Catalina Aristizábal: Una mujer de los años cincuenta

Catalina Aristizábal
“Este es un popurrí de almacén, encuentras de todo. Hay hasta pestañas postizas que se usaban en la época, botones, muchos tesoros. Aunque ha sido difícil encontrar cosas en el país, nos hemos ayudado con lo que hemos comprado en los viajes”. //
Catalina Aristizábal
“Cuando vengan a Bogotá, visiten el lugar. Es un sitio turístico realmente, porque pueden encontrar muchas cosas lindas de otros lugares del mundo, de otras épocas. Así el plan no sea venir a comprar, recordar es vivir”. //
Catalina Aristizábal
“Tengo vestidos que solo se han usado dos veces en la vida. Hay que ver la calidad y el estado de las cosas. Cuando ves uno como esos, que no consigues en ningún lado, pues decides… A mí no me importa, yo lo compro feliz. Después corres el riesgo de comprar otro y que todo el mundo esté vestido igual”. //
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Entrar a la boutique de Catalina Aristizábal es como dar un paso hacia dentro de ella misma. La exquisita mezcla de buen gusto, moda, arte y exclusividad ambientan su propuesta. Con la complicidad de un espacio pequeño, lo acogedor de The Vintage Shop no solo radica en los tesoros que alberga, también se agradece la música y la sensación de estar en un lugar atemporal.

Precisamente, la propuesta es esa: embarcarse en un viaje en el tiempo y dejarse guiar por la sensibilidad y la calma de su propietaria. Eso sí, hay que entrar sin ningún afán, pues como ella misma dice, “esto no es entrar por salir, acá uno se puede quedar horas”. Claro que sí, porque el vintage es especial por eso, trasciende el encuentro con hermosas piezas antiguas de diseñador y nos acerca a la moda y a la realidad de una época que sobrevive en sus objetos.

Así como el automóvil de Medianoche en París, la divertida película de Woody Allen, en la que el protagonista se va de paseo por la ciudad de los años veinte, la boutique de Catalina es un portal directo a otras épocas.

Anillos, aretes, prendedores, guantes, tiaras, pulseras, perfumeros, sombreros, pañuelos, zapatos, abrigos; un museo que recopila la moda del siglo veinte, sus momentos de gloria y de rebeldía, los puntos más altos a los que llegaron la confección y la elegancia en su estado más puro. 

¿Nació en la época equivocada?

Para Catalina, contestar esta pregunta es muy fácil. Mientras nos muestra  sus mejores prendas encuentra una balaca negra de los años cincuenta y ahí se queda, simplemente pesando. “Esto me lo pongo todos los días de la vida y me pregunto: ¿Achh, por qué no nací en esa época? Sí, debí haber nacido en los cincuenta”.

El Vintage es un movimiento mundial que lleva varios años recorriendo nuestro planeta. Los colombianos nos hemos acercado a él en especial a través de publicaciones internacionales como Vogue, básicamente porque en los años veinte nuestro país no era precisamente cuna de diseñadores. El poder adquisitivo y los círculos de la moda estaban en Europa, por lo que hablar de vintage en esas latitudes, era tan natural como tomar vino.

“La idea –explica Catalina- nace de los sitios que me gusta frecuentar cuando viajo. Acá no existía uno que reuniera lo que hay en mi boutique: prendedores, joyería, pulseras y collares de los años veinte, de los años treinta; carteras, sobres en pedrería, sombreros que existían antes y que ahora están mandados a recoger. Traer piezas del pasado para mezclarlas con prendas del presente y crear un look único… eso es el vintage: conseguir una prenda que sabes es exclusiva y que tiene su historia”.

De la mano de su socia Carla Sigismund, quien lleva más de 20 años en el mundo de las antigüedades, el trabajo de reunir tantas ‘joyas’ ha sido arduo y constante. Cosas de las abuelas de sus amigas, algunas otras que llevan los clientes, broches comprados por Carla, muchísimos vestidos y accesorios que la propia Catalina ha adquirido a lo largo de sus viajes.

El guardarropa emocional de Catalina

“Uhh, acá he puesto muchas cosas mías –dice mientras sigue el recorrido por la tienda-. Este quimono lo compré en un anticuario, tiene por lo menos 25 años y está intacto,  perfecto. No fui muy de los ochenta, pero de esa época guardé muchas cosas; esto era de mi mamá, por ejemplo”. (Y nos muestra una camisa de flores con boleros).

Qué difícil debe ser salir de tantas cosas bellas y valiosas. Pero ella es de las que no se apega, prefiere compartir sus gustos y darle un look a su almacén. Aunque sobre algunas cosas ha dudado en venderlas, su prioridad es el negocio. Hace poco se fue uno de sus bienes más preciados, un vestido verde de los setenta con apliques plateados. “Me alegra que a la gente le guste lo que a mí me gusta, ese lo tenía hace como diez años conmigo, era divino, pero quedó en muy buenas manos”.

Sin embargo, todos tenemos una prenda que sobrevive a las limpiezas del armario. Ni la propia Catalina se salva de ello y nos confesó que la suya son unas botas de Marc Jacobs compradas hace 12 años. “Me quedan hasta chiquitas, cada vez que meto el pie me duele, pero no las regalo porque las amo y ahí las tengo todavía. Son de un color que no existe, encontrar un azul como el que ha manejado Jacobs, con el tacón que usa y la punta redonda que es su fuerte, no se consigue. Así que aunque me duela el pie, algún día me las volveré a poner”.

En la lista de accesorios que añora están los prendedores. No gratuitamente tiene una cenefa llena de ellos en la boutique. “Escoger uno se convierte en una tarea algo difícil; yo, a cierta ropa, se los pongo. Ahora se nos ha olvidado lo lindo que es un prendedor en la camisa, en un saco. Además los hay para día, para noche, hay casuales, cargados, sencillos… es mucho más lindo encontrarse un prendedor que un botón”.

Lecciones de vintage por una experta

- Muchas mujeres siguen las tendencias de la moda y sus últimas colecciones. ¿Qué les diría del vintage?

Mi respuesta tal vez no es directamente para las que les gusta estar a la moda. Va dirigida a aquellas que realmente valoran las piezas antiguas y únicas. Es para gente que quiere crear un estilo propio, que le gustan las piedras envejecidas, la ropa de marca, pero no de la última temporada sino, por ejemplo, una cartera de Chanel que se usó hace 30 años.

-  ¿Qué otros diseñadores están en la boutique?

Hay de todas las marcas. Manejamos Chanel, Louis Vuitton, zapatos de Shaq Jordan, Dolce & Gabbana, Pucci, Gucci, Christian Dior... Otras cosas no son de marca, pero evocan la época a los setenta, cuarenta, sesenta…  incluso hay algunas piezas de los noventa.

También sombreros antiquísimos y la fantasía fina de hace 120 años, con mucho valor por su época, por sus años y por su técnica también.

- ¿Hay reglas en esta tendencia?

No hay ninguna. Puedes usar algo de leopardo o una combinación de flores; todo se vale. Lo bonito es poder conseguir cosas de otros momentos, de muy buena marca y a muy buen precio.

- ¿Qué es lo que más se ve en cuanto a materiales y a colores?

Antes se usaba mucho el encaje. Tengo una hermosa chaqueta de los sesenta cubierta por un encaje negro en flores. Predominan también las sedas, sobre todo en los vestidos y pañoletas. En cuanto a colores, hay mucho plateado, dorado, flores de todos los colores.

- ¿Y cómo sabe una mujer que no se le pasó la mano?

Estás mal cuando encima de una blusa te pones un chaleco y sobre él te pones un abrigo; y además al pantalón le montas unas botas y te pones las gafas en la cabeza.  Yo creería mejor salir de camisa con el abrigo en la mano.

Y en la noche, si vas a usar una tiara, es porque tienes un vestido sencillo; si te pones unos aretes grandes, no le montas un collar enorme, y si prefieres el collar pues le buscas unos topos; los abrigos no van con las pañoletas. En colores todo se vale.

- ¿Cómo se cuida una prenda tan antigua?

Es muy difícil. Por ejemplo, aquí todo se vende en excelente estado porque no queremos llenarnos de ropa vieja. A la gente le gusta comprar y comprar cosas bonitas y de calidad.

A la joyería se le hace mantenimiento, todo lo restauramos con mucho amor y cuidado. No brillamos, porque nos gusta el color natural de la fantasía, envejecido.  Eso es vintage, ¡ya lo que brilla es oro!

- ¿Cómo ve el mercado en Colombia?

Espectacular, vienen de todas las edades. Hay niñas muy jóvenes que se la pasan en la tienda y ya se han llevado cosas que han sido mías: unas ruanas que se cruzan con capota, unas blusas de seda que estoy confeccionando. Se han vendido chaquetas de peluche, muy usadas en Europa y Estados Unidos; camisas con flores y cadenas, carteras, broches para calle, pañoletas y joyería… toda la que tú quieras.

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