Bullying… ¿entre hermanos?

Bullying… ¿entre hermanos?
Muy a nuestro pesar, el bullying está presente en cualquier lugar, no es exclusivo de un sector de la sociedad y no es predominante de algún género determinado. //
Bullying… ¿entre hermanos?
Comparar, ridiculizar o desacreditar a alguno de los hijos, lo único que hace es llevar el enfrentamiento, que de por sí existe y siempre ha existido entre hermanos, a grados extremos. //
Bullying… ¿entre hermanos?
La ambigüedad en las normas dentro del hogar hace que los jóvenes pierdan la confianza en la mediación del adulto y busquen hacer justicia por mano propia. //
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“Todo el tiempo viven compitiendo, pero eso es hasta sano”. “Si tu hermano te pegó, fue por algo”. “A estos muchachos se les ocurren unos apodos, él le dice ‘Lali’, dizque porque es ‘La Lisiadita”… ¿Le suena familiar alguna de estas frases cuando se refiere a sus hijos? ¡Cuidado! Tal vez, sin saberlo, le está abriendo la puerta a un villano más malvado que el Guasón y el Duende Verde juntos.

Todos los padres debemos convertirnos en unos superhéroes y cerrarle el paso al  bullying o matoneo, un fenómeno que es viejo, pero que en los últimos años salió a la luz pública y ahora es analizado por sicólogos y profesores, que intentan cerrarle el paso para que no siga causando más víctimas en las aulas escolares. Infortunadamente ahora les tocó a los padres mirarlo de frente, porque ya llegó a algunos hogares y se metió en la relación entre hermanos.

Cada hogar es un mundo aparte, con sus defectos y hermosas virtudes, y nadie tiene derecho a entrar y robarnos nuestra tranquilidad, menos aún si se trata de un visitante indeseable. Por ello, en estos momentos, lo que más les conviene a padres e hijos es construir a su alrededor un muro muy alto, con una puerta resistente y reforzada con un candado ultraseguro para no dejar entrar a unos de los principales enemigos de las niñas, niños y adolescentes: el bullying.

En la década de los setenta, el sicólogo noruego Dan Olweus  fue el primero en hablar del tema. Durante estas últimas décadas lo investigó a fondo e incluso ya logró crear un completo programa de prevención.

Sobre el significado del término hay dos teorías: unos dicen que viene del vocablo holandés “boel”, que significa amante, pero en el sentido peyorativo de la palabra; otros aseguran que su origen es la palabra inglesa “bull”, toro. En lo que sí están de acuerdo todos, es que es un problema que afecta seriamente a los niños y a los jóvenes… no sólo en su vida actual, también en la futura.

Si bien el tema nos comenzó a preocupar desde que escuchamos las primeras noticias, teníamos la falsa seguridad de que en casa nuestros hijos estaban  protegidos, pues se decía que este terrible comportamiento tenía, por así decirlo, una residencia fija: el colegio.

Sin embargo, desde hace un tiempo los sicólogos están viendo con asombro que cual malandrín que cambia de madriguera, el bullying o matoneo (como se le conoce en español) empacó toda su maldad y está buscando refugio en otro lado… más exactamente en el hogar y en medio de los hermanos.



¿Un candado abierto?

Ninguna familia es perfecta, así que no se trata de rasgarse las vestiduras ni lanzar culpas. No obstante, sí es importante conocer las principales causas por las que el bullying ha llegado a algunos hogares.

Lo primero que debemos saber es que, muy a nuestro pesar, “el bullying está presente en cualquier lugar y no es exclusivo de un sector de la sociedad y no es predominante de algún género determinado”. Así lo explica la sicóloga de la Universidad San Buenaventura de Medellín, Olga Lucia Henao.

“Anteriormente, este término no era tan reconocido, pero debido al incremento alarmante en casos de persecución y agresiones que se han detectado, sobre todo en los colegios, se está dando la alarma para profundizar sobre el tema”. Esto ha llevado a señalar  que ciertas circunstancias, al igual que los comodines que solía dejar el Guasón en sus víctimas, pueden ser una señal de alarma. Por ejemplo:



- Padres ausentes. Antes, en especial las madres, tenían más presencia en el hogar. “Ahora ambos padres trabajan o como están divorciados, dejan la  responsabilidad de la crianza en segundo término, o en el mejor de los casos, permiten que la autoridad la ejerzan varias figuras, como por ejemplo, hijos mayores (que pueden abusar del poder) o cuidadores frustrados o decepcionados de sus propias vidas, que tienden a caer en la permisividad o excesiva autoridad”, asegura la sicóloga.



- Divorcios conflictivos. “Enfrentamientos verbales y físicos, falta de respeto entre los cónyuges, la desautorización retirada de las normas que impone cada uno a sus hijos o intentar que los pequeños tomen partido… todo esto sirve de modelo a los hijos en formación y causa en ellos dolor y ansiedad”.



- Normas poco claras. Un estudio realizado por Alfredo Ghiso, docente investigador y coordinador del Grupo Laboratorio Universitario de Estudios Sociales de la Fundación Universitaria Luis Amigó, y Viviana Ospina, investigadora del mismo ente, asegura que la falta de pertinencia en las normas es entendida por los jóvenes como de “poco interés” o “débil control de los mayores” frente a la intimidación. Es por esto que pierden la confianza en la mediación de los adultos y deciden hacer justicia por su propia mano.



- Rivalidad fraternal mal manejada. Sin darse cuenta, muchas veces los padres promueven la insana competencia entre hermanos, con la falsa creencia de que esto les ayudará a superar sus debilidades. Pero comparar, ridiculizar o desacreditar a alguno de los hijos, lo único que hace es llevar el enfrentamiento entre hermanos, que de por sí existe y siempre ha existido, a grados extremos e insanos para las relaciones familiares.



¬ - Excesos a la hora de educar. “Los padres deben estar atentos a la forma como educan, pues muchas veces no son conscientes de que su orientación y acompañamiento se basa en ofensas, humillaciones o golpes, o por el contrario, sobreprotegiendo, sin poner ninguna clase de límites”.



¿Cuándo es bullying entre hermanos?

Es muy cierto: “Una pelea ocasional, no querer pasar tiempo con el hermano, negarse a  realizar alguna actividad juntos,  no prestarle sus objetos personales, son conductas normales y no pueden ser consideradas bullying”, explica la doctora Olga Lucía.

Según la especialista, tampoco tienen nada de malo las discusiones, los empujones, las bromas e incluso las  ridiculizaciones. “Para que una de estas conductas pueda dar la alarma de un posible bullying entre hermanos, debe tener tres componentes: que se repita en el  tiempo, que sea intencional y que busque causar daño”.

Los principales signos que pueden indicar que ese archienemigo con nombre extranjero ha cruzado la puerta de nuestra casa son:

- Dolor de estómago o de cabeza. Cuando alguno de sus hijos se queja de este malestar sin que exista una causa física, especialmente si se presenta después de pasar algunas horas en compañía de su hermano y sin la presencia de ustedes o de un cuidador responsable en casa.

- Pesadillas, sueño intranquilo o cambios significativos en su rutina de dormir. Este es tal vez el síntoma más diciente. Siempre que alguno de sus hijos tenga problemas de sueño debe averiguar la causa.

- Comportamientos extraños entre los hijos. El hijo menor se muestra muy angustiado, mientras que el mayor parece seguro y como su tuviera todo bajo control. Tenga presente que en el bullying, por lo general, el acosador tiene más poder de alguna forma, ya sea por su tamaño, madurez o edad. Los cambios repentinos y bruscos de humor, como llanto, constante irritabilidad o tristeza profunda, también pueden indicar un problema

- Moretones o heridas que no tienen explicación. Busque las razones. Por más despistado que sea su hijo, eso no es excusa para que se ‘golpee’ todo el tiempo. Como padres siempre debemos estar pendientes de la manera como nuestros hijos juegan y se relacionan entre sí.



7 cerrojos seguros

El candado que va a ponerle el freno definitivo al bullying, está compuesto por siete piezas claves. La buena noticia es que todas son muy fáciles poner en práctica.

1.  Diálogo. “Una comunicación positiva, en la que se oriente sin juzgar, es determinante para  solucionar las posibles dificultades familiares”, asegura la doctora Henao. Nada de decir: “No le hagas caso, tu hermano es terrible”, “no puede ser posible…”, “que te sirva de lección para que no seas tan llorón”… Si alguno de sus hijos viene a contarle un problema, lo primero que debe hacer es escucharlo con atención. Antes de sentenciar cualquier conducta, es vital saber qué pasa en el mundo de nuestros hijos

2. Normas. En toda familia deben existir reglas y deben cumplirse tanto si se trata de premios como de castigos. No importa si usted llegó rendida del trabajo, le duele la cabeza o este es el único ratico que tiene para descansar. Si detecta que alguno de los niños se está comportando mal, debe corregirlo; pero calma, nada de gritos o golpes. “Debe existir una coherencia entre lo que se piensa, se dice y se realiza, de tal manera que la autoridad sea clara y creíble para los hijos”, asegura la sicóloga.

3. Cero violencia. Enséñeles a sus hijos a manejar la ira. Que respiren profundamente, que piense en algo que les agrade o que utilicen el viejo truco de contar hasta 10. Pero recuerde: el ejemplo debe darlo usted.

4. Afecto. Ningún hijo será malcriado si tiene en exceso abrazos, besos, elogios. Todo lo contrario: estos son vitales para su normal desarrollo emocional, desde que nace y para siempre. Para el sicólogo Dan Olweus, es necesario un ambiente cálido en el hogar para prevenir  cualquier tipo de agresiones tanto dentro como fuera de casa. Si un niño se siente querido y valorado, tiene una alta autoestima, lo que lo hace menos vulnerable.

5. Evitar los celos. Cuando un niño siente que el amor de sus padres se está “reduciendo”, puede actuar de manera violenta. Asegúrese de que cada hijo recibe la misma atención por parte suya y de su pareja, y que se siente querido, valorado y aceptado dentro del hogar. Pasar tiempo a solas con cada uno es una actividad que deberían instaurar todas las familias.

6. Nada de apodos. Ni “nene”, “gordo”, “beba”, “princesa”… A los hijos es mejor llamarlos por su nombre, evitando también los diminutivos. En el estudio de Alfredo Ghiso y Viviana Ospina se descubrió que los sobrenombres son unos de los principales detonadores de peleas… así que es mejor evitarlos.

7. Buscar ayuda. Si algo le dice que las cosas no están bien entre sus hijos (no subestime el valor del sexto sentido materno y paterno) o tiene problemas con su pareja, es el momento de consultar con un especialista. Ofrecer un ambiente para el adecuado desarrollo emocional de sus hijos es una razón más que valedera para decidirse a pedir una cita.



“¿DÓNDE APRENDE ESAS MAÑAS?”

Malas noticias. Si bien es cierto que el bullying es un fenómeno que comenzó en los colegios, todos los investigadores están de acuerdo en afirmar que este comportamiento no nació allí. Las intimidaciones, las amenazas, el chantaje y las humillaciones son aprendidos en casa.

De allí la importancia de ponerles freno de inmediato a las relaciones abusivas, ya sea por parte de algún miembro de la pareja o de uno de los hijos. El maltrato es una cadena: quien es maltratado, por lo general, va a comenzar a maltratar a otros.

Tenga especial cuidado con sus hijos adolescentes. A esta edad ya pueden darse cuenta del daño que les provocan a otros, y es aquí cuando los padres juegan un importante papel en el control de situaciones y comportamientos agresivos.

En los más pequeños, como los niños de edad preescolar, es difícil que esto suceda, ya que ellos son egocéntricos y centrados en sus propios juegos. Así, sus comportamientos agresivos se originan en querer defender algo y no con el objetivo de hacer daño.



MANOS AMIGAS

• La Fundación  Luis Amigó, el CES y la Universidad de Antioquia, junto con el IPC y la Corporación Región, crearon un observatorio sobre violencia escolar que busca ponerle freno a este problema.

• El ICBF  inició una campaña para erradicar el matoneo en los colegios colombianos. El instituto se compromete a brindar atención a las familias de los niños afectados e invita a los jóvenes y los docentes a que denuncien los casos a las líneas gratuitas 018000918080 y 018000112440.

• En los últimos años se han publicado varios libros sobre el tema. Por ejemplo, Aprenda a entender y a detener el matoneo, escrito por la investigadora y experta brasilera en el tema, Cloé Fonte. A través de preguntas respuestas, el libro da claves a profesores, padres y estudiantes sobre cómo prevenir el abuso entre ‘iguales’ en los colegios y escuelas.

• Por su parte, la sicóloga María Elena López, experta en temas de familia, infancia y adolescencia, escribió dos libros orientados a tratar este tema y dirigidos a sus protagonistas: para los niños de 9 a 15 años, Basta ya, el bullying puede parar, y para los padres y maestros, La intimidación escolar o bullying: un asunto serio.



• El canal de entretenimiento Cartoon Network y sus socios regionales lanzaron la campaña Basta de Bullying e invitaron a los estudiantes y adultos de toda América Latina a firmar un compromiso en contra de este problema y actuar juntos para ponerle un alto. Con la firma del compromiso, al cual se puede acceder en www.bastadebullying.com, los estudiantes se comprometen a alzar la voz para detener el bullying cuando son testigos y buscar la ayuda de adultos de confianza. “Cuando vea a un niño que esté siendo humillado o lastimado, diré algo. Voy a hablar sobre bullying con mis amigos y los adultos que forman parte de mi vida, para que todo el mundo sepa que yo creo que molestar a otros está mal”.



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Asesoría: Doctora Olga Lucia Henao, sicóloga de la Universidad San Buenaventura.

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