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Miércoles 23 Mayo de 2012 Ediciones anteriores |
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En mi ejercicio como terapeuta y asesora de procesos afectivos, me he dado cuenta que increíblemente un gran número de mujeres me consultan porque se encuentran en conflicto interno: mantienen una relación en secreto y han aceptado ser la amante de alguien.
Son mujeres comunes y corrientes, discretas, trabajadoras, bonitas, buenos seres humanos. Pero en su mayoría tienen algo en común: historias pasadas afectivas de dolor y de fracasos. Incluso el hecho de no haber tenido un novio ha logrado bajar su autoestima. Entonces aparece ese ser maravilloso que las quiere, las acepta, les dice siempre que son lindas. ¡Es perfecto, su alma gemela!... pero tiene esposa o novia.
Al principio les parece terrible, luego “se van dando las cosas” y finalmente la creencia de que él es “el amor de su vida”, hace que las mujeres decidan quedarse en una relación compartida donde “esto es mejor que nada”, con tal de tener algo de amor y afecto.
El discurso de ese hombre
Casi siempre es: “Estoy mal con mi esposa, pero no puedo separarme de ella; es que tiene problemas psiquiátricos y si le termino, se suicida”… O “Yo te quiero a ti; mi esposa está loca, me trata mal, nuestra vida es un infierno, pobre de mí”. O “Yo te quiero a ti, estoy con mi esposa porque me toca, pero tú eres la mujer de mi vida”.
Por supuesto, es muy cómodo para el hombre tener a su esposa en casa, que le da estabilidad, amor, seguridad y confort, y por fuera a otra persona que le da placer, novedad y diversidad.
¿Querrá él perder a alguna de esas dos mujeres? ¿Si es tan terrible su vida de casado, por qué sigue ahí? Cualquier problema se puede resolver. Entonces, ¿por qué no lo resuelve y termina con su esposa, quien, según él, es tan terrible?
La amante, por supuesto, es una mujer deseada, admirada e incluso amada. Pero el quid del asunto es que los dos no están conviviendo. Las relaciones, a través de la rutina, cambian; no se dañan, solo pasan a otro nivel de construcción y compromiso, lo que a los ojos de algunas personas es algo rutinario, aburrido… la relación ya no es tan color de rosa.
Así pues, la amante es esa “novia” que saca de la rutina. Y yo les aseguro que cuando la amante se convierta en pareja estable, se perderá “el encanto” y esa increíble atracción.
Un mal final
En la mayoría de los casos, los hombres se quedan años en su posición cómoda, con sus dos mujeres. Por el contrario, “la otra” querrá pasar al siguiente nivel: “formalizar la relación”.
Al principio, la amante (del perfil que describí al principio) se sentirá mal por salir con un hombre comprometido. Sin embargo, luego pensará: “Pero es perfecto. Lo amo y además no tengo a nadie más”.
Pasa el tiempo y esa mujer enamorada querrá formalizar la relación, casarse, tener hijos. Y ese no es el deseo del hombre, él simplemente no desea escoger entre su esposa y su amante, las quiere a ambas.
El resultado, generalmente, es que todo termina mal. La esposa, con gran sufrimiento, así como los hijos (tanto si ella se entera como si solo percibe el aislamiento de su esposo); el hombre, moviéndose entre el confort y la culpa; la amante, aguantando, cada vez con una autoestima más baja… y al final, sola.
¿Qué hacer?
¡Decidir! El hombre, en su zona de comodidad, no lo hará (en la mayoría de los casos). Así que a quien le toca decidir es a la “otra”.
Si es su caso, piense: ¿a largo plazo, para dónde va todo esto? Ese hombre le parece perfecto y usted se siente aferrada a él. ¡Pero afuera hay miles de posibilidades que debe buscar con esperanza, optimismo y paciencia! Usted se merece un hombre solo para usted… y sí, existen hombres fieles.
Tome la decisión, haga su duelo, dedíquese a usted, recupérese, aumente su autoestima y amor propio, Dése un tiempo y prepárese para encontrar a alguien nuevo y disponible. Es un proceso que debe comenzar en el momento que usted decida. Usted se merece a alguien mejor.
Doctora Ingrid Gómez. Creadora de Prosperlove
www.prosperlove.com