiao Dias enseña a jugar el bádminton bailando

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 En una favela de Río,  Sebastiao Dias de Oliveira enseña el bádminton a 200 niños al ritmo de la samba. Este es un método que él mismo inventó y patentó para facilitar el aprendizaje. Y el resultado está a la vista: su hijo será el primer jugador de bádminton brasileño que participará en los Juegos Olímpicos este sábado, 13 de agosto.

Cada noche, con raqueta en mano, estos niños y adolescentes suben el escarpado acceso de la calle que lleva al gran gimnasio azul de la favela Chacrinha, una barriada pobre de 5.000 habitantes afectada por el narcotráfico, en la zona oeste de Río.

Juegan por dos horas bádminton al son de la samba, encadenando pasos como en una pista de baile, haciendo girar su cuerpo al mismo tiempo que lanzan el volante.

"Retienen más fácilmente los movimientos bailando y se aburren menos. Y el ritmo de la samba, uno, dos, tres, es perfecto para el juego de piernas en el bádminton", dice Sebastiao Dias de Oliveira. 

El hombre, de 51 años, inventó este método, al que llamó "Bamon", hace unos 15 años y se convirtió en el fundador del proyecto social Miratus, hace 20. En él invirtió todos sus ahorros, cuando vio en los golpes de la pandereta un fuerte potencial para el desarrollo de las técnicas del bádminton.

Ritmo, concentración, coordinación 

"Creemos que todos los cariocas saben bailar la samba, pero es falso. La mayoría de los niños que llegan aquí no saben. Aprenden el ritmo, la concentración y la coordinación", asegura Sebastiao.

El entrenamiento se termina con partidos en donde los alumnos se observan entre sí. "No sé explicar lo que siento. Es emoción, estoy feliz, me siento importante", declara al final de la clase Pedro Vinicius, de 10 años y campeón brasileño de su categoría, con una gran sonrisa.

Este original entrenamiento parece portar sus frutos. Chacrinha es hoy la mayor fábrica de campeones de bádminton de Brasil. Cerca del 60% de los medallistas junior se forman aquí.

En los Juegos de Río, Ygor Coelho, el hijo de Sebastiao de 19 años, podría convertirse en un nuevo campeón salido de la favela como la judoca Rafaela Silva, de 24 años, primera medalla de oro de Brasil y oriunda de la favela Cidade de Deus (Ciudad de Dios).

"No pienso que mi hijo tenga un chance de medalla, pero salir de un proyecto social, de una favela, ya es una medalla. Y además si se convierte en una estrella partirá de aquí y ya no ayudará a los otros", dice Sebastiao.
   
Del basurero a la raqueta 

Sebastiao sabe de qué habla. Su voluntad de crear Miratus vino de una historia personal, de su deseo de trabajar a favor de la inserción social. Sabe que no todos se transformarán en atletas pero habrán aprendido los valores del deporte. El gimnasio ofrece otras actividades, como apoyo escolar.

Sebastiao cuenta que su madre, empleada doméstica, trabajaba para un ministro de Estado que no quería un niño en su casa y que usó su influencia para internarlo en la Funabem, un centro de detención para menores, aunque él no había hecho nada. "Me excluyó", lamenta Sebastiao.

Allí, vivió desde los 7 a los 18 años y volvió a ver a su madre a los 12. "Había dejado su empleo y conseguido alquilar una casita en la periferia", agrega el profesor.

Sebastiao pasaba las vacaciones con su madre pero siguió internado porque no les alcanzaba el dinero para sobrevivir. "Para ayudar a mi madre trabajé en el inmenso basurero público cercano, Gramacho. Juntaba todo lo que podía venderse e incluso comida para alimentarme", recuerda.

"Podría haber salido mal, caído en el narcotráfico, pero un educador de la Funabem me tendió la mano cuando yo tenía 16 años, y me ayudó a escoger el buen camino. Ahora quiero devolver eso", finaliza Sebastiao.

Uno de los profesores del proyecto, Aleksander Silva, de 32 años, confía también que escapó del tráfico de drogas en el cual estaba inmersa su familia gracias al bádminton: "Fue esto lo que me salvó. Si no me hubiera perdido el tráfico de drogas y hoy, incluso, podría estar muerto".
   
 

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