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¡Auxilio! Mi hijo no quiere comer

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Vivimos en una época inimaginable para muchos adultos. Los extraordinarios avances tecnológicos, el creciente empoderamiento femenino, las bondades indiscutibles de la red y sus múltiples beneficios, han facilitado nuestra vida de una manera innegable. Pero a la vez -pues siempre la moneda tiene dos caras- nos plantean retos nuevos, que pareciera, no estamos sabiendo superar.

Paradójicamente, esos retos -en buena medida- se relacionan con lo más esencial e inherente a la condición humana, el mantenimiento de una buena salud. Atender en forma correcta cuestiones como comer, descansar y ejercitarse se ha convertido en una meta maratónica, dado los tiempos tan apretados que manejamos. Y los niños son, tal vez, los más afectados.

Los malos hábitos humanos casi siempre están regidos por el placer o por la comodidad. Nos rendimos fácilmente ante aquello que nos proporciona una cosa o la otra, y sin pensarlo mucho, estas conductas determinan la formación de quienes están a nuestro cargo, en este caso, los niños. Diseñados como están para dejarse guiar y aprender del ejemplo, no podemos aterrarnos cuando los exámenes dictaminan que el dolor de panza de nuestro hijo es producto de un problema gastrointestinal o de una alergia alimentaria. La mala nutrición generalmente comienza desde los primeros meses de nacido el bebé, e incluso puede estar ligada a una lactancia fallida, pero los síntomas de las enfermedades que causa suelen camuflarse en un camino difícil de determinar.

Por ello, las razones que tiene un niño para no querer comer, pueden ser infinitas y misteriosas. Sin embargo, esas cuestiones tan relativas como comer poco o mucho, realmente deben ser enmarcadas en una secuencia integral que permita relacionar los hábitos y alimentos que ha recibido ese pequeño desde su concepción, y también la idea que tienen los padres sobre lo que es “alimentarse bien”.

Lo preocupante es que los malos hábitos derivados del ‘corre corre’ moderno ya nos están pasando la cuenta y rituales tan importantes como el desayuno se esfuman velozmente en las largas rutas escolares, el tráfico de las ciudades y los horarios laborales de los padres.



Calidad: primero, lo primero

La percepción que los padres tienen sobre una buena alimentación, a veces puede no ser la más adecuada, pues para algunos prevalece aquello de que entre más coma el chiquitín o más rollizo esté, más sano y fuerte será. Lo cierto es que lo determinante en una buena nutrición es la calidad y la integralidad de la dieta consumida.

Por supuesto, la mejor forma de saber si les estamos dando a nuestros hijos la materia prima adecuada, es vigilar la forma cómo crecen y paralelamente analizar su desempeño en estancias tan importantes como el colegio y las actividades sociales. No obstante, y  evidentemente, el ritmo de su desarrollo es mucho más tangible en la valoración antropométrica. Medir el peso, la estatura, la masa corporal, el perímetro cefálico y otras tantas variables, determinará con el pasar de los meses si el ritmo de desarrollo es el adecuado.

Lo cierto es que la alimentación es tan vital como los hábitos que la acompañen. Desde el momento mismo de la concepción, elegir productos naturales e integrales hará la diferencia. Pero tampoco será determinante si la futura madre no se prepara para llevar a cabo una lactancia exitosa. Si esto no sucede, las probabilidades de que el recién nacido tenga un sistema inmunológico fuerte… se reducirán.

El maná de los primeros meses

Después de la lactancia, no hay nada que se le compare. Desafortunadamente, la tendencia de lactar durante los primeros seis meses de vida está a la baja y varias madres se excusan en la idea de no haber producido la suficiente leche.

Aun así, la doctora Clara Rojas, especialista en nutrición infantil y Consultora de Nutrición Pediátrica del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, considera que el problema está en la escasa formación que se les da a las mujeres para que adquieran técnicas adecuadas a la hora de amamantar. “Habitualmente, no les prestamos los recursos adecuados para tener una mejor lactancia y producir mejor cantidad de leche. Son excepcionales las situaciones en las que realmente no se podría lactar, así que debemos seguir con su promoción”.

Por supuesto. Basta recordar que el factor protector inmunológico que contiene esta sustancia es único. Entre otras razones, porque sus probióticos prepararán al organismo de tal forma que será menos susceptible a padecer cualquier enfermedad.

La buena nutrición comienza desde ahí mismo. Por eso es indispensable que si las madres trabajan fuera de casa, sean muy juiciosas con el proceso de extracción de la leche y su almacenamiento. Son  seis meses como mínimo, pero sus esfuerzos serán recompensados con un niño saludable y fuerte. 

Cuando no quiere comer…

Es usual que muchos niños, después de los dos años de edad, se entreguen a periodos de ayunos voluntarios, sin que su desarrollo o vitalidad parezca afectarse. Pueden ser muchas las causas para que esto ocurra, pero la reacción de los padres será generalmente la misma: ¡entrar en pánico y desesperación!

La doctora Rojas lo sabe por el día a día en su consulta, pues según sus cálculos, entre el 50 y 60 por ciento de estas obedecen a ese temor. Así mismo, sabe que la mayoría de las veces la inapetencia infantil no trae consigo consecuencias orgánicas importantes, pues los casos severos con repercusión en el estado nutricional son contados.

“Puede tratarse de niños altamente selectivos; niños que tiene inapetencias por causas orgánicas o que son muy vigorosos y simplemente no comen porque no les interesa… les gusta jugar más. También la inapetencia puede ser una percepción errónea de los padres, porque el niño no come lo que ellos consideran que debe comer; sin embargo, sí come lo suficiente para crecer y tener un buen desarrollo. En otros casos, la causa es el temor, tal vez el pequeño ha pasado por alguna experiencia, como un atragantamiento o una situación clínica traumática en la zona oral”, explica la doctora Rojas, quien también es miembro de la Asociación Colombiana de Nutrición Clínica.

Lo mejor en todo caso, es tratar de determinar la causa de la inapetencia. Si se trata de un problema orgánico, deberán ser los médicos quienes lo determinen y lo aborden para tratarlo. De lo contrario, del conocimiento que tengan los padres sobre la rutina de su hijo, podrán deducirse varias posibles razones.

Sobre la pista del apetito

Nuestra asesora es enfática en decir que ante todo no se debe forzar a los niños a comer. Si la falta de apetito no está afectando su desarrollo, ni obedece a un problema orgánico serio, más que preocuparse hay que ocuparse. ¿Cómo hacerlo? Determinando si la causa es la preparación de los alimentos, o si usted le pone expectativas muy altas a la hora de comer o si en realidad hemos criado a un niño con un grado de selectividad difícil de satisfacer.

“Los niños no van a comer a la fuerza. Frecuentemente, en la consulta le pongo un ejemplo a los padres: ‘si ustedes se sientan a discutir todo el tiempo, no van a querer comer juntos, porque si hay una pelea todo el tiempo, es desagradable. Al niño le pasa lo mismo y el mensaje habitualmente lo damos obligando’. Con los alimentos que son saludables, como las frutas y las verduras, habitualmente se fuerza a los niños a que los reciban, se les castiga o se les premia. Pero cuando a un niño le va bien o hace algo que merece un premio, nadie le da una zanahoria. Le dice que lo llevan a comer helado, hamburguesa o chocolate... El mensaje que damos con ciertos alimentos es equivocado”.

Es muy raro, en el mundo de hoy, pretender que los niños no se coman un dulce de vez en cuando. Pero es precisamente la integralidad de la dieta la que garantiza que este gusto no sea dañino. Ofrecerles todos los grupos de alimentos desde pequeños es indispensable para que en el futuro sus gustos sean más variados y su tolerancia a estos garantice una digestión sin problemas.

Hay muchas claves que pueden mejorar la situación, pero es imprescindible dejar claro que la nutrición de los niños es un proceso que comienza con la vida misma y no radica en hechos aislados.

DELE RIENDA SUELTA A LAS IDEAS

- Después de descartar una causa orgánica de la inapetencia, el primer paso es establecer horarios y hábitos fijos de comida.

- Asegúrese de que el niño siempre come en el mismo sitio, idealmente en una silla individual.

- Si permite que su hijo desayune dos horas más tarde del horario establecido, él no va a querer almorzar a la hora. Recuerde dejar siempre un espacio de ayuno suficiente entre comidas.

- En la lista de preparaciones que tiene para la familia, asegúrese de seleccionar los alimentos suficientes para el desarrollo del niño.

- Evite que la hora de comer sea un momento aburrido. Si decora de manera llamativa los platos, seguro su hijo se entusiasmará más.

- El menú no debe depender solo de comidas rápidas ni de alimentos instantáneos. Por ello, prefiera fruta picada u otras 'golosinas naturales’ para la lonchera.

- Planee horarios para el juego y el ejercicio diarios. Una vida sedentaria interfiere, entre otras cosas, en la eficacia del metabolismo.

- Si su hijo todavía está pequeño, ofrézcale de manera moderada los diferentes grupos de alimentos. De los seis a los nueve meses ya debe haber probado todo; hacerlo más tarde le llevaría a que no aprenda a comer y masticar  adecuadamente.

ENFERMEDADES:

RESULTADO DE UNA INCORRECTA NUTRICIÓN

Las enfermedades más comunes en la etapa de la infancia son las asociadas a una malnutrición, ya sea por carencia o por exceso de nutrientes. De la primera, la más evidente es el retraso del crecimiento; pero también se asocia con esa falta de nutrientes a la anemia. Según la más reciente encuesta de situación nutricional realizada en nuestro país, esta es una de las problemáticas más comunes, pues uno de cada cinco niños la padecen.

La obesidad se encuentra en el otro extremo, y trae consigo una serie de padecimientos que se ramifican de ella, como las enfermedades cardiovasculares  y la diabetes.

“Hay otras muy frecuentes en el niño actual, tales como los problemas gastrointestinales y las alergias alimentarias. Estas son más comunes durante los primeros meses de vida y hasta los dos años, debido a la inmadurez del sistema inmunológico”, asegura la doctora Clara Rojas, especialista en nutrición infantil. En efecto, el consumo excesivo de comida chatarra o de alimentos ricos en preservativos y químicos, ha logrado un aumento considerable de casos de niños con gastritis y otras enfermedades relacionadas.



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Asesoría: Doctora Clara Rojas. Especialista en nutrición pediátrica. Consultora de Nutrición Pediátrica del Programa Mundial de Alimentos de la ONU. Miembro de la Asociación Colombiana de Nutrición Clínica y de la Asociación Colombiana de Endocrinología Pediátrica. Clrojasm2010@gmail.com

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