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Familia política: Cuando no todo es color rosa

Tal vez todos los matrimonios concuerden en que cuando dos personas se casan no lo hacen sólo con su pareja sino con las familias de ambos. Guía para lograr una relación amable con la familia política.

Cuando una nueva pareja inicia su vida en común, no sólo en el matrimonio sino incluso en un noviazgo, ambos, de inmediato, entran a formar parte de una nueva familia: la del cónyuge.
Esta nueva experiencia es, en muchas ocasiones, gratificante y sin complicaciones. Pero en otras puede llegar a ser el detonante de un sinfín de líos entre los novios o esposos.
Algo sí es ley: cuando se elige pareja, de manera inconsciente, se elige también un poco de la otra familia: los valores, la forma de hablar, de hacer las cosas y de manejar ciertos aspectos de la vida.
Y como en casi todas las relaciones, la clave está en saber de entrada que no es suficiente sonreír y fingir cariño hacia la familia política: interesarse por conocerlos, entenderlos, acogerlos, e incluso perdonarlos, será sin duda el inicio de una relación muy amigable y duradera.

PRIMERO, LA SUEGRA
Víctima de chistes sin compasión y generalmente ‘la mala del paseo’, la suegra es vista en el concepto masivo como una persona egoísta, metida, manipuladora, controladora y generadora de conflictos en la pareja.
Aunque es imposible generalizar y es evidente que en algunos casos las suegras son las culpables de que muchos matrimonios fracasen, esta es más la excepción que la regla.
La clave de una buena relación con la suegra es que desde el principio se establezcan límites claros y razonables. Si ella intenta inmiscuirse en la relación de pareja, o trata de controlar algún aspecto, la tarea del yerno o de la nuera es no permitírselo desde el primer momento.
De todas formas, es evidente que, como se dice popularmente, “primero fue lunes que martes”, y en muchas ocasiones la esposa o novia se ve obligada a hacerse a un lado para permitirle a la suegra “hacer su trabajo”.
El conflicto entre suegra y nuera es, tal vez, uno de los más clásicos en las relaciones interpersonales y se deriva, básicamente, de la rivalidad que siempre existirá entre las dos mujeres por el amor de madre y el amor de esposa o novia.
Acá, el papel del esposo o novio, e hijo, es determinante para que la relación funcione, pues es el común denominador en ambas mujeres y el único que será capaz de facilitar que las dos se traten de la mejor manera posible.
Otro de los problemas más comunes por los que las parejas se ven obligadas a consultar a un terapeuta son los originados por graves inconvenientes con aquellas madres que fueron sobreprotectoras con sus hijos varones y, cuando éstos salen de la casa para compartir sus vidas con otra mujer, se siguen preocupando excesivamente por su bienestar. Tanto, que en ocasiones agobian a la nuera y le hacen la vida “a cuadritos”.
Sin embargo, las suegras prudentes y discretas, que respetan las decisiones de la pareja y no viven pendientes de sus movimientos, también existen.
Independientemente del tipo de suegra, el papel de estas mujeres toma reales proporciones cuando nacen sus nietos… Con seguridad, ahí estarán listas a prestar su ayuda cuando más se necesite.

LA FAMILIA DE LA PAREJA
A medida que el tiempo pasa y la relación de pareja se consolida, la familia política empieza a estar cada vez más presente en la vida de ambos y a tomar proporciones muy importantes.
Comidas, invitaciones, fiestas, cumpleaños y reuniones familiares entran a las agendas de los nuevos esposos o novios y, en muchos casos, el estilo de vida de la otra familia choca de inmediato con el del nuevo o nueva integrante.
Si surge algún conflicto, lo primero que se debe hacer es hablarlo directamente con la pareja, utilizando enormes dosis de tacto, para que ésta trate de solucionarlo. Ante todo, los dos deberán apoyarse mutuamente e intentar que los inconvenientes se solucionen. No obstante, es importante recordar uno de los mejores consejos de los especialistas: “Nunca criticar, menospreciar y mucho menos comparar a los parientes políticos”.

LA FAMILIA DE CADA UNO
Aunque algunas personas no se den cuenta, las familias de cada pareja son, en muchas ocasiones, también las culpables de que las relaciones no funcionen.
Los expertos les recomiendan a los padres de cada uno de los miembros de la pareja -que en ese momento intentan crear una familia independiente-, que dejen de depender de sus hijos.
Aunque la tarea sea difícil de hacer, los hijos (que se van de casa para formar su propio hogar) podrían ponerles límites a sus respectivos padres, aclarándoles desde un principio que no está permitido inmiscuirse en asuntos de la pareja; pero eso sí, haciéndoles siempre sentir que valoran sus opiniones, sus experiencias y la educación que les inculcaron.
Sin embargo, como siempre, no existe una regla establecida y cada familia es diferente. Por lo general, la relación con los padres no debe verse afectada por la salida de los hijos de la casa. Al contrario, papá y mamá tendrán que estar felices y darles todo el apoyo necesario para que tengan éxito en esta nueva etapa de la vida.

¿Y ENTONCES?
El ideal de toda pareja es llevarse bien con ambas familias, pues esto no sólo garantizará una convivencia muy tranquila sino que les permitirá contar en cualquier momento con su apoyo incondicional.
Algunas claves para que esto sea así:

- Respeto. Hacia la familia política, sus costumbres y su forma de vida.
- Prudencia. Evitar discusiones, roces, miradas o respuestas subidas de tono.
- Diplomacia. Tratar de solucionar todos los inconvenientes hablando con delicadeza y como si se tratara de las relaciones económicas entre dos grandes potencias mundiales.
- Tiempo. Para que cada uno de los miembros de la pareja pueda disfrutarlo a solas con su familia, sin que el otro integrante necesariamente deba estar.
- Sinceridad. Es decir, que cada esposo(a) o novio(a) se muestre tal y como es frente a su familia política, sin tratar de causar impresiones irreales.
- No comparar. ¡Nunca! a la familia de cada uno con la de la pareja.
- Diálogo. Para llegar a acuerdos con la pareja acerca del tiempo que ambos deben compartir con la familia del otro.
- Discreción. Muy importante, sobre todo para aquellas mujeres que le cuentan todo a su mamá. No es necesario comentarle hasta el último detalle de lo que sucede de puertas para adentro, pues en muchas ocasiones la suegra se hace una imagen incorrecta del yerno, debido a que su hija sólo le cuenta pedazos de las historias… y a su conveniencia.
Además, es importante no sólo mostrar discreción dentro de casa sino por fuera. Los conflictos entre la pareja se ventilan de puertas para adentro.

¿QUÉ HACER?
- Pensar antes de actuar y de hablar. En ocasiones, no medir las palabras puede ser una gran fuente de imprudencias y comentarios fuera de tono. Evitarlos es la mejor opción para mantener una relación cordial con la familia política.
- Discutir los conflictos entre ambos, siempre teniendo presente que la comunicación es el pilar fundamental de una buena convivencia, y no utilizar en ningún caso insultos o palabras degradantes hacia la familia del otro.
- Evitar las dependencias, tanto de la pareja hacia los padres y viceversa. Poner límites, acordar horarios y espacios (Navidad con una familia, Año nuevo con la otra, por ejemplo) y recordarles que nadie quiere que otros se inmiscuyan en la relación.
- Aceptar a la familia política con todos sus hábitos, virtudes y defectos, con la mejor voluntad posible.
- Estar siempre unidos y contar con el apoyo del otro, para solucionar los inconvenientes.

Artículo realizado con la colaboración del grupo de especialistas en Sicología del Hospital Santa Sofía y la terapeuta de pareja Olga Susana Otero.

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