Los niños de San Francisco siembran su parque

Gustavo Tatis Guerra- El Universal
El Universal

Noventa niños del barrio San Francisco despertaron muy temprano para sembrar de plantas y flores,  el camino por donde pasó el papa Francisco en su comunidad.

Todo empezó a gestarse al día siguiente de la  histórica visita papal, cuando el ambientalista Haroldo Rodríguez, quien lidera la fundación Verde que te quiero verde, se quedó mirando el peladero desolado donde se hundieron las casas de más de medio millar de habitantes de San Francisco. Y pensó que en aquel hundimiento también se fueron ilusiones y esfuerzos de toda una vida, a la que aún la ciudad no ha sabido restaurar con alternativas sociales y humanísticas.

Entonces le dijo al cronista que lo acompañaba que ese era el lugar señalado para una nueva vida en la comunidad,  con el aval de las autoridades y de la misma ciudadanía solidaria: un Parque de Paz no solo para perpetuar el paso del papa Francisco por el barrio y Cartagena, sino para acompañar a todas las familias que lo perdieron todo en aquel desastre geológico y al mismo tiempo,  económico y social. Un parque con flores del bosque vivo y colorido del Caribe, con senderos de plantas nativas y espacios para la recreación y la cultura.

La primera en saber esa ilusión y ese deseo comunitario fue Lorencita Pérez Barrios, quien se integró a la iniciativa de la primera Jornada Ambiental y Cultural de San Francisco, promovida por la fundación ecológica y un grupo de amigos aliados y solidarios. El día empezó mucho antes del amanecer, porque en la noche, Haroldo trajo unas camionadas de tierra abonada para el primer ejercicio en el que Lorencita convocó no solo a los niños y niñas del Comedor Comunitario y a las jóvenes del programa social Talitha Kum, y a sus vecinos de la cuadra. A la iniciativa ambiental y cultural se unieron, artistas, teatreros, tiririteros y gestores culturales.

El Santuario San Pedro, dentro de su programa socio ambiental  la Ruta verde del Papa, multiplicó la pedagogía sensibilizadora entregando la encíclica Laudato si.  Como en el poema de las manos entrelazas del poeta Gonzalo Arango, la iniciativa encontró aliados visibles e invisibles. La familia Báladi Rodríguez donó una estufa industrial para el Comedor Comunitario. La fundación Pollo Frisby que en Pereira forjó la Casa de los Sueños con niños y niñas de la calle y creó un colegio de bachillerato, se unió a la jornada del barrio San Francisco en Cartagena, donando más de noventa almuerzos para los niños.

La fundacion de Haroldo entregó ochenta y cinco árboles de mango sembrados en su bolsita para cada niño del comedor y  trajo a la comunidad centenares de trinitarias, flores de La Habana, para toda la calle y la vecindad y la ruta papal. En el pequeño parque frente a la casa de Lorencita, los niños participaron del proceso de abrir los surcos, sembrar las plantas ornamentales y regarlas antes que llegara el mediodía. A esta  tarea comunitaria se sumó la reina Eliana García Ramos.

Antes de iniciarse la siembra comunitaria, Haroldo contó que desde hace muchos años está metido en su terquedad de crear bosques en lugares donde el verano reseca los recuerdos y las ilusiones. Y les contó que cada vez que se siembra un árbol se siembra a la vez, agua, sombra, microclima, mejor ambiente natural y social. La jornada ambiental busca consolidar un Semillero de sembradores en San Francisco, a través de  un primer módulo de dinamizadores ambientales. Y con las jóvenes preadolecentes y jóvenes del programa Thalita Kum, una serie de talleres de artes manuales, como la cerámica y el vitromosaico. A cada niño y niña se le entregó una buena dotación de herramientas e insumos para la siembra. Lorencita le recordó a sus niños y niñas que la tarea apenas inicia, y que la siembra comienza dentro de cada uno. El jardín empieza a vivir y a florecer gracias a la dedicación de cada uno.

La tierra reblandecida por el invierno enraiza los sueños en la tierra. Y las flores de la Habana aroman el aire donde antes no aleteaba el viento, sino un golpe seco de luz caliente sobre los rostros.

Epílogo
La siembra festiva continúa el 8 y 18 de noviembre. La semilla está sembrada ya. Los niños esperan.