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Mitos y verdades sobre la fiebre

“La fiebre es mal manejada porque no se entiende su significado e importancia. Por eso es necesario compartir con los profesionales de la salud y con la comunidad una guía actualizada sobre lo que debe hacerse cuando un niño presenta temperatura alta y aclarar cuál es el mejor manejo y tratamiento de esta sintomatología”. Es la razón que dio el doctor Hernando Villamizar Gómez, presidente de la Asociación Latinoamericana de Pediatría y ex presidente de la Sociedad Colombiana de Pediatría, cuando hace dos meses se presentó en Cartagena el Consenso Colombiano de Pediatría, Abordaje inicial del niño con fiebre.

Los especialistas decidieron trabajar en este documento porque, indiscutiblemente, la fiebre es una de las causas de consulta infantil más comunes tanto en consultas como en servicios de urgencias, produce mucho temor entre los padres y en la mayoría de los casos se afronta y trata de forma incorrecta.

Ante un cuadro febril

Uno de los puntos  en los que enfatiza el doctor Villamizar es que la fiebre no es una enfermedad. “El aumento de la temperatura es un signo, el cual traduce que el organismo está combatiendo una enfermedad o una infección, y en ese sentido es una señal positiva porque indica que el sistema inmune está protegiendo de una agresión”, explica.

Por ello, advierte el pediatra, ante un cuadro febril lo más importante es buscar la causa de la alteración y tratar de disminuir el malestar del niño. “El enfoque del manejo y la medicación no deben estar dirigidos a quitar la fiebre, sino a procurar que el pequeño se sienta mejor”.

Los medicamentos

Así mismo, el documento recomienda a los padres y profesionales de la salud analizar las características y presentaciones de los antipiréticos de venta libre, pues su correcta formulación depende de la edad, del estado físico y de la historia clínica del niño.

Por ejemplo, el ibuprofeno debe utilizarse en niños  mayores de seis meses, su efecto dura entre 6 y 8 horas, y también ayuda a disminuir las inflamaciones. El acetaminofén no tiene efecto antiinflamatorio y su acción se prolonga de 4 a 6 horas, pero puede administrarse en niños menores, siempre y cuando no padezcan insuficiencia hepática.

También, eventualmente y solo con indicación médica, se pueden emplear fármacos que contengan dipirona, ketoprofeno y nimesulida, pero está contraindicado el uso del ácido acetilsalicílico (aspirina).

No hay que bloquearla

Por su parte, la doctora María Cristina Angulo, Jefa de Urgencias Pediátricas de la Fundación Santa Fe de Bogotá, asegura que  “la fiebre es un mecanismo normal de defensa y se dispara para activar todo el sistema inmune. Si se bloquea, puede facilitar que los gérmenes sigan proliferando y

no se envían las señales adecuadas al sistema inmunológico, haciendo

que se prolongue más la enfermedad”.

La especialista asegura que a menos que el niño sea menor de tres meses, no hay que alarmarse y acudir a la sala de urgencias inmediatamente, sino dejarla actuar. “Cuando supere los 38,5° sí se aconseja darle algún antipirético”, subraya la pediatra.

Además, puntualiza que la fiebre por sí misma no ocasiona secuelas a los pacientes. “Muchas veces se piensa que puede dejarlos sordos, causarles meningitis o provocarles daños neurológicos, pero eso no es cierto.  La fiebre como síntoma no tiene más repercusiones que el malestar que causa, excepto en la hipertemia maligna, donde se alcanzan temperaturas cercanas o superiores a 42°C”.

La doctora Angulo recomienda mantener al niño hidratado y consultar al médico si la fiebre se ha mantenido alta (encima de 38,5°C) por más de 24 horas a 36 horas, si el bebé es menor de tres meses, si el pequeño se ve intensa y prolongadamente decaído, o si presenta señales de alarma como dificultad para respirar, dolor de oído, sangre en las deposiciones y molestias al  orinar.

MITOS Y VERDADES

Por lo general, el aumento de la temperatura es inofensivo,  es una respuesta normal del organismo contra una agresión causante de una enfermedad. El bloqueo innecesario de este síntoma puede impedir la activación adecuada del sistema inmune. Por tanto, la recomendación de los pediatras es aprender a manejarla de una manera racional.

La doctora María Cristina Angulo responde algunas de las inquietudes más frecuentes sobre este tema.

1. Mito. La fiebre es una enfermedad.

Realidad. La fiebre es un síntoma que indica que el sistema inmune se ha activado y se está defendiendo de una amenaza, generalmente una infección.

2. Mito. Esta establecido que un niño tiene fiebre cuando su temperatura es superior a los 37,5°C.

Realidad. El parámetro depende de la edad de los pequeños. Si son recién nacidos o menores de tres meses, se considera que tienen fiebre cuando la temperatura rectal es superior a los 38°C. En niños mayores, cuando la temperatura axilar es mayor a los 38°C. Se habla de fiebre alta cuando los valores están por encima de los 39,5°C.

3. Mito. Debe hacerse todo lo posible por bajar la fiebre ante el primer episodio de subida de temperatura.

Realidad. En niños mayores de tres meses, que no presenten ninguna complicación de salud como enfermedades del corazón, se debe dejar que la fiebre actúe, porque ésta ayuda a combatir los gérmenes.

Si el niño tiene mucho malestar o la temperatura se  encuentra por encima de los 38,5°C y está asociada a una marcada incomodidad, sí es aconsejable tratarla.

4. Mito. Se debe acudir a consulta médica o urgencias apenas se inicia la fiebre.

Realidad. Cuando el bebé tiene menos de tres meses, siempre se debe consultar. No obstante, para niños mayores la recomendación de los especialistas es consultar al pediatra si la fiebre se mantiene alta (encima de 39°C) por más de  24 a 36 horas,  si el pequeño está muy decaído o si hay otros síntomas llamativos como molestias al orinar, dificultad para respirar, dolor de oído o sangre en la deposición.

5. Mito. Para bajar la temperatura no falla bañar al niño con agua fría y ponerle una bolsa de hielo en la frente.

Realidad. No se recomienda bañarlo, pues esto ocasiona cambios bruscos de temperatura y mayor malestar. Se debe dejar ligero de ropas, hidratarlo por vía oral y abanicarlo.

6. Mito. Se recomienda dar a los niños fármacos a base de ácido acetilsalicílico (aspirina) para bajar la temperatura.

Realidad. Los medicamentos indicados en nuestro país para disminuir la fiebre son el ibuprofeno y el acetaminofén. Está expresamente contraindicado darles a los menores de 18 años aspirina, porque les puede causar una complicación conocida como síndrome de Reye, en la que se inflaman el cerebro y el hígado.

7. Mito. Los medicamentos compuestos por ibuprofeno y acetaminofén son iguales.

Realidad. Si bien ambos son eficaces para aliviar el dolor y bajar la fiebre, el ibuprofeno y el acetaminofén son principios activos diferentes.

El primero está indicado para niños mayores de seis meses,  su efecto dura entre 6 y 8 horas. También ayuda a disminuir las inflamaciones, que en muchos casos son las responsables de que el niño tenga dolor (por ejemplo, en enfermedades como la amigdalitis y la otitis).

Por su parte, el acetaminofén no tiene efecto antiinflamatorio y su acción se prolonga de 4 a 6 horas, pero puede administrarse en niños menores, siempre que no padezcan insuficiencia hepática.

8. Mito. Los antibióticos son los medicamentos más eficaces para disminuir la fiebre.

Realidad. La mayoría de las infecciones en los niños son virales y los antibióticos no están indicados en esos casos. Estos medicamentos solo se deben suministrar cuando el médico los indique.

El sistema de defensa de los niños es el que logra eliminar los virus, por lo cual hay que ofrecerles alimentos naturales saludables para fortalecer su sistema inmune.

9. Mito. El termómetro de mercurio es el más recomendado por los pediatras para medir la temperatura.

Realidad. Aunque el termómetro de mercurio es el más exacto, los especialistas actualmente desaconsejan su uso por la contaminación ambiental que provoca. Si es desechado de forma inadecuada y el metal entra en contacto con el agua,  se transforma en metilmercurio. Esta sustancia es absorbida por los peces y luego en los humanos, que se alimentan de ellos, puede ocasionar daños neurológicos  irreversibles parecidos a la parálisis cerebral.

Tampoco se deben usar las bandas  o tiras plásticas, ni termómetros de oído para medir la temperatura, pues son muy imprecisos. En su lugar, los pediatras sugieren emplear termómetros digitales en la axila.

10. Mito. Hay que obligar a los niños a comer, porque de lo contrario pueden debilitarse más.

Realidad. Si el niño no desea comer, es mejor no forzarlo. Lo importante es mantenerlo hidratado, para lo cual se le puede ofrecer agua, jugos naturales, soluciones de electrolitos, caldos o sopas.

Se debe evitar el consumo de bebidas que contengan cafeína, como el té o las gaseosas de cola, porque pueden contribuir a que se deshidrate.

11. Mito. Aunque parezca extraño, es mejor que los niños con fiebre permanezcan abrigados.

Realidad. El exceso de ropa o abrigo puede aumentar  la temperatura corporal. Es preferible vestir al niño con ropa ligera y arroparlo con una manta delgada. Así mismo, la habitación donde descanse debe ser fresca. 

12. Mito. La fiebre alta hace que el niño convulsione.

Realidad. La mayoría de los niños no convulsionan aunque tengan fiebre alta, pues ese tipo de crisis está más asociado a la predisposición genética que a la temperatura.

13. Mito. Las convulsiones ocasionan secuelas permanentes como sordera, parálisis y daño neurológico.

Realidad. Las convulsiones febriles simples no dejan secuelas neurológicas, incluso si se repiten. Sin embargo, cuando se presentan,  el niño debe ser evaluado por un especialista.

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