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Meditación para dummies

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La vida moderna parece estar diseñada para que las personas sean más eficientes, productivas y atractivas, evitando que miren a su interior. A través de la meditación, o la conexión con el 'yo interior', se logra ‘bajar las revoluciones’ en que se vive, calmar la mente y encontrar paz. Guía para aprender a meditar.

Cortar el cordón umbilical en el que para algunos se ha convertido el blackberry, olvidarse por 15 minutos del informe que le advirtieron 'que para ayer es tarde' o no encender el televisor de manera automática apenas se pone un pie en la casa, y sí conectarse con el 'yo interior', es algo que para muchos, además de imposible, es absurdo.
¿Para qué?, se preguntan. La verdad es que aunque no queramos escucharlos, la mente y el cuerpo nos piden a gritos: 'no más agendas copadas', 'no más pitos en los trancones', 'no más afán desmedido por hacer más plata y poder comprar más', 'no más estrés', 'no más ansiedad', 'no más malgenios ni tensiones'... Y ahí es cuando la meditación dice: “¡aquí estoy yo¡”.
De acuerdo con el médico bioenergético Santiago Rojas, la meditación se define como una práctica de la mente consciente que, partiendo de la observación, llega a la concentración profunda hasta alcanzar un estado de vacío de pensamientos.
La intención de esta técnica es apagar el pensamiento consciente para percibir fuentes de información más sutiles, niveles más profundos de la mente. Es, en otras palabras, el camino que permite acceder al sentir desde la razón, la puerta de entrada a lo más profundo del corazón, el lugar más sagrado del mundo y en el que realmente se encuentra el equilibrio y la felicidad que se han estado buscando, por ejemplo, en el dinero.
Mediante su práctica, explican sus seguidores, es como si se abriera una llave por donde fluye una energía que tiene el poder de cambiar la percepción de las cosas. Algo parecido a cuando la gente se enamora. No significa transformar lo que está afuera, sino la manera de enfrentarlo, de construir las relaciones, de percibirse a sí mismo y a los demás. La meditación no empuja a salir de la vida que se tiene, sino a vivirla más conectada con el amor, la tranquilidad y la paz. El mundo sigue igual, lo que cambia es la manera de vivirlo.

¡ALTO! CINCO SENTIDOS
“Meditar es dejar de conectarse con los sentidos, que viven apuntando al mundo exterior, para conectarse con el interior. Cuando esto se hace, se encuentran estados distintos a los que conducen los sentidos, como por ejemplo, el silencio y el amor", agrega Roberto Cuéllar, filósofo e historiador, experto en Reiki y Sanación Pránica.
Es conectarse con dios, oírlo dentro de sí mismo a través del silencio, pero entendiendo a ‘dios’ como una vivencia interna y un estado de amor que no tiene religión. "Es rendirse ante esa presencia trascendental que existe en cada ser humano", enfatiza.
Al conectarse con el mundo interno y desconectarse del externo, aquel que genera estrés o ansiedad, es posible ver lo que pasa afuera con mucha más tranquilidad y enfrentar la vida de una manera más serena.
Aunque el mundo actual promueve resultados inmediatos y todo lo quiere para ya, en la meditación es distinto. Es un proceso en el que cada persona avaza de acuerdo con su dedicación. A la gente le cuesta trabajo no poder encontrar esa paz o tranquilidad a la semana de estar meditando cinco minutos al día, porque es algo que requiere paciencia y disciplina, así como entender que sus resultados se ven a largo plazo pero que perduran eternamente. "Hay que ser perseverantes y comprender que se está cambiando la forma de ver la vida", opina Roberto Cuéllar.
La meditación es el momento de soltar el trabajo, los hijos, la plata, las preocupaciones y las responsabilidades. Es dejar a un lado todos los apegos, sean malos o buenos. "El silencio es sanador cuando, como en la meditación, es verdadero, porque tranquiliza el ruido interior. Es la cura para la ansiedad y la amargura", completa Claudia Quiñones, coordinadora de la Comunidad para la Meditación Cristiana en Colombia. Una sesión empieza por la desconexión o el quitar la tensión de cada uno de los sentidos y, posteriormente, de la mente.

PASO A PASO
Para empezar a meditar, destine 5 ó 10 minutos al día para no ver TV, estar en silencio y conectarse con su respiración. "El hecho de tener la voluntad para apagar todos los estímulos externos es un buen comienzo", agrega el experto. La idea, por supuesto, no es creer que se está meditando, cuando en realidad se está 'reflexionando' sobre los problemas o sobre lo que hay que hacer al día siguiente.
Entonces, ¿cómo lograr que en la cabeza no sigan dando vueltas las miles de ideas y pensamientos que surgen a cada instante? Además de ponerse ropa cómoda, tenga en cuenta el siguiente paso a paso para aprender a meditar:

1. Relax total: observe lo tenso que suele estar y prepárese para soltar esos 'venenos' en el cuerpo y el alma. Para aprender a relajarse, puede repetir el siguiente ejercicio varias veces al día: deje sus labores, diríjase a una habitación y acuéstese en el piso o sobre una cama con los brazos y piernas relajados; imagínese que se sumerge en un océano de luz y quédese allí unos minutos. Cuando se levante, se habrá recargado.
Otra alternativa es pararse frente a una ventana y, con los brazos abiertos, respirar profundamente, imaginándose que inhala luz y exhala sus tensiones, repita varias veces. Después, visualice que la luz circula a través de todas sus células y órganos y, al exhalar, permítale salir para iluminar al mundo entero. Es más fácil pasar a un estado de bienestar si el proceso de 'desaceleración' ha comenzado antes de empezar a meditar.

2. Busque un lugar tranquilo: esto no significa, necesariamente, un bosque al lado de una cascada. Para meditar, destine un espacio pequeño de la casa, una especie de rincón de luz. Allí puede poner plantas o flores naturales y, si lo prefiere, incienso y velas. Este lugar se irá llenando de sus pensamientos y sentimientos, y notará, a medida que pase el tiempo, que cuando medita allí le es más fácil acceder al mundo interno.
Si es una persona muy 'auditiva', puede acompañar su meditación con música relajante. "Cuando se inicia en esta práctica, es importante que el lugar sea tranquilo, sagrado y visualmente agradable. Después de un entrenamiento más largo, éste deja de ser importante y es posible meditar en cualquier sitio", explica Roberto Cuéllar, quien vivió en un ashram en India.

3. Bienvenida sea la comodidad: usted no puede meditar si está incómodo, le duele una rodilla o se le durmió una pierna, así que adopte una postura cómoda. No se acueste, porque podría dormirse. Una pose muy común es sentarse en una silla con la espalda recta y la cabeza con el mentón ligeramente inclinado hacia adelante. Si le resulta agradable sentarse en el piso sobre un cojín, con las piernas cruzadas, en posición de loto o medio loto, también es una buena alternativa.

4. Cierre los ojos: para ayudarle a su mente a ponerse en blanco gradualmente.

5. Respire naturalmente: antes de empezar la meditación, observe su respiración. No le imponga un ritmo específico; sólo respire tranquilamente, pero tratando que sea profunda y natural. Permita que su atención se centre en cómo fluye el aire por su cuerpo. Respirar a través de la nariz es más saludable, notará cómo su abdomen se extiende y el diafragma empuja el aire hasta el fondo de los pulmones, lo cual lleva una buena dosis de oxígeno a la sangre y al cerebro, y permite mayor relajación.
Realice cuatro lentas y profundas inhalaciones a través de la nariz y, mientras lo hace, concéntrese en ese aire que entra al cuerpo y le llena de energía y poder. La idea es soltar, con cada exhalación, aquello que le preocupa, limita o aprisiona. Es quedarse en contacto solamente con la vida, sin pensamientos, emociones o acciones.

6. Relaje cada músculo, uno por uno: sin afán; toma tiempo relajarse completamente y debe hacerlo paulatinamente. Empiece por la punta de los pies y vaya subiendo hasta llegar a la cabeza.

7. Concéntrese: es muy posible que cuando quiera meditar comience a pensar en el recibo de la luz o en la reunión del día siguiente; de ahí la importancia de aprender a mantener la mente en el lugar que conscientemente usted le destina.
La técnica consiste en observar el pensamiento que viene a la mente sin resistirse ni pelear con él, sino simplemente observarlo y descartarlo, y volver al foco de atención. Si quiere desarrollar el poder de la concentración en la vida diaria, puede observar un lugar y luego tratar de recordar lo que vio, incluyendo todos sus detalles o, cuando escuche música, sumérjase en la canción sin pensar en otra cosa y trate de diferenciar sus diferentes sonidos.

8. Enfoque la atención: en una imagen, una palabra, una frase... Esto para hacer un corte en la corriente de pensamientos y conseguir el silencio interior. Visualice un lugar tranquilo, un paisaje confortable, respire y descanse. Puede conectarse, también, con el movimiento de su cuerpo al visualizar una esfera de luz que sube y baja desde el entrecejo hasta el coxis, al ritmo de su respiración.

9. El salto al vacío: el punto culminante en la meditación tiene lugar cuando se alcanza el vacío, o esa zona neutra de la conciencia que permite el contacto con la dimensión divina de cada uno.
Una vez haya adquirido cierta habilidad para meditar, sería aconsejable extender esa práctica a la vida cotidiana. Así, por ejemplo, si se está lavando las manos, preste total atención a la experiencia: al olor del jabón, al contacto del agua con las manos, a los movimientos… Cuando prepare la comida o camine por la calle, observe meditativamente la experiencia, sin juzgar, sin etiquetar, sólo observar y buscar el silencio de la mente a través de la atención.
"Cuando se empieza a meditar de manera más profunda deja de ser una actividad exclusiva de un momento", concluye Roberto Cuéllar.

Beneficios varios
- Por siempre joven: se pone freno al desbalance hormonal que no sólo está asociado con el estrés sino que acelera el envejecimiento.
- Menos estrés: en los practicantes de la meditación, los niveles de cortisol y adrenalina, hormonas generadas en momentos de estrés, son mucho menores. Los mecanismos para manejar la tensión tienden a ser superiores en los meditadores, porque aprenden a reducir la ansiedad y a aquietar la mente.
- Yo me acepto: la meditación lleva a la auto-aceptación y a asumir la vida de una manera más sensata, honesta y amorosa. Se empieza a sentir que se forma parte de un mundo en el que cada persona y ser son iguales; entonces se genera un cambio importante en la manera de relacionarse con los demás.
- Desintoxica la mente: los investigadores norteamericanos Richard Davidson y Daniel Goleman lograron evidenciar que la práctica de la meditación budista afecta positivamente el cerebro en su lóbulo frontal izquierdo, donde residen las emociones positivas, minimizando a su vez la actividad de zonas cerebrales que potencian los sentimientos contrarios.
Así se logra desintoxicar la mente y la emoción de una manera profunda y verdadera y se evita contaminarse de emociones y pensamientos tóxicos.
- Se mejora la relación con el tiempo: se logra relacionarse con el tiempo de una manera diferente y éste se empieza a manejar de una manera más adecuada, libre de la tensión y el estrés que caracterizan al hombre moderno.

CLAVES PARA NO FALLAR EN EL INTENTO
- Meditando. La idea es crear una rutina diaria para meditar, ojalá en el mismo tiempo y espacio, para que se convierta en un hábito tan importante como bañarse o comer. La práctica, como en todo en la vida, hace al maestro.
- Preferiblemente en la mañana. Antes de la salida del sol, porque a esa hora la atmósfera está menos cargada de corrientes de pensamientos. Las mejores horas para meditar son durante la salida y la puesta de sol, pues las energías Ying y Yang están más equilibradas.
- Breve, pero efectivo. Es mejor meditar atentamente por cinco minutos que destinar media hora a dormirse o a pensar en los problemas y, más bien, ampliar el tiempo de duración poco a poco. Practicando 15 minutos, cinco días a la semana, durante dos meses, se estará muy cerca de aprender a meditar.
- Relajado. No pelee con la mente, no intente controlarla; más bien observe, no haga juicios y disfrute.
- Paciencia. Deje el afán a un lado. La verdad es obtenida a través de la entrega, no de la lucha.
- Término medio. Si se relaja demasiado puede dormirse y esa no es la idea, porque meditar es ir hacia un estado superior de conciencia. También, si está muy alerta, despertara cierta tensión, lo que disminuirá su grado de relajación. Encuentre un sano término medio.
- No busque resultados. No intente llegar a ninguna parte, no cree expectativas. La mente siempre espera alguna cosa, intenta adelantarse y trata de conseguir algo a cambio. La idea es liberarse de las expectativas y meditar por el solo hecho de hacerlo y no para conseguir alguna cosa.

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