Voluntarios recorren Bazurto para 'rescatar' alimentos para población vulnerable

Cristian Agámez Pajaro
Cartagena

Piense en la cantidad de alimentos que día a día van a la basura en el mundo. En la comida que se pierde en su nevera, en su barrio, en su ciudad. Y, ahora, piense también en el hambre, en el estómago vacío de todas aquellas personas que sufren por no tener ni un grano de arroz.

Según la Organización de las Naciones Unidas, un tercio de alimentos producidos para el consumo humano, se desperdicia en todo el mundo. Esto equivale a 1.300 millones de toneladas al año. Lo que supone también un desgaste de tierra, agua y energía.

En Cartagena, existe una fundación que, hace poco tiempo pero con paso firme, comenzó a luchar contra el desperdicio de alimentos y a llevar comida a quienes necesitan. Motivada por este tema, Rebeca Peña, una cartagenera mágister en Gestión Ambiental de la Universidad Javeriana, conformó ‘Huellas Sostenibles’, una organización ‘anti-desperdicios’ que crece con la idea de aportar su grano de arena para el desarrollo sostenible de La Heroica, una ciudad que definitivamente está en deuda con el medio ambiente.

“La fundación tiene tres programas. El primero de ellos es ‘anti-desperdicios’, dentro del cual gestiona el proyecto ‘Plato Lleno Cartagena’, cuya ejecución comenzó en mayo de este año”, nos explica Rebeca.

Cada semana el grupo de voluntarios, encabezados por la ecologista, recorre el Mercado de Bazurto para ‘rescatar’ alimentos que luego son destinados a niños, habitantes de la calle, adultos mayores y población vulnerable de la ciudad.

“El proyecto ‘Plato Lleno’ nació en Argentina hace siete años y se ha replicado en siete ciudades de Latinoamérica. En Cartagena, yo soy la pionera. Todos usamos el nombre ‘Plato Lleno’, cada uno con el nombre de su ciudad o de su país”, narra la abanderada de esta causa.

Agrega que, al conocer sobre la idea de ‘Plato Lleno’, le fascinó tanto que quiso replicarla en Cartagena a través de la fundación. “Lo que hacemos es rescatar alimentos de las diferentes cadenas de suministro que, por razones estéticas, los comerciantes van descartando pero que igual están aptos para el consumo.
“Nosotros, en Cartagena, rescatamos frutas y verduras. Si ya la manzana no está igual de verde, la van descartando. Esa mercancía es la que vamos a buscar”, añade.

En su poco tiempo de funcionamiento esta iniciativa independiente afirma haber rescatado más de tres toneladas de comida. “Lo principal de este proyecto es educar con respecto al desperdicio de alimentos. Entre más botas basuras, más se generan emisiones de gases contaminantes y esto calienta al planeta. Es una cadena. Le damos a la comida un final digno y estamos muy contentos con la aceptación que ha tenido el programa”, sostiene.

Intercambio verde
El de ‘Plato Lleno’ es una parte del proyecto ‘anti-desperdicios’, otra de las actividades es el ‘Intercambio Verde’. Consiste en intercambiar un kilo de comida por un kilo de reciclaje. “Lo hemos estado haciendo en las comunidades en alianza con la Fundación Bahía y Ecosistema, con Dones de Misericordia y Aseo Urbano de la Costa. Con la comunidad hemos tenido una aceptación súper chévere, cada vez que vamos, la gente saca sacos de botellas y de tapitas, ha sido una actividad muy linda. Es súper gratificante. Otra jugada ecológica que todavía sirve como instrumento para seguir impactando de manera positiva, eso hacemos en el intercambio verde”, asegura la ecologista de 36 años. 

A los niños
Como el propósito de la fundación también es educar y concientizar sobre el desperdicio de alimentos, Rebeca afirma que se trabaja en otro proyecto denominado Eco Aprendiendo.

Se trata de ‘aulas ambientales’, enfocadas a los niños, con  talleres sobre cómo cuidar mi planeta.

“Todo esto lo hacemos mediante una metodología que busca que el niño pueda, a través de experiencias sensoriales, seguir explotando toda su creatividad, que él mismo pueda crear su propio proyecto partiendo de la exploración. La idea es implementar también el tema de las huertas escolares. Lo que queremos es que el alimento sea sostenible, sea bueno, sea saludable, que desde niños podemos nosotros tomar conciencia”, comenta Rebeca.

‘Disco Sopa’
Una de las actividades recientes de la fundación ha sido la ‘Disco Sopa’, algo así como una fiesta por los alimentos que se tomó parte de la Isla de Tierrabomba.
“Fue súper lindo, participaron chefs, voluntarios, restaurantes, escuelas, varias fundaciones y todo en torno al alimento, que es lo que buscamos. Este evento lo creo un movimiento que se llama Slow Food, ellos se inventaron este evento que se ha sido replicado en el mundo muchas veces. De hecho, existe un ‘Día Internacional de la Disco Sopa’ que es el 29 de abril. En Tierrabomba salió una rica sopa de pescado y más o menos fueron 400 las personas beneficiadas con los alimentos”, afirma.

Rebeca señala, que han sido varios los logros de la organización desde su inicio. “Esas más de tres toneladas de alimentos rescatadas, representan 1,2 toneladas de emisiones que han dejado de calentar nuestro planeta, eso es un logro. Además esas tres toneladas han favorecido a siete fundaciones. Saber que ese alimento tiene otra oportunidad, saber que muchas personas son felices cuando le llevamos esto, eso es una satisfacción. Me siento contenta en esa parte y cada día se van uniendo más personas con respecto a esto”, puntualiza.

Para rescatar de las tradiciones

“En los próximos días vamos a apoyar al observatorio de la Primera Infancia y Adolescencia ‘Ángeles Somos’, en conjunto con el IPCC, que están rescatando esta manifestación cultural. Vamos a pedir tintililillo vestidos de blanco, con niños y jóvenes vamos a recorrer algunos lugares donde usualmente recolectamos los alimentos y vamos a hacer el sancocho en un colegio. Esa es una de las cosas más bonitas, también a través del alimento podemos rescatar a la cultura”, señala Rebeca Pinto.