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“La paz puede ser un generador de inversión muy importante”

Austeridad fue la palabra de la semana en la economía colombiana. Ordenada por el presidente Juan Manuel Santos, deberá ser aplicada por el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, quien dice que significará seguir haciendo recorte de todos los gastos no indispensables: los que no sean para construir infraestructura, mejorar la educación o seguir sacando a personas de la pobreza.

En diálogo con COLPRENSA, Cárdenas también habló de la próxima reforma tributaria, para la que aún no tiene fecha, pero de la que sabe que deberá reducir la evasión como eje fundamental y que el país no se va a abocar a ella, si no hay una clara convicción de que el Gobierno tiene una lucha frontal con la corrupción.

Así mismo, continuó dando argumentos para defender la reciente venta de Isagén, de la que reconoce lo ha golpeado políticamente.

- Pese a las repetidas frases positivas suyas y del presidente de la República, al país lo inundó un sentimiento general de pesimismo sobre el futuro de la economía en este 2016. ¿Qué piensa usted de esa sensación colectiva?
No podemos contagiarnos por ese pesimismo, porque ese estado, como lo ha dicho el presidente de la República “ha sido la criptonita de la economía”. Cuando todo el mundo habla con pesimismo, pues cómo no van a salir mal las cosas. Pero hay que decir que Colombia, en medio de semejante turbulencia internacional, creció el año pasado 3,2 %, lo que representa el mayor crecimiento de los países de América Latina; tuvo un crecimiento industrial en el mes de noviembre de 4,8 %; logró en 2015 la tasa de desempleo más baja de la historia; logró la producción cafetera más alta de los últimos 23 años. Ante todo debemos ser muy serenos, sin subestimar los retos. La caída del precio del petróleo es un gran reto, pero debemos también pensar que Colombia tiene un potencial grande y si a esto le sumamos la paz, pues este sería un gran año. La paz puede ser un generador de inversión muy importante y ayudarle a la economía colombiana.

- Pero hablando de cosas puntuales, es innegable el perjuicio que causa la caída del precio de petróleo…
El efecto es el aumento del déficit externo, porque el crudo pesa mucho en nuestras exportaciones; cae el precio y aumenta el déficit, es un hecho natural. Tenemos el trabajo de reducir el déficit de la cuenta corriente; vamos a reforzar toda nuestra estrategia, ya sea para aumentar exportaciones o reducir gastos, esto se vuelve fundamental.

De resto la economía se va ajustando. Ya el país está transitando en una regla fiscal que muestra que se ha realizado un esfuerzo grande del Estado ante estos menores ingresos. En 2013 el petróleo representó el 20 % de los ingresos del Gobierno; para este año van a ser cercanos a cero; es decir, ya el país absorbió una disminución grande de los ingresos fiscales provenientes del petróleo, pero todavía tenemos que hacer un ajuste, que va a requerir menos gastos y que, rápidamente, se haga una transición productiva, para que Colombia reemplace el petróleo con otros productos exportables.

- Un reto que parece prioritario para usted es balancear la necesidad de hacer un ajuste fiscal, con las urgencias de atender el posconflicto y desarrollar infraestructura…
Tenemos que actuar con muchísima prudencia para que logremos esos balances. Es necesario seguir recortando el gasto público, reforzar los ingresos del Gobierno, acelerar la transición productiva con una economía más dependiente de la industria, pero todo esto es una transición, que no comenzó hoy, sino en la que el país lleva más de un año. ¿Qué otro país ha logrado acomodarse a una revolcón tan fuerte? Los resultados del 2015 fueron buenos, en medio de todo este entorno.

- Esta semana el presidente pidió incrementar la austeridad en el gasto. ¿Eso en qué se traduce?
Eso se traduce en que evidentemente hay que seguir haciendo recorte de gastos, de aquellos que no son indispensables, que no sean para la construcción de infraestructura, mejorar la educación o seguir sacando a personas de la pobreza. Tenemos que sacrificar viáticos, que nuestros ministros viajen en clase económica, que los eventos se reduzcan al mínimo; todo es indispensable para acomodarnos a la nueva realidad del país. Hay que recortar todo aquello que no afecte a la gente, especialmente a los colombianos que dependen del Estado.

- En algún momento habrá que terminar esa transición y esos ajustes. ¿Cuál es el camino, para normalizar la economía?
Creo que la ayuda es realmente la paz. Esta va a ser un detonante de inversión en sectores como la agricultura, el turismo e incluso el energético, lo que le va ayudar mucho a la economía colombiana. La paz será un instrumento de generación de oportunidades para el país. Es muy oportuno el momento en el que se está dando la solución al conflicto.

LA REFORMA TRIBUTARIA

- ¿Cómo va a solucionar la discusión de si presentar o no el proyecto de reforma tributaria en el primer semestre?
Todavía el Gobierno no ha tomado una decisión, porque apenas esta semana recibimos el informe de la comisión. Estamos estudiando y hay que tener en cuenta otros factores, como escuchar la voz de los empresarios, la voz de los sectores políticos, hay que evaluar el contexto general para tomar una decisión concreta.

- Pero no se entiende para qué ordenar el trabajo de una comisión de expertos, si luego la decisión va a ser fruto de discusiones políticas…
No es así. La comisión ofrece patrones técnicos sobre lo que es más conveniente hacer, es una especie de 'carta de navegación', pero para pasar de las recomendaciones de la comisión, que son muchas, a una propuesta específica, se tiene que consultar primero la opinión de los afectados y de los más implicados en la reforma, así como la viabilidad política. Este es el tipo de trabajo que estamos realizando para definir el cronograma.

- Esa labor política podría terminar diluyendo el cambio impositivo que es urgente y que es exigido como requisito para llegar a la OCDE...
No, la reforma tributaria no es un requisito de la OCDE, la estamos haciendo porque los colombianos creemos que la necesitamos, nadie la está imponiendo. De hecho, en materia económica nosotros, frente a los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, ya estamos en la mayor parte bajo los estándares. La reforma es más bien un convencimiento interno que existe en Colombia, de que debemos buscar sistemas más simples, más equitativos y que no afecten la competitividad. Porque necesitamos un aparato productivo más competitivo, preparado para asumir papel protagónico como líder de la economía.

- Una inquietud de muchos colombianos es si no resulta mejor combatir la evasión que crear nuevos impuestos…
Leyendo el documento de la comisión de expertos sí queda muy claro que el principal esfuerzo es la reducción de la evasión, pero eso no es suficiente, hay que trabajar otros frentes. Sin duda alguna, reducir la evasión es un requisito fundamental para aumentar los recaudos, para eso están las propuestas de tener un mejor control en el IVA, más control a las entidades sin ánimo de lucro, menos exenciones y beneficios; todo eso es el eje fundamental de las propuestas.

- Y ¿qué medidas traerá la reforma para acabar la corrupción y el contrabando?
Frente al contrabando adoptamos ya la ley que nos da más herramientas para endurecer las penas y que ayuda a la DIAN y a la Policía Fiscal y Aduanera a cumplir sus funciones. Debemos seguir trabajando en esa dirección, para el control de contrabando.

Con respecto a la corrupción, hay que seguir haciendo todo lo necesario para reducir el gasto, especialmente en aquellas actividades o sectores en los que hay más motivo de preocupación y de alerta. El país no se va a abocar a una reforma tributaria si no hay una clara convicción de que el Gobierno tiene una lucha frontal con la corrupción, como lo ha hecho, porque este Gobierno ha estado abierto al control y no ha sido fuente de escándalos. Ha sido proactivo en mostrar y en ser transparente.

LOS EFECTOS DE LA VENTA DE ISAGÉN

- Se radicó ya la primera demanda contra la venta de Isagén, ¿qué les responde a quienes presentaron esa Acción Popular?
El país debe convencerse de que los recursos de Isagén van a estar bien invertidos, que no se van a convertir en gasto corriente ni van a regular los proyectos generales de la Nación. Estos recursos se van a utilizar para financiar las 4G,  a través de una entidad muy seria que es la Financiera de Desarrollo Nacional. No tengo la más mínima duda de que sin estos recursos el programa de infraestructura tendría serios desajustes y es un riesgo muy grande para Colombia no poder llevar a cabo el proyecto de infraestructura;  primero, porque nos ayuda en el corto plazo a contrarrestar los fenómenos internacionales que nos afectan y, segundo, porque a largo plazo nos va posicionar como un país más competitivo.

- La Acción Popular invoca tres cargos concretos: violación del derecho a la libre competencia, detrimento del patrimonio público y afectación de la moralidad administrativa. Concretamente, ¿qué opina el Gobierno de cada uno de ellos?
Con respecto al tema de la libre competencia, la Ley 226 dice que tiene que ser un proceso abierto en el que haya concurrencia, este proceso estuvo dos años y medio y participaron todos los interesados, llegaron muchas empresas que después consideraron que no podían seguir. Este fue un proceso abierto, ya que al final, en virtud del precio, sólo llegó un proponente, es una discusión distinta.

En cuanto a lo administrativo, el Gobierno ha actuado con toda la transparencia, ha informado atentamente, hemos estado listos para los debates de carácter jurídico y político.

Con respecto al detrimento al patrimonio, el precio que se fijó fue  alto, la acción en la bolsa estaba a 2800 pesos y finalmente las acciones llegaron a 4130 pesos. Se valoró la empresa 16 veces más que el Ebitda, cuando en el mercado normalmente las transacciones no son tan altas.

- ¿No cree que su futuro político, en el que muchos ven una candidatura presidencial, está sufriendo muchos golpes, con esa venta y con los ajustes tributarios?
Un ministro de Hacienda no se puede guiar por consideraciones políticas. Al contrario, tiene que tomar decisiones difíciles, pero necesarias. Prefiero mil veces que haya columnistas, editoriales que digan que la venta de Isagén tuvo un alto costo político para mí, a que digan que el ministro no está cumpliendo con  lo que le corresponde. Asumo ese costo, porque es parte del compromiso de ser Ministro de Hacienda.

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