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Adolescentes: “mami, estoy embarazada”

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Atrás quedaron los tiempos en que se les decía a los muchachos que el sexo era un asunto que debía esperar hasta después de haber pasado por el altar, en santo matrimonio. Hoy, esta una realidad innegable: el despertar sexual de nuestros jóvenes se da a una edad tan temprana, que termina siendo escandalosa para las generaciones anteriores.

Desde luego, nunca va a sobrar una charla paterna al respecto, pues todos sabemos que es ideal afrontar esa nueva experiencia de la vida solo cuando se tiene la madurez para ello. Pero como -dirían las abuelas- “no podemos estar encima de nuestros hijos todo el tiempo”, evitando que “algo pase”, es mucho más certero hablar con ellos sobre los peligros que representa el hecho de tener una vida sexual sin tomar las medidas necesarias.

Por supuesto, un embarazo adolescente no deseado se presenta sin buscarlo;  por lo tanto, no está dentro de los planes de vida de la jovencita y de su pareja. Por esta razón, a la mayoría de las adolescentes que quedan embarazadas les cambia la vida de modo irreversible.

Y aunque suene obvio, es necesario recordar que la situación afecta, y también es responsabilidad, de los dos jóvenes involucrados, no solo de la madre.

Una jovencita de esa edad no está preparada fisiológicamente para ser madre, pues su cuerpo no se ha desarrollado aún. Eso sin contar con que su condición psicológica no es totalmente madura, lo cual le impide direccionar sus acciones adecuadamente cuando se enfrenta a la toma de decisiones relacionadas con el bienestar de su bebé; a su vez, esto le genera sentimientos de impotencia y frustración, lo que en la mayoría de los casos conlleva a que el recién nacido pueda sufrir maltratos físicos y sicológicos.

¡¿Por qué te embarazaste?!

De acuerdo con los expertos y estudios realizados alrededor de la problemática, los factores causantes son, en primera instancia, la falta de un adecuado diálogo entre los hijos jóvenes y sus padres sobre el sexo.

Ya sea por temor a un tema que puede ser considerado tabú en esa familia o porque una de las dos partes rechaza la posibilidad de hablar de esto, lo cierto es que es aquí donde debería conversarse del asunto, con toda honestidad.

Pero si esto no funciona, aún queda la posibilidad de aprender lo necesario en el colegio, donde se tienen dentro de las materias obligadas la Biología o Comportamiento y Salud. Los profesores forman una segunda instancia para transmitir los conocimientos necesarios ante el tema de las relaciones sexuales. Aquí no sólo se trata de un embarazo no deseado a temprana edad, sino de conocer a fondo todo lo relativo a prevenir enfermedades venéreas que, en algunas ocasiones, se llevarán por el resto de la vida, o de temas como el VIH, que pueden derivar en la muerte.

Variables como el alcoholismo y consumo de narcóticos (igualmente nocivos para nuestra comunidad joven), también contribuyen a aumentar el riesgo de embarazos no deseados.

Estos factores encuentran su caldo de cultivo en comunidades vulnerables como la población desplazada, donde las condiciones socioeconómicas, culturales y educativas son frágiles e inestables. Sin embargo, es vital mencionar que este fenómeno no es exclusivo de las comunidades marginales o marginadas, ni de estratos económicos bajos.

Valores, muchos valores

Hay tres puntos clave que se deben manejar dentro de los  programas de salud sexual y reproductiva de las instituciones educativas:

1. La relación entre el joven y sus contemporáneos.

2. La influencia que los medios de comunicación ejercen sobre los muchachos.

3. Los valores humanos. Debido a los cambios que se han generado en los valores, los cuales han llevado a los adolescentes a ver su cuerpo solo como un instrumento, donde el sentir es igual al actuar, el tema de la sexualidad debe ser tratado desde la primera infancia. Hablar sobre cómo debemos ver nuestro cuerpo y de esta forma construir columnas fuertes de valores y principios, con términos claros y comprensibles.

La riqueza en los países está directamente relacionada con la tendencia a que los embarazos  en adolescentes se presenten. Pero no hablamos aquí de dinero, sino de una cultura desarrollada, de calidad en la educación y en los valores.

Sin duda alguna, este fenómeno se presenta en todos los países del mundo, pero es un hecho que el promedio es menor en naciones como Finlandia o Francia, si lo comparamos con Haití u otros lugares con una marcada diferencia ante este tema.

La semilla del maltrato

Aunque sería absurdo generalizar, el fenómeno de los hijos no deseados tiende a aumentar las estadísticas de maltrato infantil. A su vez, estos niños crecen con trastornos emocionales, pues sus madres no están preparadas sicológicamente para asumir de tan tremendas responsabilidades.

Así mismo, los pequeños carecen de la figura paterna, debido a que en muchos casos el padre abandona a su hijo y a su pareja, generando otra falencia emocional; la descomposición del núcleo familiar.

Por lo mismo, este niño o niña crecerá probablemente bajo la influencia de los abuelos, quienes suelen criar a sus nietos desautorizando a los padres y creando así una marcada confusión en el niño con respecto a sus obligaciones y responsabilidades como ser humano.

¿Y si la ayuda familiar no se da? Es posible que otros círculos puedan proporcionar  cuidados físicos a estas jóvenes, o económicos, pero los valores y el cariño de los padres son irremplazables. Por lo tanto, al carecer de ellos, las adolescentes en embarazo no pueden enseñar a sus hijos esos mismos sentimientos, y por ello es probable que todo se repita en un círculo vicioso.

Igualmente, los adolescentes que no cuentan con el apoyo de su familia deben abandonar sus estudios, situación que los condena a tener  menos posibilidades de obtener un empleo digno y una economía personal estable.

Adicionalmente, si tenemos en cuenta la presencia de enfermedades de transmisión sexual, es probable que buena parte de estos niños no deseados las contraigan desde el vientre materno, y con ello se afecte su futura salud.

Una cifra preocupante: en 2012, 2.122 niños en Colombia nacieron con sífilis congénita, cuando un sencillo examen de sangre, una serología, hubiera sido suficiente para detectarla.

Para empeorar el problema…

La discriminación es otro factor que suele presentarse en el interior de la misma familia, en el colegio e incluso en el círculo de amigos cercanos de la madre adolescente. Y esa falta de apoyo solo va a empeorar la ya de por sí complicada situación anímica de una joven- y su pareja- que se enfrentan a esta tremenda responsabilidad.

Como si esto no fuera suficiente, está el tema de aquellas jóvenes que reinciden. Es decir, que tras tener un primer embarazo no deseado, vuelven a quedar en estado de gestación al poco tiempo. Algunas deciden seguir adelante con ello, ya sea que cuenten con el apoyo de sus parejas o de la familia, mientras que otra parte opta entonces por el aborto, pues sencillamente no están capacitadas para encarar eta doble responsabilidad.

Y es entonces cuando sobrevienen otros peligros, como un aborto mal practicad o en ambientes no adecuados, que pueden poner en peligro la vida de la jovencita.

Otro factor relacionado con la salud del futuro  bebé es el riesgo, muy elevado por cierto, de que se presente un nacimiento prematuro; esto es particularmente probable en madres menores de 18 años. Se considera prematuro a un niño que nace antes de las 32 semanas de edad gestacional. Los bebés nacidos entre las semanas 32 a 34 de gestación pueden tener una serie de complicaciones desde leves a severas e incluso, en algunos casos, mortales.

¿Qué estamos haciendo mal?

Hasta el momento, la educación sexual en los colegios se ha limitado a ofrecer información en materia reproductiva, métodos de anticoncepción y uso de productos anticonceptivos.

Estas acciones educativas son importantes y necesarias, pero han dejado de lado la exploración de nuevos modos de llevar el mensaje a los jóvenes y no valoran la transversalidad de un tema tan determinante en la vida de los menores de edad.

Sería importante reflexionar sobre los diferentes elementos que intervienen en la conformación de las actitudes y los comportamientos en chicos y chicas, y no limitar a la simple “genitalidad” las orientaciones al respecto. Es decir, se le debe inculcar al joven un ideal de vida, de responsabilidad, de respeto hacia sí mismo y hacia sus semejantes.

Aunque suene extraño, podría “educarse” mejor a los padres respecto a cómo abrir la puerta del diálogo con sus hijos, con el fin de echar abajo barreras y prejuicios que aún andan por ahí respecto  a temas como el sexo.

Y esto se lograría entendiendo lo que es realmente un diálogo: no es lo mismo preguntarle al hijo si almorzó en el colegio, a preguntarle qué comió, si dicho alimento le gustó o si hubiera preferido almorzar otra cosa. En el primer caso, se limita el asunto a algo informativo, que no trasciende y que se centra en responder a una pregunta. En el segundo, se abre la posibilidad a una conversación que involucra los sentimientos e intereses del joven.

Y esto, justamente, facilita que cuando tenga alguna inquietud sobre el tema de la sexualuidad, o de cualquier otro tipo, el adolescente sienta que puede hablar con sus padres tranquilamente. Trabajar en esto, y convertirlo en un hábito, será ganancia para todos los integrantes de la familia.

De cualquier manera, no podemos olvidar que el sexo es un asunto personal e íntimo; por lo mismo, es perfectamente entendible que un joven prefiera no hablar de eso, y menos con sus padres. Y a esto le debemos sumar que, debido justamente a su edad, los sentimientos de crecimiento, de independencia y privacidad en el muchacho, pesan… y mucho.

Encarando la situación

Una vez se presenta el embarazo, no es prioritario buscar culpables o hacer recriminaciones. Lo realmente importante es procurar los medios posibles para que ese nuevo ser  que llegará al mundo cuente con todas los elementos posibles para crecer sano y feliz.

Y en esto, fíjese bien, tienen mucho que ver los padres de la adolescente: a pesar de sus buenas intenciones, es necesario hacer claridad en que asumir completamente la responsabilidad o los cuidados del bebé -con la excusa de que la joven no está preparada- va a derivar en que ella se desligue de lo que es su obligación, y así mismo, en que ese niño o niña crezca careciendo de un modelo paterno o materno, y por ende, con una alta probabilidad de repetir el patrón.

Síntesis: comprensión, diálogo e inculcar unos correctos valores éticos es la fórmula para disminuir las posibilidades de que nuestros adolescentes queden embarazadas. Tal vez no acaben definitivamente con un problema que nos afecta, de una manera u otra a todos, pero al menos son un comienzo para ello.

“¿ANTICONCEPTIVOS? NO GRACIAS…”

Un estudio realizado en países latinoamericanos muestra que el 40 por ciento de la población joven, sexualmente activa, en dichos países, sostuvo relaciones sexuales sin utilizar anticonceptivos con una pareja nueva. De esos mismos encuestados, un porcentaje cercano al 30 por ciento admitió que había recibido información imprecisa, o falsa, sobre la concepción.

Una quinta parte de estos jóvenes aseguró que le daba vergüenza preguntar a sus padres, profesores o adultos responsables, respecto a cómo prevenir los embarazos. Tan solo la mitad de todos estos encuestados se consideró bien informada respecto a las diferentes opciones anticonceptivas disponibles.

En promedio, 1 de cada 5 jóvenes entre los 15 y 19 años, queda embarazada o ya es madre. Específicamente, en Colombia, el departamento de Tolima es el que ostenta el promedio más alto de adolescentes embarazadas; y la tasa sube, año tras año. Veinticinco de sus municipios están en riesgo alto, 19 figuran con un riesgo medio y 3 están en riesgo muy bajo.

Resultados de una publicación emitida en marzo  por el Ministerio de Protección Social.

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Asesoría: Doctor Ronal Andrés Jiménez. Sicopedagogo y asesor del Centro para Jóvenes, Profamilia. ronal.jimenez@profamilia.org.co

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