Alfonso Márquez Mora, un profesor sin limitaciones

Rubén Darío Álvarez
Cartagena

Lo que en otros se hubiese convertido en una maldición, en el profesor Alfonso Márquez Mora se transformó en un acto de magia que lo motivó a mantenerse activo cultivando el deporte.

Márquez Mora es paciente afectado por el mal de Parkinson, enfermedad que le ha reducido la movilidad y el habla, pero no las ganas de trabajar alrededor del deporte, como lo viene haciendo desde que era muy joven y desde que pasó a prestar el servicio militar.

Es el director de la “Escuela de Fútbol Los Calamares”, en donde un grupo de niños y jóvenes del barrio del mismo nombre aprenden a invertir su tiempo en las canchas en vez de perderlo en las esquinas.

Precisamente, cuenta Márquez que  se decidió a crear la escuela después de ver la falta de espacios recreativos que había en Los Calamares y la carencia de actividades con las que jóvenes y niños pudieran llenar sus tiempos libres.

Desde hace 22 años se responsabiliza de la formación deportiva de 125 jugadores, entre niños y adolescentes, a quienes divide en siete categorías, de donde han salido dos prospectos a exponerse en el fútbol profesional: Daniel Santoya y Otto Franco, ambos pertenecientes al equipo samario Unión Magdalena.

El profesor Márquez resalta que recibe la ayuda de cinco profesores, quienes financian su gestión con los aportes de los padres de familia, pero también con lo que produzcan actividades independientes en pro de la escuela, “porque el Distrito nos da reconocimiento y vigilancia, pero nada de apoyo económico”, apunta Márquez.

En la “Escuela de Fútbol Los Calamares” los instructores se afanan, principalmente, por formar buenos seres humanos, para después estructurar excelentes deportistas, según dice el profesor Márquez, para quien es fundamental que cada miembro del establecimiento esté matriculado en un plantel educativa, ya sea de elemental o de bachillerato.

“A nosotros nos preocupa mucho que tanto el niño como el joven entiendan qué es la responsabilidad, la seriedad, la honestidad y la puntualidad”, explica dejando en claro que el material más difícil de moldear son los adolescentes, por las rebeldías propias de esa etapa, “pero aquí les demostramos con afecto cómo deben manejarse cuando están equivocados”.

En la terraza de la vivienda del profesor Márquez hay un espacio que funciona como la oficina de la escuela, en donde se guardan los trofeos que han obtenido los equipos en sus diferentes justas dentro y fuera del barrio.

A su vez, la oficina es vecina de la cancha más grande de Los Calamares, donde es común ver al profesor y sus alumnos entrenando o enfrentando alguna contienda con equipos del propio barrio o de las zonas circunvecinas.

Pensionado de la Secretaría de Educación del Distrito, el profesor Márquez, pese a sus limitaciones físicas, no tiene inconvenientes en desplazarse a cualquier parte con tal de acompañar a sus alumnos y de vigilarlos en cada compromiso futbolero.

Es esa mística la que ha logrado que la escuela sea una de las primeras invitadas a escenarios de Sincelejo, Montería, Bogotá, Medellín, Santa Marta y Cali, donde los resultados se han traducido en que los chicos del profesor Márquez estén entre las cuatro mejores escuelas de la Liga de Fútbol de Bolívar.

“En estos momentos tenemos un prospecto en el Tolima. Teníamos dos en Cali, pero renunciaron porque les dio mamitis”, cuenta el profesor con su risa fragmentada, mientras recuerda que una de las dificultades de sostener una escuela como la suya es “convencer a los padres de familia de que deben pagar puntualmente. Algunos creen que esto no es importante; otros tienen más conciencia. Pero lo cierto es que si no tenemos recursos, se nos retiran los profesores y todo el trabajo con los niños y los jóvenes se iría al suelo”.

Considera que, siendo Los Calamares uno de los barrios populares de Cartagena con más escenarios deportivos, “es poco el sentido de pertenencia que existe entre los vecinos en cuanto a los deportes. Pero, justamente, esa es una de las misiones de la escuela: tratar de involucrar a todo el barrio en las pasiones deportivas de sus niños y adolescentes”.