Niños de Papel: ¡Lo máximo!

Ledis Caro D
Cartagena

Sede de Niños de Papel - Marea, en Turbaco. //Archivo.

Lo que comenzó para Roque (*) como una travesura o recocha estudiantil se convertiría, meses después, en una pesadilla de la cual le tomó tiempo despertar. La razón: consumir droga es un asunto tan serio que trasciende cualquier aula escolar y desborda todos los pronósticos.

Así lo reconoce hoy el joven de 17 años que un día cualquiera, motivado por lo que llama “presión de grupo”, decidió probar una “pastillita” que lo adentraría en el diabólico  mundo de la drogadicción con las consecuencias que todos conocen, a costa del sufrimiento de toda la familia.

Afortunadamente, en el oscuro camino de Roque apareció una organización que para él hoy es lo máximo: Niños de Papel, la misma que erradicó de las calles de Cartagena a los menores en situación de calle o “gamines”, como se le conocen en forma genérica.

Roque nació en un barrio popular de Cartagena, donde el consumo y venta de droga se da a todos los niveles, aún legales como muchas medicinas que se consiguen desde mil a tres mil pesos, que, aunque no son de venta libre, se compran en muchas farmacias, sobre todo las de los barrios. Solo hay que buscarla, dice.

“Yo vivo con mi mamá, tengo dos hermanos, estudiaba en un colegio oficial, donde un compañero me recomendó tomar una pastillita que se llama clonazepam. La compré en una droguería por mi casa, me la tomé y sentí mucho sueño al principio. Seguí consumiéndola, pero después sentía la necesidad de algo más fuerte y probé otra pastilla que la conseguía en caletas. Más tarde probé la marihuana.

“Ya para entonces mi mamá se había dado cuenta y comenzó a regañarme y darme consejos pero yo no le prestaba atención. Ella comenzó a sufrir mucho. Yo la sentía llorar en la madrugada y amanecía demacrada y yo sabía que era por mí, pero ya no podía parar. Un día que andaba con unos amigos por Manga, había un señor con un tabaco prendido y yo le dije que me dejara probar. También me intoxicaba con algo que se llama ‘crepe’, que es marihuana con químico, que daba resultados feos. Con decirle que un día me desmayé en la playa después de haber consumido. Yo no alcancé a robar en la calle, pero si le cogía plata a mi mamá para comprar la droga. Ella me decía que si me iba a fumar toda la marihuana del mundo, pero yo no prestaba atención.

“Llegó el momento en que yo mismo me decía que no iba a fumar más, pero cuando llegaban las seis de la tarde me entraba un desespero y salía a buscar plata para conseguir la droga en las caletas. Solo así me sentía seguro y capaz de hasta de hablar con alguien. Por mi casa, todos los vecinos se habían dado cuenta de mi enfermedad, y digo enfermedad porque estando en Niños de Papel fue que me di cuenta que estaba enfermo de algo que se llama drogadicción.

“Mis amigos cercanos no consumían y recuerdo que un día me pegaron cuando me vieron fumando marihuana. Alguien me habló de Niños de Papel y me dijo que por qué no asistía a sus programas, pero nada, yo seguía en las mismas. Un día, una tía me presentó a una psicóloga de Niños de Papel y ella me habló de Marea, el centro donde ayudan a niños y jóvenes con problemas de drogas. Como yo de verdad quería salirme de ese mundo, acepté porque comprendí que solo no lo podía hacer. Y todo fue como un milagro de Dios porque cuando decidí irme para Marea no había cupo, pero salió un joven y me aceptaron.

“El 16 de mayo de 2014 ingresé. Al principio no prestaba atención, pero después me dije que si quería cambiar tenía que asumir las normas del proceso. Eso no es fácil, todo es muy duro, pero yo tuve la suerte que siempre conté con el apoyo incondicional de mi mamá. Eso es muy importante para uno, en mi caso mi mamá nunca me dio la espalda; mis amigos también me mandaban mensajes de aliento y eso me ayudaba a seguir. En Marea el tratamiento se divide por fases. Cuando alcancé la una, me parecía imposible llegar a la dos y después a la tres. Ya en la tres  a uno le toca ser ejemplo para los hermanos menores, que es como llamamos a los jóvenes que ingresan. El proceso dura 8 meses, durante los cuales uno está interno. Yo duré 10 meses”.

Marea, a la que se refiere Roque, es la IPS  de Niños de Papel, cuya visión a 2016 es ser la respuesta terapéutica  para la infancia y adolescencia en situación de riesgo y vulneración por el consumo de sustancias psicoativas. Es el único centro de su naturaleza en la Costa Caribe.

En Marea, Roque terminó sus estudios de bachillerato a través de la Universidad Abierta y a Distancia, Unad. Hoy está recuperado y estudia en el Sena. También asiste a las reuniones de Narcóticos Anónimos.

“Niños de Papel es tremenda fundación que le ha devuelto la vida a muchas personas. A mí me devolvió mis sueños”, dice Roque, al tiempo que dice que el problema de la drogadicción en los colegios es más serio de los que las autoridades dicen saber.

CONSEJO

“El consejo que yo le doy a todos los jóvenes que tienen el mismo problema que yo tuve es que busquen ayuda, que es mentira que uno solo puede salir. Que acudan a Marea donde se les prestará ayuda para que sigan con sus sueños, que mí tratamiento me lo financió la EPS donde estoy afiliado. Y a Niños de Papel, y al padre Manolo (Manuel Jiménez Tejerizo, fundador de esa asociación) que sigan así, salvando vidas, que eso es bueno para la sociedad”.

 

LEGISLACIÓN

La Ley 1566 DE 2012 reconoció “que el consumo, abuso y adicción a sustancias psicoactivas, lícitas o ilícitas es un asunto de salud pública y bienestar de la familia, la comunidad y los individuos”. También precisa que las EPS están obligadas garantizar la prestación de este servicio a través de las Instituciones prestadoras de servicios de salud (IPS), habilitadas para eso.

Es a esa clase de pacientes a los que le apunta la IPS Marea, la cual tiene una capacidad instalada en la parte hospitalaria para atender 15 niños y jóvenes, y 38 en la parte no hospitalaria (proceso terapéutico). Y es Marea donde jóvenes como Roque pueden tomar el timón y cumplir los sueños de su vida.

(*) Nombre cambiado por ser menor de edad.