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Golpear no es educar

Las crónicas sobre asesinos en serie escandalizan a la sociedad y son una constante en algunas partes del mundo. En Colombia, por ejemplo, no podemos olvidar a Campo Elías Delgado, el hombre que hasta el momento ostenta el récord mundial de haber asesinado al mayor número de personas en un mismo día y lugar.

“Las noticias que aparecieron en los diarios sustentaban la idea de que su mamá era una persona terriblemente dura y hosca. Muchos comenzaron a preguntarse si ella, con su maltrato, había creado a ese monstruo que disparó enceguecido contra un grupo de personas, no sin antes haber matado a su progenitora.

Luis Alfredo Garavito, por su parte, es uno de los mayores asesinos de niños en Colombia y en el mundo. En las defensas decía que en su infancia vivió la falta de afecto y el maltrato físico por parte de sus padres. Según él, su madre apagaba cigarrillos en su piel para castigarlo; además fue víctima de abuso sexual”. Dos ejemplos citados por Martha Ordoñez en su libro Dime cómo te castigaron y te diré quién eres (Grijalbo)

Algunos dirán que estos son casos extremos, que una palmadita de vez en cuando, un grito o un pellizco en el momento preciso no dan para crear monstruos como los anteriormente citados.  Lamentablemente no es así, los grandes asesinos de la historia tienen algo en común: fueron maltratados físicamente.

¿UNA PALMADITA, SÍ O NO?

No. Ni una palmadita. Según la psiquiatra Isabel Cuadros, fundadora de la Fundación Afecto, el objetivo de los adultos es que los niños socialicen con los otros gracias a un comportamiento sano y equilibrado; pero muchos padres o cuidadores creen que lo logran con el maltrato, leve o moderado.

La psiquiatra asegura en el libro de Martha Ordóñez, que “entre una palmada y un golpe severo hay una línea fácil de traspasar. Por eso, lo más prudente y menos riesgoso es abstenerse del castigo corporal, pues un adulto descontrolado puede excederse aunque no quiera hacerles daño a las personas que más ama: sus hijos”.

Además, según psicólogos y psiquiatras infantiles, los padres que utilizan el castigo físico como medio de control o de educación se pueden definir como “seres humanos maltratadores”. Ellos repiten sus vivencias de cuando eran niños, se dejan llevar por sus emociones extremas sin control y lo único que hacen es pisotear, humillar y ridiculizar la autoestima de los niños que, a su vez, crecerán como adultos rencorosos, con rabia represada y que en algún momento de sus vidas también  explotarán contra los suyos o se manifestarán de forma violenta contra la sociedad en la que habitan.

¿CASTIGO O SANCIÓN?

La palabra castigo debería desaparecer del vocabulario de los adultos y reemplazarse por sanción. Muchos padres se preguntan: ¿cómo corregir,  poner límites y educar sin maltratar, sin salirse de casillas? Los estudios demuestran que detrás de un golpe a un menor de edad se esconden (muchas veces) los miedos de los adultos, que no logran explicar con palabras a sus hijos los motivos por los cuales quieren que se porten bien.

Existen problemas con la comunicación, con el diálogo, con el respeto y con el amor. Muchos padres le dicen a su hijo: “te pego por tu bien”, “perdóname, pero era necesario” o “no lo quería hacer, pero me llevaste al límite”. Estas palabras y tampoco acciones son justificables por ningún motivo. Golpear físicamente y maltratar psicológicamente no es amar ni respetar.

Para corregir a los niños, padres o cuidadores deben usar las siguientes herramientas, que son más sanas y equilibradas:

· Tomar aire antes de actuar. Respirar profundamente y disminuir la ansiedad.

· Pedir explicaciones y saber escuchar. Jamás usar lenguaje soez ni desaprobatorio.

· Ser justos y ponerse en el lugar del niño. ¿En verdad la actuación del menor es como para golpearlo o humillarlo?

· Pensar en otros caminos para sancionar, como privarlo de las cosas que más le gustan: televisión, juegos, visitas a los amigos. (Ver recuadro)

· Dialogar con amor y respeto.

· Poner límites con amor. Algunos padres utilizan la práctica del “tire y afloje”, que no conlleva a nada sino a confundir al niño con respecto a las reglas de la casa.

· Cultivar la relación padre-hijo para que no se desgaste y siempre tratar de mejorarla, en especial con los adolescentes.

· Educar con el ejemplo. Si existe violencia intrafamiliar, por ejemplo, entre los padres, será difícil crear relaciones respetuosas con los hijos.

· Saber que el castigo físico y psicológico crea dependencia. Si un padre lo usa, después no sabrá como manejar una situación sin violencia.


LA CRIANZA POSITIVA

Definitivamente los tiempos han cambiado y el castigo físico tiene que desaparecer de manera radical. Como dice la concejal Martha Ordóñez, “no hay castigos moderados, ni golpes mejores que otros: todos duelen. Entonces el camino es uno solo y bien claro: abolir el castigo como herramienta de crianza y educación”.

Esto no quiere decir que los menores de edad no tengan claros sus límites y olviden el respeto para con sus padres o cuidadores. Los niños deben saber que pasarse por encima de las reglas trae consecuencias como exactamente les pasa a los adultos.

La idea es utilizar la inteligencia emocional, teniendo en cuenta la capacidad de dar afecto y de aprender habilidades como el autocontrol, la motivación y la empatía con los hijos, para hacer uso de forma positiva de los impulsos emocionales.

Algo que se debe tener en cuenta es que tan sólo hasta los nueve meses de edad, neurológicamente los niños comprenden órdenes sencillas. A partir de los dos años pueden acatar más de un llamado de atención al tiempo. A los tres comprenden perfectamente el sentido de las palabras y de los cuatro en adelante son capaces de comprender rutinas, hábitos y órdenes; es decir, se puede dialogar con ellos para llegar a acuerdos y lograr conductas positivas en la crianza.

LA VOZ DE LOS NIÑOS

Algunos de los castigos que ellos prefieren:



· Que no me dejen ver televisión ni montar en bicicleta (niño, 12 años)

· Que me pongan a ordenar mi cuarto y la casa (niña, 14 años)

· Que haga todas las tareas y otros deberes como tender mi cama (niño, 12 años)

· El peor castigo es que no me dejen prender el televisor (niña, 6 años)

· Que me quiten el fútbol, que es lo que más me gusta (niño, 10 años)

· Que no me dejan salir a la calle (niño, 9 años)

· Que me prohíban el computador y no poder salir al parque (niña, 12 años)

· Me parece mejor sin pegar, quitando salidas del fin de semana y también lo que más me gusta. (niña, 11 años)

· Me gusta que me hablen sin regaños. (niña, 10 años)

· Prefiero dialogar y que me pongan a lavar el baño (niño, 11 años)

· Que no me maltraten y que me prohíban los videojuegos (niño, 14 años)

 

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