Caso de Roberto Paternina: ¡Gracias totales!

Laura Anaya G.
Cartagena

Gratitud. Ese es el sentimiento que invade por estos días a Roberto Paternina Rangel. Se siente dichoso porque él y su familia han probado bastante de la solidaridad de los cartageneros que conocieron su historia a través de El Universal y Q’Hubo.

A Roberto lo conocimos hace poco más de una semana gracias a una crónica de la periodista Hilenis Salinas Gamarra. Buscábamos historias que resaltaran el verdadero y más profundo sentido del amor, que es entregarlo todo sin esperar nada a cambio, y así nos encontramos con Roberto, él vive para su esposa, Leonela, y sus tres hijos. Así nació “Lecciones de amor para incrédulos”, la crónica que se publicó en Facetas el 17 de septiembre pasado (Lea aquí: Lecciones de amor para incrédulos). 

“Son las 10 de la mañana y no tiene ni un peso en el bolsillo, no sabe con qué esperará a los niños para comer cuando vuelvan del colegio en la noche, pero se da tiempo de sentir la felicidad que ellos y su esposa le inspiran”, decía Hilenis en la página, y sí: a él no le importa dejar de comer con tal de que los niños sí lo hagan y estudien. A Roberto no le ha tocado fácil, nació en Montería hace 31 años, su mamá lo abandonó cuando apenas era un bebé (tenía un mes) y lo maltrataron cuando era un niño. Recorrió parte de Cesar, Córdoba, Magdalena y Santander buscando a su madre y esa travesía conoció a su mujer. Justo cuando comenzaba a ser feliz al lado de Leonela, la violencia lo empujó a las malas a Cartagena. Aquí vive en el barrio Arroz Barato, en una casa que se inunda cada que cae un sereno, consiguió un empleo como vigilante, pero tiempo después lo echaron y no había podido conseguir un trabajo nuevo. Desesperado, comenzó a “rebuscarse” como fuera en las calles. “Yo salgo por aquí, atravieso Henequén y llego a El Campestre, de ahí lo que me encuentre. A veces cuido carros en Bocagrande, también si me encuentro señores carretilleros les digo que les ayudo, que me den alguna moneda”, explicaba.

Podría pensarse que lo que Roberto y nosotros buscábamos con su historia era generar lástima, pero no hay nada más lejano de la realidad. Lo que intentamos siempre fue resaltar una historia de amor verdadero, de amor de padre, y lo que busca Roberto no es que le regalen todo, no. No quiere que le den la comida, ni que lo mantengan, quiere conseguir un trabajo estable para que sus hijos vivan dignamente y se sientan orgullosos, y para llevarlos de la mano a cumplir todos sus sueños.

Yo recuerdo que ese domingo 17 de septiembre, cuando se publicó la nota, llovió en buena parte de la ciudad, incluido Arroz Barato. Como ya es costumbre, los Paternina se inundaron, pero una de nuestras lectoras llamó para tenderle la mano justo en ese momento. Esa misma tarde les llevó un mercado y otros artículos de primera necesidad. Y así llovieron ayudas, una mesa con cinco sillas, medicamentos, un abanico, ropa para los niños, le pagaron los dos meses de arriendo que debía y le obsequiaron la inscripción a un curso de vigilancia que necesita para actualizar su hoja de vida y conseguir el tan anhelado empleo. Ayer, cuando lo llamé, Roberto no paraba de llorar de la felicidad y de darnos gracias, estaba en el instituto donde cursará las clases. Precisamente comenzó ayer y me explicó que las clases duran 30 horas, que cumplirá esta misma semana. Me dijo que luego de este curso quiere hacer otros en el SENA “para ser alguien en la vida, para que mis hijos se sientan orgullosos y para que salgan adelante. Ya verá, doctora, voy a hacer cursos de guardaespaldas, de supervisor y saldré adelante” (Vea aquí el video: La solidaridad está transformando la vida de Roberto).  

Esta vez quienes hicieron las cosas “a lo bien por Cartagena” fueron ustedes, nuestros lectores, y esa es la razón de esta segunda página. Queremos decirles que Roberto ha recibido mucho más de lo que esperábamos y que ni él ni nosotros nos cansamos de darles las gracias.

BUSCA A SU MADRE
Hay una cosa que no ha podido lograr la publicación, que Roberto encuentre a su mamá.

“Yo quisiera que usted dijera que estoy buscando a mi mamá, que quiero verla -dice-. Me dijeron que se llama Alcencia del Carmen Rangel, el otro apellido no me lo sé, y que tengo dos hermanas: Carmenza y Carlina. Yo creo que mi madre tiene como 57 años y quiero verla para que me explique por qué me abandonó, seguro ella cree que estoy muerto”, cuenta. Lo único que sabe Roberto es que sus papás se conocieron en Maicao, La Guajira, y que ella ha vivido en poblaciones del Cesar.

Si usted tiene alguna información sobre Alcencia o usted, Alcencia, si lee esta publicación, puede comunicarse a nuestra línea, 6424646.