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Goyo, el lado femenino de Chocquibtown

Goyo es un sustantivo que además de ser masculino por su composición gramatical, remite a un “él” por su parecido a Goya, el apellido del famoso pintor español. Este apodo, del que se hizo acreedora a través de la música –como casi todo en su vida-, fue uno de los componentes del “no” rotundo que decenas de productores bogotanos dejaban caer sobre las intenciones de estos tres chocoanos (Slow, hermano de Goyo, y Tostao, su pareja) de hacer un género urbano que sazonara el hip hop con el dulce resonar de la marimba y el fraseo de una voz  insondable como los ríos del Pacífico.

Pero eso ya es historia patria, y la propia Goyo comenta que ahora el panorama musical es diferente para ellos, que cosechan los frutos de un esfuerzo insaciable y que la relación con esos mismos productores está ambientada en una atmósfera de respeto y cariño.

A pesar de ser abanderados de fuertes líricas sociales que retratan la cotidianidad de su tierra, los Chocquibtown no pierden la perspectiva ni se victimizan por las dificultades que tuvieron que eliminar. Al contrario, son un recuerdo colectivo de que creer en algo, deseándolo con pasión y constancia, siempre valdrá la pena.

Días antes de que partieran a unos compromisos en Australia y Brasil, esta chocoana habló desde su casa, ubicada en el centro de Bogotá, lejos de los olores del río donde cantaba mientras se bañaba en su Condoto natal, pero muy cerca de esa escena urbana que también inspira su música.



LA VIDA DESPUÉS DEL GRAMMY



- ¿Cómo es la historia de Chocquibtow después de 2010 y el Grammy a Canción Alternativa del año?

Este premio cambia mucho en cómo la gente te percibe, porque da validez y credibilidad, aunque uno como artista no busca eso sino hacer la música y mostrar la sensibilidad que se tiene desde lo que se hace y siente. Y aunque hay otros que dicen que el Grammy es un invento de la industria, para nosotros ganarlo fue de admirar, pues se supone que allá están los monstruos de las disqueras tratando de poner a su gente, y que nosotros, un grupo independiente llegara ahí… fue la berraquera.



- Han grabado en el mismo estudio de Madonna y hecho giras por Europa. ¿Qué quisiera más adelante?

Que en vez de tener fans sigamos teniendo familia y gente que entienda nuestro mensaje y cómo mezclamos la música. Que así como mucha gente sabe quién es Picasso, identifique nuestra música, que estamos ahí mostrando un nuevo horizonte.



- ¿Cómo fue la grabación de Calentura, su nuevo sencillo?

La idea de la canción se nos ocurrió en Bogotá. Quisimos llamar a la maestra Zully Murillo (cantautora chocoana) para que hiciera el coro y la grabamos en Cali, en el estudio de Niche. En Bogotá hicimos toda la preproducción, y en Estados Unidos nos encontramos con Tego Calderón.

Él nos invitó a su estudio (luego de que nos viera en los Grammy) y la energía fue superbonita. Lo admiramos porque pertenece a la música urbana, pero es del combo de nosotros, como Calle 13 (banda puertorriqueña), que tiene un significado y algo detrás.



- Su primera presentación en el extranjero fue en México, en la Feria del Libro de Guadalajara…

Esa presentación me dio  mucha risa porque nosotros llegamos allá y era una fiesta en la que ponían pura música mexicana; nosotros pensábamos ¡¿qué hacemos aquí?! y cuando finalizó el evento nos presentamos, subimos a la tarima y fue la locura. Terminamos de tocar y al bajarnos la gente se nos abalanzaba a pedirnos autógrafos. No entendíamos cómo, pero sabían de Somos Pacífico, conocían nuestra trayectoria. Al año siguiente nos volvieron a  invitar.



- Su mamá era declarada fuera de concurso en el Petronio Álvarez (Festival de Música del Pacífico). ¿Qué siente al cantar allí?



La gente ya nos reconoce, pero el recuerdo más importante fue el de la primera vez que estuvimos ahí. Nunca había visto un público así en la vida, parecía una esquizofrenia colectiva, una locura con un amor que no conocía. Además, era la primera vez que se llevaban máquinas al Petronio, que se salía de los esquemas. Fuimos a perder porque estábamos fuera de concurso, pero íbamos a ganar porque pusimos  nuestra música a consideración de la gente del Pacífico.



- Últimamente los vemos en tocando en muchos lugares, ¿no temen “quemarse”?

No, de eso se trata la música, hay que seguir tocando donde haya gente. Hay quienes nos siguen desde el principio (y también puede ser por moda), así que es una nota llegarle a una familia en Manaure  -que no tiene la oportunidad de estar en Bogotá en un concierto de Chocquibtown y que nos vio  en el cierre del Mundial-. No hay que guardar las energías ni el arte para después, sino botarla toda de una.



LOS BENEFICIOS DE LA NUEVA VIDA



- ¿Lo mejor de viajar por el mundo?

Comer, eso me parece la locura, porque así entiendo muchas cosas de la gente. También me encanta comprar cositas, bobadas que le traen a uno recuerdos: la monedita de la India, un detalle de Singapur.



- ¿Qué piensa su familia de que los recuerdos se hayan convertido en crónicas periodísticas?



Se sienten  reflejados. Un profesor que salió en Séptimo día me decía: “Goyito, quién diría que todos esas cosas bonitas que se fueron con el tiempo, ahora las recordés con tanto corazón, no entiendo por qué” y yo le contesté: “porque eso es lo que me ha hecho a mí”. Todas esas vivencias hacen que yo sea como soy ahora.



- Usted es sicóloga, ¿dónde está la sicología en su vida?

En todos lados. Tengo siempre la idea de ponerme en “los zapatos del otro”. Me pongo en los zapatos de mi gente, de los que me siguen, de mi amigo… y la sicología enseña a sentir lo del otro.



- ¿Cómo termina el año para Chocquibtown?

Seguiremos tocando, haciendo giras, contando historias y lanzaremos nuestro álbum Eso es lo que hay (en Estados Unidos sale en 20 días y en Colombia tenemos que resolver con quién hacemos la distribución).

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