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Cigarrillo y obesidad: Enemigos silenciosos de la fertilidad

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El sueño de muchas parejas de ser padres se convierte, en ocasiones, en un camino lleno de frustraciones. Los tratamientos son costosos, existe un alto nivel de desinformación y es un problema que tarde o temprano afecta la vida en pareja.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) reportó en 2011 que más de 80 millones de personas en el mundo sufren de infertilidad, entendida como la incapacidad de una pareja para conseguir un embarazo que llegue a buen término, tras un año de relaciones sexuales regulares y sin protección.

Por eso han llamado la atención un par de enemigos silenciosos, que poco a poco empiezan a ocupar un lugar importante en las principales causas de la infertilidad: el tabaquismo y la obesidad.

“Hay un aumento en la incidencia de factores de infertilidad relacionados con el cigarrillo y con un estilo de vida sedentario. Una nutrición inadecuada, con exceso de carbohidratos y de comidas con preservativos, llevan a la intoxicación crónica de los tejidos”, explica la doctora Giuliana Puccini, especialista en Ginecología  y Obstetricia.

Pero, ¿cómo dos aspectos qué parecen ajenos influyen en la fertilidad de un hombre y una mujer? Es sencillo, los malos hábitos inciden de una manera irreversible en el cuerpo, entre ellos, los órganos reproductivos. Y  aunque existen muchas causas asociadas a la infertilidad,  es cada vez más frecuente encontrar parejas cuyo diagnóstico es asociado con fumar o tener malos hábitos alimenticios.

Humo y sobrepeso

Fumar causa infertilidad porque el tabaco acelera la pérdida de óvulos y afecta la oxigenación de los tejidos y la motilidad (movimiento) en las trompas de Falopio.  Además, puede adelantar en varios años la menopausia e interfiere en la capacidad para producir estrógeno.

Siempre que la madre es fumadora, existe una alta probabilidad de tener complicaciones en el embarazo, los cuales van desde anomalías genéticas hasta la pérdida del bebé.

Según estudios de la Asociación Estadounidense de Fertilidad (AFA, por sus siglas en inglés), si una mujer fumadora decide someterse a un proceso de fertilización, en la mayoría de los casos necesita casi el doble de intentos que una madre que no tenga el hábito del cigarrillo.

Entre tanto, los hombres que fuman tienen un menor recuento de espermatozoides y mayores anomalías a la hora de concebir.

La obesidad también es una causa importante de infertilidad. Está relacionada en las mujeres con largos intervalos entre los períodos menstruales y el exceso de ciertas hormonas que inhiben la ovulación. En relación con el riesgo del sobrepeso, entre el 4 y el 5 por ciento de las mujeres en edad reproductiva tienen Síndrome de Ovario Poliquístico (SOPQ), una causa común de infertilidad femenina, que se exacerba con la obesidad.

En los hombres ocasiona problemas en los vasos sanguíneos, que tarde o temprano desencadenan impotencia.

Lo más preocupante es que en el 85 por ciento de los casos, según datos de la OMS, la obesidad en personas mayores de 25 años es un problema de hábitos y sedentarismo. Es decir, las parejas aumentan las probabilidades de no poder concebir por culpa de hábitos que pueden ser manejados y corregidos a tiempo.

Pero estar por debajo del peso normal también es un problema, pues las mujeres pueden dejar de ovular, de tener períodos regulares o dejar de menstruar y por ende, concebir es mucho más complicado.

La recomendación es estar al tanto del Índice de Masa Corporal (IMC) y de consultar un especialista si se notan variaciones importantes en el peso y la talla.

El pasado no perdona

Las Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) constituyen un importante factor de riesgo para hombres y mujeres que quieren ser padres. Muchas de estas infecciones son silenciosas, sin síntomas, y las secuelas solo se vienen a descubrir al momento de concebir.

Se calcula que en promedio los jóvenes empiezan su vida sexual a los 14 años, pero solo hasta los 18 o 19 tienen conciencia del uso del preservativo, no como método de planificación sino como protección ante las ETS.

Es decir, en los primeros años de vida sexual el organismo está expuesto a un sinnúmero de patologías que más adelante pasan cuenta de cobro.

La clamidia (Chlamydia) es una de esas enfermedades. Esta es una bacteria que no provoca síntomas y no se detecta a través de exámenes convencionales, por lo que puede permanecer por años en el aparato reproductor femenino, causando inflamación y alteraciones que obstruyen las trompas de Falopio e impiden el desarrollo normal de un embarazo.

Algo muy parecido ocurre con la gonorrea, ya que una mujer puede ser portadora sin saberlo. Esta bacteria tiene la capacidad de dañar progresivamente su aparato reproductor, hasta dejarla infértil.

Los hombres también pueden poner en riesgo su vida reproductiva si no detectan a tiempo infecciones o bacterias presentes en su organismo. Además es posible que infecten a sus parejas, originando problemas en su proceso de reproducción.

ELLOS…

Los problemas de fertilidad masculina tienen unos orígenes importantes. Básicamente, se dividen en causas pretesticulares, testiculares, postesticulares y problemas de la eyaculación.

- En el primero grupo se encuentran los problemas del sistema de regulación hormonal, que son responsables de aproximadamente 10 por ciento de los casos de infertilidad masculina. Aquí, los hombres tienen dificultad para que el cerebro fabrique la hormona que estimula a los testículos para producir testosterona y llevar a cabo la producción de espermatozoides. Esto generalmente se soluciona con terapia de tipo de hormonal.

- En la siguiente causa, el propio testículo está asociado con la no producción de células sexuales. Puede generarse por enfermedades hereditarias o congénitas o lesiones graves que afecten de manera importante el aparato reproductor.

- Las causas postesticulares  representan cerca del 6 por ciento de la infertilidad y se refieren principalmente a aquellos problemas de obstrucción de los conductos por donde los espermatozoides se movilizan.

- También están los problemas de eyaculación, que constituyen alrededor de un 10 por ciento de las causas de infertilidad masculina. Dentro de los trastornos de eyaculación, él más frecuente es la eyaculación retrógrada, es decir, que el semen eyaculado, en lugar de dirigirse hacia el exterior, se va hacia atrás, a la vejiga, imposibilitando la descarga dentro de la vagina y la consiguiente posibilidad de embarazo. 

- También son causas de infertilidad algunos desórdenes sexuales como disfunciones eréctiles o la eyaculación prematura o precoz.



No es un tema de faldas

A través de los años se ha asociado la infertilidad a la capacidad que tiene una mujer de darle un hijo a un hombre. Pues bien, este odioso mito poco a poco ha ido quedando sin piso, pues los especialistas han demostrado que tanto hombres como mujeres pueden tener problemas en su aparato reproductivo.

En cifras, las probabilidades son iguales: alrededor de un tercio de las causas se deben a problemas de la mujer; otro tercio a dificultades masculinas; y las otras causas restantes, a problemas de ambos o a condiciones desconocidas.

Lo importante es que en el proceso, sea cual sea la causa, exista una ayuda mutua y una colaboración constante, para que ninguno de los dos se sienta culpable.

Infertilidad secundaria

Haberse embarazado previamente es un indicador de que una persona fue fértil en algún momento de su vida. Pero esto no quiere decir que puede concebir después sin ningún problema. “De hecho, el mayor grupo de personas infértiles está compuesto por quienes padecen la llamada infertilidad secundaria”, asegura la doctora Puccini.

Este tipo de infertilidad consiste en la incapacidad de concebir un hijo o llevar un embarazo a término tras haber concebido a uno o más hijos. Este grupo generalmente está conformado por personas de mayor edad y con más posibilidades de contraer enfermedades.

En las mujeres, la mayor reducción de la fertilidad comienza a partir de los 35 años: el 95 por ciento de las mujeres a esta edad logrará embarazarse después de tres años de tener relaciones sexuales de forma regular y sin protección, mientras que solo el 75 por ciento de las mujeres de 38 años de edad se embarazará transcurrido ese mismo período teniendo relaciones sexuales regulares y sin protección.

Padres jóvenes

La edad sí influye a la hora de querer concebir un hijo. Incluso, si los padres tienen un estilo de vida saludable, con los años las posibilidades se reducen.

Para cuando una mujer cumpla 45 años, ya tendrá menos de un 5 por ciento de posibilidades de concebir y más de un 70 por ciento de tener abortos espontáneos aunque haya concebido con sus propios óvulos.

Y en los hombres, el tema no varía. Aunque ellos creen que su edad no afecta las posibilidades de que su pareja se embarace y de tener un hijo a término, la realidad es que cada vez más investigaciones han observado que aquellos de más de 40 años corren mayor riesgo de procrear una descendencia con anormalidades cromosómicas, lo que puede incrementar la tasa de abortos espontáneos en sus parejas.

Entonces, ¿qué hacer?

Si bien existen tratamientos para la mayoría de los problemas de fertilidad que afectan a hombres y mujeres, el 20 por ciento de esas parejas recibirá un diagnóstico de ‘infertilidad sin causa aparente’.

Para las mujeres existe un examen radiológico en el que se inyecta en el cuello del útero un colorante (medio de contraste) que se desplaza a las trompas de Falopio. Esto permite observar la forma y posible presencia de anomalías en el útero y la permeabilidad de las trompas de Falopio.

Para los hombres está el análisis de semen. Este debe ordenarse temprano en el estudio de la infertilidad de la pareja, para determinar si el número de espermatozoides en el eyaculado son suficientes y capaces de fertilizar el óvulo.

En ambos casos (hombre y mujer), puede ser necesario hacer análisis adicionales de sangre para detectar los niveles de hormonas, pues estas desempeñan una importante función en la producción, maduración y desarrollo de las células sexuales.

El tratamiento de fertilidad en ambos casos dependerá de lo que la pareja necesite y de su condición. Cada caso es distinto y debe ser evaluado por un especialista.

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