Indicadores económicos
2017-10-20

Dólar (TRM)
$2.921,92
Dólar, Venta
$2.848,00
Dólar, Compra
$2.680,00
Café (Libra)
US$1,41
Euro
$3.457,80
UVR, Ayer
$252,00
UVR, Hoy
$252,00
Petróleo
US$51,29

Estado del tiempo
2017-10-20

marea

Marea min.: -1 cms.

Hora: 20:31

Marea max.: 21 cms.

Hora: 11:37

Dirección viento: Variable

Intensidad viento: 9 a 19 kms/h

Temp. superficial del mar: 28 ºC

oleaje

Cartagena-Islas del Rosario: 0.5 a 1.3 metro(s) de altura

Estado

estado
Mín. 27 ºC
Máx. 32 ºC

Pico y placa
2017-10-20

Hoy no salen los vehículos con placa:

Vehículos Particulares

De lunes a viernes 7 a.m a 7 p.m

7 - 8
Taxis
9 - 0
Motos
1 - 3 - 5 - 7 - 9

Cómo disciplinar a un hijo sin llorar en el intento

Una crianza positiva y reflexiva, sin gritos, lágrimas e ira de parte y parte, suele tener como consecuencia niños exitosos, felices y con una sana autoestima.

Años atrás, algunos papás estaban convencidos de que si querían formar 'muchachos de bien', debían educar a sus hijos con mano dura. Para ellos, de nada valía el diálogo o los acuerdos si la idea era tener hijos disciplinados. Tenían incorporadas en su 'chip de educación’ las palabras ‘lagrimas’, ‘gritos’ y 'es por su bien'.
Olvidaban, quizá, que los padres educan a sus hijos casi que con cualquier intercambio que tengan con ellos y que la manera como lo hagan tendrá un impacto importante en el tipo de adultos que serán.
De acuerdo con María Elena López, sicóloga de familia y autora de libros sobre pautas de crianza, algunos padres sienten que carecen de las herramientas necesarias para combinar afecto y exigencia o libertad y responsabilidad y, adicionalmente, no tienen presente que los niños viven en un entorno distinto a aquel donde ellos fueron educados.
Un papá puede soñar con que su hijo deje la ropa sucia en el lugar indicado, recoja los platos de la mesa, no pelee con sus hermanos y tenga un rendimiento académico envidiable. Pero, seguramente, el niño no cumplirá con todos esos requisitos, porque no es perfecto de la manera como papá y mamá quisieran. Tiene una ‘perfección realista’, la cual permite errores y malos comportamientos como parte del camino hacia el crecimiento.

PERFECTAMENTE IMPERFECTOS
El mal comportamiento de un niño no refleja falta de compromiso o de habilidad de sus padres, y tampoco es indicio de que sea deficiente. Es, simplemente, una faceta del hecho de ser un ser humano. Y los hijos no tienen que ser perfectos para merecer el amor y apoyo incondicional de sus padres. Son autónomos, diferentes de sus progenitores y, desde temprana edad, sus decisiones comienzan a determinar el camino que tomarán más tarde.
No son pizarras limpias en las cuales pueda escribirse lo que se quiera, y los padres no son ciento por ciento responsables de cada acto de sus hijos. No es posible moldearlos a su antojo para convertirlos en las personas que los papás quieren que sean.
Sin embargo, la manera como ellos respondan y eduquen a sus niños es determinante en cómo serán éstos cuando adultos. Los padres, por tanto, sí importan y mucho. Así que para empezar la tarea formativa, la doctora López sugiere: tener claros los beneficios de la disciplina; identificar los métodos que funcionan vs. los que no en cada caso particular; tener claridad sobre cuál es el estilo educativo de los papás; definir claramente las normas, las reglas y las consecuencias de acatarlas o no; tener consistencia en la aplicación de éstas; saber qué esperar del niño según la edad y tener coherencia y acuerdo entre los padres sobre las pautas de crianza.

PARA PAPÁ Y MAMÁ
Si la idea es modificar el esquema mental de que lágrimas y disciplina deben ir de la mano, ponga en práctica las siguientes claves que la especialista Elizabeth Pantley propone en su libro Disciplina sin llanto (Editorial Norma):

1. Disfrute más el juego con sus hijos. Hágalo sin pensar en el reloj, en la llamada que debe hacer y sin sentirse culpable porque 'algo más importante me espera'.

2. No se dé tan duro. Reconozca el mérito de lo que hace bien y no examine tan severamente lo que hace mal. Todo el mundo comete errores. Si usted trata de ser un buen padre o madre, tiene muchas probabilidades de serlo.

3. Escuche a su corazón, más que a los demás. Mucha gente juzga lo que hacen los demás porque se sienten obligados a convertirlos a su propia manera de pensar. Así que si quiere, ábrase a las nuevas ideas, pero páselas primero por su tamiz moral.

4. Esté dispuesta a violar las reglas. Siga con más frecuencia lo que le dice su corazón. Aprecie al máximo cada momento que pasa con sus hijos, relájese y sepa que no tiene que actuar seria y autoritaria cada momento del día.

5. Recuerde que la disciplina no tiene que ser desagradable para ser eficaz. No se apresure a poner en práctica una disciplina dura y sin perdón. Intente los métodos suaves primero: solicitudes amables, llamamientos cariñosos y un abrazo.

6. Recuerde qué no es tan importante. La mayoría de los disgustos que los padres tienen con sus hijos se deben a asuntos menores (quejas cuando es la hora de ir a dormir o reclamos a la hora de compartir un juguete), pero realmente las cosas que hacen los niños y que a veces irritan a los padres son insignificantes en el panorama general de la vida.

7. Dé a las pequeñeces poca atención y a las cosas grandes, gran atención. Si usted le da la misma medida de energía a todas las cosas, no podrá controlar cuáles funcionan y cuáles fallan. Recuerde que los niños, y las personas en general, tienen una capacidad limitada.

8. Sus hijos le aman, aunque en algunos momentos piense que le odian. Los niños no son capaces de comprender las decisiones de los adultos; ellos son egocéntricos, y decirles 'no' es un obstáculo que les impide hacer lo que quieran y por eso se disgustan. Sepa que la molestia de ellos, originada por las decisiones de papá y mamá, es normal y no es contra usted. Aunque su hijo pueda no agradecerle sus decisiones ahora, más adelante entenderá que fueron parte importante de su desarrollo.

9. Viva el momento. Entre más lo haga, más satisfactoria será su vida cotidiana.

10. La disciplina no es una estrategia de un solo día. Disciplinar es una lección que no puede aprenderse en una sola sesión. A los niños hay que enseñarles las mismas lecciones, una y otra vez y de diferentes maneras, hasta que logren apropiarse de la idea.

CLAVES PARA LA CRIANZA
O para convencer a su hijo de que coopere en su proceso formativo:

1. Constancia. Ningún padre puede ser constante 100% como suele suceder en el colegio, donde existe una disciplina permanente. Sin embargo, entre más tome decisiones específicas sobre la disciplina y las lleve a cabo con continuidad, más fácil será la vida para usted y sus hijos.

2. El poder de las opciones. Mostrarle opciones a su hijo es un mecanismo muy eficaz. Preséntele sólo las que le agradaría que su hijo escogiera.

3. Jugar para ganar. Los niños perciben la vida como un gran juego; entonces, ¿por qué no aprovecharlo? Cualquier tarea, con poco esfuerzo, puede convertirse en un juego.

4. Use su imaginación. A los niños les encanta jugar con la imaginación. Al entrar en su mundo y jugar al igual que ellos, usted puede evitar confrontaciones sobre tareas cotidianas. Muchas situaciones pueden ‘endulzarse’ con un poquito de diversión.

5. Cuéntele un cuento. Éste captará la atención del niño y logrará que haga lo que usted quiere que haga. Puede utilizarlo para enseñarle una lección, ahuyentar el aburrimiento o hacer que se concentre en lo que debe hacer.

6. Discusiones frente a frente. Usted podrá obtener la atención de su hijo de manera más eficaz si se acercar a ella o a él, se inclina a su nivel y le habla frente a frente, clara y respetuosamente.

7. Use expresiones positivas. Intente formular sus expresiones en positivo y no en negativo.

8. Ahora vs. más tarde. La técnica de decirle 'cuando te pongas la pijama podremos leer un cuento', le enseña a su hijo la secuencia adecuada de los acontecimientos. Y además es una manera de evitar expresiones de lucha tipo: 'no, no hagas eso'. Usted le está diciendo al niño que sí puede hacer lo que quiere hacer, pero una vez haya hecho lo que usted le pide que haga.

9. Distracción y redirección. La distracción puede servir para evitar el mal humor y las pataletas. Un niño en plena rabieta se distrae si se le menciona que hay un gato afuera o una mariposa volando. La redirección es cambiar intencionalmente el foco de atención de una cosa a otra.

10. Las reglas, la clave de la paz. Las reglas funcionan mejor si son breves, se expresan con sencillez y se respetan. Decida cuáles son prioritarias, porque demasiadas complican la vida o se olvidan fácilmente.

11. Breve y claro. Aunque usted haga grandes esfuerzos por enseñarle una lección importante a su hijo, si habla demasiado y se empeña en una larga disertación, esto se convertirá en un aburrido sermón. Entre menos diga, más oye, entiende y recuerda.

12. Dígalo en serio. Si usted le pide algo a su hijo, pero no lo hace en serio y sin seguimiento hasta el final, el niño aprende que sus peticiones son opcionales.

13. Más rutinas diarias. Los niños responden bien ante patrones predecibles en sus vidas y las rutinas funcionan como guías subconscientes de cómo actuar. La constancia y la rutina le generan una sensación de seguridad.

14. No es malo ser firme. Cuando quiera que su hijo le colabore, no grite instrucciones desde la distancia y no dé orientaciones hablando entre los dientes. Diga lo que tiene en mente y no amenace. Hable con claridad y sea amable: ‘por favor’ y ‘gracias’ son palabras que debe usar. Mantenga la calma, la ira sólo empeora las cosas.

15. Sea flexible, no se inquiete. Trate de percibir las situaciones de la vida cotidiana tal como son en realidad. Un vaso de leche que su hijo derrama no es más que un reguero que requiere un trapo. Así que escoja sus 'batallas'.

20. Amor, confianza y respeto. Observe sus propias interacciones diarias y compruebe que el mensaje primordial para su hijo sea: “Te amo, creo en ti y te respeto”. ¿Cómo transmitirles ese mensaje? Primero, dándoles de su tiempo; segundo, escuchándolos; tercero, animándolos a diario y, cuarto, diciéndoles que los ama, cree en ellos y los respeta.

AYÚDAME QUE YO TE AYUDARÉ
De acuerdo con Elizabeth Pantley en su libro, los siguientes problemas hacen que los niños reaccionen de manera negativa a los intentos por crear disciplina:

1. Cansancio. Hasta un déficit de sueño de una hora compromete el comportamiento del niño.
2. Hambre. Los niños, muchas veces, no son capaces de identificar la sensación de hambre y esto puede afectar su energía, estado de ánimo y concentración.
3. Frustración. En medio de su deseo de lograr lo que se proponen, con frecuencia los niños se desaniman y se enfurecen. Se desesperan por tener éxito y se empeñan en seguir intentando aún si fallan varias veces. La solución es entender que su hijo tiene un impulso de conquistar el mundo y que a veces no logra lo que se propone.
4. Aburrimiento. Los niños tienen la necesidad de estar en permanente búsqueda de conocimiento. Su tarea es aprender cosas nuevas y cuando no se proveen de los estímulos adecuados, llenan el vacío con un colapso nervioso. Satisfaga su sed de conocimientos mediante juegos de palabras, señálele cosas interesantes y, si es posible, involúcrelo en lo que usted esté haciendo.
5. Demasiados estímulos. Cuando un niño está en una situación intensa, ruidosa y activa, es muy probable que su comportamiento también sea intenso, ruidoso y activo.
6. Temor. Algunas veces los niños tienen miedo, pero no pueden comunicarlo o creen que ese temor es inapropiado y no deben admitir que lo sienten. Entonces, en lugar de manifestarlo, comienzan a llorar o a pelear.
7. Confusión. El número de cosas que su hijo ha tenido que aprender en su corta vida son muchas y la lista está lejos de estar completa. Esa base de información limitada es la que el niño usa todos los días para funcionar en el mundo. La solución está en ser pacientes y comprensivos.
8. Problemas varios. Otros estados que pueden influir en el comportamiento de su hijo: decepción, impaciencia, celos, dolor, tristeza, vergüenza, timidez y estrés.

“HIJO, QUÍTATE LOS GUANTES”

Aunque algunos padres asumen como un juego que ante una negativa de parte suya su hijo les pegue -porque “ya llegará el día en que aprenda que eso no está bien”- la verdad es que deben corregirlo… ¡desde ya!

Algunas mamás y papás prefieren no detener, ni mucho menos corregir a su hijo, cuando ante una frase como “hoy no vas a jugar PlayStation”, él o ella decide tomar 'represalias físicas' contra sus padres. ¿La razón? Lo ven como un 'asunto de niños' o piensan que sería 'coartar su libertad de expresión'.
Incluso otros le permiten no bañarse si no quiere, lavarse los dientes una vez al mes, hacer a diario pataleta o comer lo que desea a la hora que prefiera… porque de tomar cartas en el asunto, podrían 'traumatizarlo'.
Vale la pena entender que durante la primera infancia, como parte normal de su desarrollo, los niños tienen comportamientos agresivos. Cerca de los 2 años, cuando empiezan a explorar el mundo, tienen un pico de agresión física caracterizada por pataletas y conductas desafiantes. Es la forma de expresar su necesidad de ser objeto de atención.
"Es una etapa de egocentrismo, en la cual todo debe girar en torno suyo, y donde comprenden que su mamá no hace parte de ellos. Como no pueden verbalizar ese proceso de separación, lo comunican a través de ese comportamiento", explica el doctor Christian Muñoz Farias, siquiatra infantil, miembro de la Sociedad de Siquiatría de América Latina.
Es justo entonces cuando el niño debe encontrarse con unos padres que lo orienten y le den directrices para que pueda canalizar, a través de una competencia emocional llamada autocontrol, ese instinto de agresividad. "Si el niño, por ejemplo, tiene hambre y le da por esto una palmada en la cara a la mamá, debe decírsele que eso no se hace, para enseñarle a evitar la agresión y a utilizar otras formas de interacción", completa la doctora Rocío González Bernal, master en Sicología y docente de Sicología Educativa.

¿HÁGASE TU VOLUNTAD?
Si el niño, porque está cansado, se cuelga del pelo de mamá, no se puede optar por algo como: “Tan tierno, mira como la jala” y asumirlo como un juego. Lo viable es explicarle que eso no se hace. “Debe ser -aconseja la doctora González- una corrección que enseñe, hecha con cariño, sin miedo y sin agresión. Nadie discute que en algún momento los papás puedan desesperarse y gritarle a su hijo 'te he dicho mil veces que no le pegues a tu hermano', pero es ahí donde debe entrar en juego el autocontrol; porque si los adultos no lo utilizan, ¿cómo pueden enseñarle a un niño a manejar sus emociones?
Corregir a un niño en el momento justo no debe ser entendido como sinónimo de darle una palmada o golpearlo. La idea no es corregir un comportamiento agresivo con otro similar, físico o verbal, sino tener paciencia para enseñarle otras formas de interactuar. Vale la pena establecer desde muy niño unas pautas de crianza eficaces, así como corregir y educar con afecto, a través de una conducta simbólica. Por ejemplo: si el niño está haciendo una pataleta, dejarlo solo durante unos minutos, en un espacio de reflexión.
Permitirle al niño cruzar los límites establecidos por la sociedad y adoptar conductas en contra de los demás, hace que la situación persista y que la use en otro tipo de escenarios, lo cual podría causarle aislamiento y rechazo. Un padre debe educar a su hijo con amor, pero con límites; así entenderá que las reglas existen.
"Es importante que los padres comprendan que corregir y educar no genera en los niños ningún impacto emocional negativo. Por el contrario, de no hacerlo, se corre el riesgo de que tengan problemas de socialización o desarrollen trastornos del estado de ánimo o de conducta", enfatiza el siquiatra infantil.

HORMONAS EN APUROS
La adolescencia, por su parte, es una etapa de cambios a todo nivel. Los que tienen lugar en el sistema hormonal, por influjo de testosterona o de estrógenos, pueden ser causa de irritabilidad o de agresividad.
La clave, por tanto, es aceptar y entender estos comportamientos, sin estigmatizarlos o etiquetarlos, y más bien hacer intervenciones que les permitan a los adolescentes entender qué y por qué les están sucediendo. Un joven educado bajo unas pautas de crianza eficaces podrá manejar esas nuevas emociones y las canalizará a través del autocontrol.
"Desde el punto de vista estructural o lo que sucede en el cerebro, la agresividad puede ser causada por un desbalance entre la corteza prefrontal, que aporta autocontrol, y el sistema límbico, encargado de controlar las emociones", asegura el doctor Muñoz.
Un adolescente con respuestas de agresividad quizá aprenda a manejarlas a través del fútbol, por ejemplo, pues si no canaliza ese instinto, terminará agrediendo a otras personas.

EL PICO DEL ICEBERG
Las conductas agresivas son el pico del iceberg. Debajo subyace una serie de conflictos sociales, emocionales o cognitivos. Muchas veces, trastornos del estado de ánimo pueden tener sintomatología de agresividad o de irritabilidad. En otras ocasiones, los comportamientos agresivos quizás ocultan dinámicas familiares conflictivas, abuso, maltrato y agresividad de los padres, quienes amenazan, gritan o consumen sustancias psicoactivas.
"Generalmente, son niños con bajo rendimiento académico y dificultades para adaptarse -explica la doctora González-. Un adolescente con problemas en su desempeño académico puede tener, instintivamente, una respuesta de agresividad, porque la frustración conduce a este comportamiento”.
Lo que sí constituye un factor determinante es la vida diaria: el colegio, la familia y el barrio. En cualquier contexto, el ejemplo es definitivo, pues la agresión puede aprenderse a través de la observación y la imitación.
Para muchos papás, la culpa de la conducta agresiva de sus hijos está en los programas violentos o en los videojuegos. Hasta cierto punto eso es cierto, porque con el paso del tiempo son comportamientos que un niño que está en un proceso de identificación puede interiorizar hasta llegar al punto de que le parezcan normales, e interactuar de esa forma.

LA TV TUVO LA CULPA
Pero lo malo, en realidad, no son los programas o los videojuegos, sino la manera como los adultos guían al niño en la exploración de esos medios. Olvidan que él carece de las herramientas para determinar qué modelo es aceptable y cuál no. No se trata, por tanto, de prohibirle acercarse a estos medios (porque finalmente los tiene a su alcance), sino educarlo para que entienda que no todo lo que está viendo es un modelo aceptable.
Lo que no puede discutirse es el valor que debe otorgársele a la vida cotidiana a la hora de enseñar comportamientos positivos (principalmente una tarea de los padres y también del colegio). Niños que viven en ambientes disfuncionales, donde hay maltrato o violencia, o tienen padres con pautas de crianza poco eficaces y que carecen de competencias emocionales como la empatía, tienen en su contra un factor que puede predeterminar respuestas agresivas e, incluso, trastornos de ánimo.

LO QUE SE HEREDA...
No hay investigaciones contundentes que vinculen la genética con la agresividad o que hayan encontrado “el gen de la violencia”. Pero es muy posible que padres violentos tengan hijos violentos, porque en la interacción con sus ellos usan pautas de crianza poco eficaces, las cuales promueven niños agresivos. Además, quien es víctima termina de victimario.
Ahí, precisamente, entra a jugar la educación, los valores y las reglas inculcadas para que, frente a la agresión, no se responda de la misma manera. "Un ambiente de ansiedad, estrés o angustia genera cambios biológicos y la persona puede responder de manera violenta en otros eventos -explica el doctor Muñoz-. Otras teorías señalan que los niños que viven desde muy temprano en ambientes expuestos al estrés, tienen una respuesta de cortisol diferente, la cual altera su parte hormonal y les lleva a responder agresivamente frente a la frustración”.

“SE ME SALIÓ DE LAS MANOS”
Los papás, generalmente, acuden al especialista en salud mental cuando la conducta del niño o adolescente afecta su desempeño funcional, su rendimiento académico, la dinámica familiar o cuando transgrede las normas de la sociedad y termina por vulnerar a otras personas.
"Es importante estar atentos a si el niño es rechazado, ansioso o anda muy solo, pues esto indicaría que emocionalmente no está tranquilo y que lo que se hace en casa y en el colegio no es suficiente", enfatiza la sicóloga.
La clave es pedir apoyo, porque una persona que no ha sido educada para canalizar adecuadamente la agresividad tendrá dificultades con sus habilidades sociales, será quizás aislada por su entorno y tendrá problemas de autoestima y trastornos del estado de ánimo.
Contrario a lo que algunas personas creen, a lo niños no hay que dejarlos crecer libre y ‘silvestremente’. Ellos son como un tren y el riel son los padres o las personas responsables de establecer el camino por donde deben ir.
“Los papás -concluye el doctor Muñoz- son artesanos de sus hijos y en la medida en que los puedan moldear adecuadamente, sabrán responder de una manera positiva a las distintas situaciones de la vida diaria”.

FOMENTAN LA AGRESIVIDAD...
- Los ambientes donde no hay interacciones positivas, respeto, aceptación y empatía por lo que el otro siente.
- Los contextos donde los papás discuten con frecuencia o hay violencia intrafamiliar.
- Las familias donde hay consumo permanente de alcohol.
- La presión de grupo en las instituciones escolares, pues los niños que agreden o intimidan a otros pueden arrastrar al grupo hacia lo mismo.
- La creencia machista de que a las mujeres se les pega o los ambientes con cierta permisividad hacia los comportamientos agresivos.

PARA EVITAR LA AGRESIVIDAD SE NECESITA...

- Colegios y familias que generen interacciones sanas, donde se le enseñe al niño a manifestar sus emociones y éstas sean escuchadas y valoradas.
- Contextos escolares enfocados en entender que no hay agresor sin agredido, y sin quienes le refuercen a éste su comportamiento agresivo.
- Intervenciones dirigidas a enseñarles a los niños cómo interactuar con los otros y a desarrollar competencias sociales.
- Programas de acompañamiento dirigidos a padres para que estén en capacidad de enseñarles a sus hijos cómo reaccionar frente a las emociones primarias.
- Enseñarles a los niños que algo que dicen o hacen puede herir a otros.
- Más comunicación con los adolescentes; escucharlos y negociar con ellos, porque no les gusta que les impongan las cosas.
- Un vínculo adecuado entre padres e hijos, construido desde que los niños son pequeños. Si se educan con afecto, ellos responderán de igual manera.
- Papás que indaguen primero por las razones de la conducta agresiva de sus hijos y que no opten por reprenderlos físicamente.
- Involucrar a los niños, desde muy temprano, en actividades deportivas. En ese escenario pueden desarrollar habilidades emocionales, como autocontrol y autoconfianza.
- Enseñarles valores claros sobre respeto, solidaridad y honestidad.

FRASE
"Si cuando alguien se equivoca recibe una palmada, esa persona entenderá que debe responder de igual manera cuando a otra persona le suceda lo mismo", Christian Muñoz, siquiatra infantil.

FRASE
"Los padres deben desarrollar competencias como: confianza en su rol, capacidad para construir un vínculo afectivo estable con sus hijos, el uso de estrategias de comunicación, así como sensibilidad y decisión para elegir qué 'batallas dar' con ellos". María Elena López, sicóloga de familia y autora de libros sobre pautas de crianza.

TEMAS

LEA MÁS SOBRE Nueva

Ranking de noticias

DE INTERÉS

Exprese su opinión, participe enviando sus comentarios. Las opiniones aquí registradas pertenecen a los usuarios y no reflejan la opinión de www.eluniversal.com.co. Nos reservamos el derecho de eliminar aquellos que se consideren no pertinentes. Consulte los términos y condiciones de uso.

Para enviar comentarios Inicie sesión o regístrese