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Las mentiras y su lado flaco

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Una de las cosas que más nos cuesta admitir en público es que nosotros también mentimos. Esto porque a la mentira nos la han dibujado y delimitado como un pecado mortal igual de turbio al robo. Dice un viejo dicho que “el que miente es capaz de robar, y el que roba es capaz de matar”… Demasiada pesada la carga del mentiroso.

Pero como todo en la vida, la mentira está sujeta a una dualidad –la parte oscura y la parte clara-, y es en esta última en la que todos nos reconfortamos un poco, al pensar que alguna vez tuvimos una razón noble para mentir.

Entonces entramos al terreno de las mentiras piadosas, blancas o justificadas por una acción noble. Si una mentira evitara destrozar el corazón de un niño, ¿no dudaría en usarla? Lo difícil comienza cuando el criterio que define este deliberado ocultamiento o manipulación de la verdad, varía según los valores culturales y morales de la persona que la emplea. Por lo tanto es prudente definir claramente a qué nos referimos cuando empleamos este concepto.

MENTIRA ES MENTIRA

Según Paul Ekman, autor del libro Cómo detectar mentiras (un best seller de Editorial Paidós, el cual es un completísimo manual que está siendo utilizado por miles de personas en el mundo), existe mentira o engaño “cuando hay una persona que tiene el propósito deliberado de engañar a otra, sin notificarla previamente de dicho propósito. Existen dos formas fundamentales de mentir: ocultar y falsear. El mentiroso que oculta, retiene información sin que falte a la verdad. El que falsea, no sólo retiene información verdadera, sino que presenta información falsa como si fuera cierta”.

Las apreciaciones del doctor Ekman, famosas porque inspiraron la serie Lie to me, no se quedan ahí. Este reconocido sicólogo afirma que mentir es una característica tan central de la vida, que su investigación puede ayudar a comprender varios asuntos humanos. “A algunos, este aserto los hará estremecerse de indignación, porque entienden que la mentira es siempre algo censurable. No comparto esa opinión. Proclamar que nadie debe mentir nunca en una relación sería caer en un simplismo exagerado… aún así, ningún mentiroso debería dar por sentado que su víctima quiere ser engañada, y ningún descubridor de mentiras debería arrogarse el derecho a poner al descubierto toda mentira. Desenmascarar algunas puede provocar humillación a la víctima o a un tercero”, escribe el doctor Ekman.

A pesar de lo vulnerables que nos hace el día a día frente al engaño, vivimos en la certeza de que existe un núcleo de verdad emocional que nos mantiene inmunizados, y por ello confiamos en la intuición como arma para desenmarañar lo que, creemos, oculta la justificación de nuestra pareja cuando llega tarde o el silencio de nuestro hijo frente a una rutinaria pregunta sobre su día, pero lo cierto es que la intuición no basta para protegernos de quien nos miente.

Por ello son tan reveladores los resultados de los estudios de este sicólogo norteamericano, quien se ha empeñado en desentrañar el lenguaje no verbal de las emociones que pueden aparecer en un caso de engaño. Aunque está claro que en ninguna medida existe algún indicio que sea infalible a la hora de desentrañar una mentira, sí existen varias pistas que pueden ayudar.

EL PERFIL DEL MENTIROSO

Hay personas que pueden mentir con tanta frialdad, que dejan fuera de juego la posibilidad de que alguna emoción las haga caer a mitad de camino. De hecho, la característica primordial de algunos trastornos patológicos es que quienes los padecen pueden mentir sin evidenciar cambios en su estado de ánimo. Pero en la vida diaria es muy difícil que una persona normal sortee sin dificultad los obstáculos que pone en su vida el pulcro mantenimiento de una farsa.

De acuerdo con los estudios del autor, a pesar de que culturalmente podemos llegar a ser tan distintos, las expresiones faciales de todos los humanos se rigen por los mismos patrones. Por lo tanto, un gesto mohíno en los labios aquí y en la China manifestará siempre algún disgusto, lo mismo que subir las cejas comunicará asombro o extrañeza, condición que permite encontrar un patrón que permita revelar el engaño a través de las emociones y su lenguaje facial.

Sumado a lo anterior, varios estudios han decretado que la mayoría de músculos faciales necesarios para simular con realismo una falsa congoja, temor o tristeza no son fáciles de mover a voluntad, lo que requiere un arduo entrenamiento. Por ello, si la mentira exige falsear una emoción negativa en lugar de una sonrisa, el mentiroso puede verse en mayores aprietos.

Por el contrario, es normal que alguien que lo quiera engañar disimule su posible miedo por ser descubierto, o vergüenza por estar ejecutando un acto reprobable, con una sonrisa, ya que este gesto además de ser el que se ejecuta más fácil voluntariamente, le rodeará de un halo de simpatía e inocencia.

Así que si se encuentra en una situación en la que duda de su interlocutor y este sonríe permanentemente, tenga en cuenta que cuando esa expresión es falsa, no es tan simétrica: las cejas no bajan, lo que tensiona la cara, dura demasiado o es en exceso corta.

EMOCIONES TRAICIONERAS

La falta de preparación o la imposibilidad de recordar un plan adoptado puede ofrecer indicios de que alguien lo está engañando. La necesidad de pensar de antemano cada palabra antes de decirla y de buscar el término exacto se evidencia en las pausas, o bien, más sutilmente, en una contracción de los párpados o de las cejas y en ciertos cambios en los gestos y ademanes. No es que la consideración cuidadosa de cada palabra antes de pronunciarla sea siempre señal de engaño, pero en ciertas circunstancias lo es.

“La pista sobre el embuste o la autodelación puede presentarse en un cambio de la explosión facial, un movimiento del cuerpo, una inflexión de la voz, el hecho de tragar saliva, un ritmo respiratorio excesivamente profundo o superficial, largas pausas entre las palabras, un desliz verbal o un ademán que no corresponde. Cuando se despiertan emociones, los cambios sobrevienen automáticamente, sin dar cabida a la opción o a la deliberación”, advierte Ekman en su libro.

Hay dos sentimientos que ponen en la cuerda floja el sistema nervioso del que osa mentirle a alguien, el temor a ser atrapado y el sentimiento de culpa, emociones que deberán ser enmascaradas para que la treta pueda seguir su curso, objetivo difícil sobre todo cuando la mentira debe desafiar el paso del tiempo.

El rostro lo dice…

“Detectar mentiras no es simple. Hay demasiadas cosas que tener en cuenta: palabras, pausas, sonido de la voz, expresiones, movimientos de la cabeza, ademanes, posturas, la respiración, el rubor o el empalidecimiento, el sudor, etc. Lo curioso es que la mayoría de la gente presta mayor atención a las fuentes menos fidedignas (las palabras y las expresiones faciales), y por ende se ve fácilmente desorientada”, afirma este norteamericano.

Según lo que han revelado los experimentos de Ekman, los mentirosos vigilan y procuran controlar sus palabras y su semblante más que su voz y el resto del cuerpo, pues saben que los demás centrarán su interés en los primeros. Y en ese control tendrán más éxito con las palabras que con el semblante: el rostro brinda más indicios sobre el engaño, porque está directamente conectado con zonas del cerebro vinculadas a las emociones.

Otro factor importante a la hora de comprobar si lo que le están diciendo es verdad es la voz: pausas demasiado largas o frecuentes, vacilación al empezar a hablar, en particular cuando se debe responder a una pregunta, pausas menores, tartamudeos, repetición de una misma palabra o el uso excesivo de interjecciones.

Mucha gente cree que otra fuente transmisora de sentimientos ocultos son los ojos (“el espejo del alma”) y se les considera como reveladores de emociones oculta. “En primer lugar, están las variaciones en el aspecto  del ojo producidas por los músculos que rodean el globo ocular. Estos músculos modifican la forma de los párpados, pero no es mucho lo que delatará. La segunda fuente de información ocular es la dirección de la mirada. La mirada se aparta en una serie de emociones: baja con la tristeza, baja o mira a lo lejos con la vergüenza o la culpa, y mira a lo lejos con la repulsión. No obstante, es probable que un mentiroso, por culpable que se sienta, no aparte la vista demasiado, ya que los mentirosos saben perfectamente que todo el mundo confía en detectarlos de esta manera”, puntualiza el experto.

CURSO RÁPIDO CONTRA EL ENGAÑO

De los muchísimos tips que Paul Ekman da en su libro, extractamos algunos:

- La sincronización y duración de los gestos emocionales del que miente están fuera de lugar. Las muestras de emoción se retrasan, duran más de lo que normalmente harían y después paran repentinamente.

- Los gestos emocionales no coinciden con las palabras.

- La persona culpable está a la defensiva.

- El mentiroso dirigirá movimientos incómodos a su interrogador-acusador y puede volver su cabeza o cuerpo.

- El mentiroso puede colocar inconscientemente objetos (libro, taza de café, etc.) en el medio.

- Utilizará sus palabras para responder a una pregunta. Cuando se le pregunta, “¿Viste mi libro negro?”, la respuesta será: “No, no he visto tu libro negro.”

- La persona culpable puede hablar más de lo necesario, agregando detalles innecesarios para convencer. Se sienten incómodos con los silencios y pausas en la conversación.

- El mentiroso puede hablar en un tono monótono. Cuando se hace una declaración veraz, el pronombre se acentúa tanto o más que el resto de las palabras en una declaración.

- El culpable usará el humor o el sarcasmo para evitar un tema.

MENTIR YA NO ESTAN FÁCIL

A principios de este año comenzó la tercera temporada de la serie de Fox Lie to me, un drama policial basado en las investigaciones del doctor Paul Ekman, especialista en descifrar mentiras basado en el lenguaje del cuerpo.

Ganadora del premio “Mejor Drama Criminal” en la ceremonia de los People Choice Awards de este año, se basa en una trama policial donde el protagonista, Cal Lightman (Tim Roth), encarna a un especialista (inspirado en el propio Ekman) que trabaja de la mano con la policía para resolver difíciles casos en los que los sospechosos mienten con habilidad.

Lightman determina quién miente, basándose en ademanes tan comunes como encogerse de hombros, rotar la mano o levantar el labio inferior, señales de que los sindicados están ocultando algo en sus confesiones.

La tercera temporada  se emite los lunes a las 10 de la noche por el canal Fox.

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