¿Por qué tú crees que es feo?

HILENIS M. SALINAS G.
Cartagena

Tienes el pelo rizado y te lo recoges en una trenza. Te haces un tomate o te lo alisas. Demasiado desordenado. Demasiado volumen. Demasiado frizz.

Lauren Herrera y Karen Villadiego crecieron -como muchas cartageneras- con esos prejuicios sobre el cabello rizado y por casualidades de la vida un día decidieron volver a lo natural. “El cabello rizado era lo más desordenado, era lo rebelde... nos reconocíamos como negras por nuestra piel y nuestros rasgos físicos, pero no por nuestros cabellos”, dijo Karen, quien con Lauren conforma desde hace tres años el emprendimiento Rizos Cartagena. ¿De qué se trata?, aquí te contamos.

Cabellos maltratados
Antes de conformar Rizos Cartagena, Lauren y Karen tenían el cabello procesado. La primera se lo alisaba con alicer de papa, la segunda se aplicaba una crema bajaondas con la que lucía unas ondas estáticas y sin vida. “Yo pasé a mi cabello natural por un accidente, combiné dos elementos químicos: el alicer y una tinturación, eso provocó que se me cayera el cabello. Alguien me sugirió que buscara mis raíces y me pareció buena idea. Empecé dejándolo crecer natural y luego corté lo alisado”, comentó Lauren.

Karen dejó de echarse el bajaondas y después de algunos meses cortó su cabello, que le llegaba a la cintura. “Seis años después nació Rizos Cartagena, aquí en la congregación de la iglesia Lauren y yo éramos las únicas que se cuidaban el cabello rizado natural, entonces nos pedían consejos para su cuidado”, recordó Karen.

Rizos Cartagena nació como un blog de experiencias en el 2014. Lauren y Karen hacían recomendaciones sobre cremas y tratamientos que funcionaron con ellas. Luego comenzaron las asesorías personalizadas y más tarde su propia línea de productos. “Lo pensamos con nuestro propio régimen, procesos como la repolarización los planeamos para que funcionara en el cabello rizado y así creamos procesos específicos para no hacer daño o recuperar el cabello”.

Tras varios meses haciendo visitas domiciliarias decidieron poner un sitio fijo para que las clientes y amigas las encontraran más fácil. Desde entonces están en el segundo piso de la iglesia Centro Cristiano Internacional, de la que hacen parte.

Enfrentadas
La cosa no fue en realidad tan fácil como se cuenta. Al dejarse crecer el cabello natural, Lauren se enfrentó a las reacciones de todos a su alrededor, incluyendo a quienes la veían como algo exótico y a quienes -en espacios formales de trabajo- consideraban su look un tanto desordenado. “Era como ‘y por qué no te planchas’, ‘recógetelo un poco’... reacciones contradictorias porque estamos en la Costa Caribe y debería ser fácil aceptar estos tipos de cabellos”, lamentó.

Fue cuando se empezaron a preguntar por qué la gente considera que el cabello rizado es feo. Encontraron que era un rechazo histórico hacia la estética afro y no era un descubrimiento, pero el punto no solo está en el porqué sino en ir cambiándolo en las nuevas generaciones. “Por eso trabajamos en el regreso a las raíces y en estar orgullosas de nuestra boca, nuestras curvas, pero también de nuestro pelo, de su naturaleza. Que sean conscientes de que no les gusta el pelo porque así se los hicieron creer, pero que tienen la opción de dejar de hacerle daño y volver a estar orgullosas de su esencia sin occidentalizarse”, concluyeron.

Su propia línea de productos
Cuando empezaron a recomendar, Karen y Lauren se dieron cuenta de que no había productos con los que las personas se hicieran los procedimientos. Así nació la línea de shampoo, tratamiento y crema para peina Rizos Cartagena, hecha con aceite de coco. Ahora incursionaron con aceites y cremas exfoliantes. Hace poco se mudaron a un local más grande para ofrecer más productos y servicios.