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En cuestiones de salud, muchas veces los mitos no sólo están más difundidos que la realidad, sino que se creen a ciegas y se siguen como una religión. Expertos médicos ayudaron a desenmascarar los más comunes y a reafirmar otros.

MITO 1
Comer muchas habas da cáncer de estómago.
Falso.
De hecho, decenas de estudios médicos demuestran los beneficios para el organismo de las leguminosas, entre las que se encuentran habas, lentejas, garbanzos y arvejas. Además de económicos y nutritivos, varias investigaciones demuestran que previenen el c{ancer y los problemas cardiovasculares.
Como si no fuera poco, los altos niveles de fibra que contienen mejoran la actividad intestinal y ayudan a prevenir el estreñimiento.
En nuestro país, el Instituto Nacional de Cancerología realizó un estudio en 2006, en conjunto con el Grupo de Epidemiología de la Universidad de Antioquia, el cual demostró que el consumo de cuatro y más porciones de leguminosas por semana disminuye el riesgo de cáncer gástrico, mientras que otros alimentos, como los postres, se asociaron negativamente a esta enfermedad. Según este mismo estudio, ni las habas, ni las moras ni la papa, alimentos característicos de la región cundiboyacense, se relacionan de alguna forma con la patología.

MITO 2
Comer alimentos muy calientes daña las paredes del estómago.
Falso.
Al comer, la boca y la lengua rechazan inmediatamente alimentos que estén muy por encima de la temperatura corporal. Es un acto reflejo que le evita a la lengua la sensación de quemadura, así que cuando la comida ingresa al cuerpo, es porque ya ha adquirido una temperatura soportable.
Aun así, en el proceso de digestión el estómago puede alcanzar temperaturas por encima de los 40 °C. Además, las paredes estomacales están construidas de tal forma que permiten soportar no sólo altas temperaturas sino una serie de ácidos gástricos que toman de la comida las sustancias necesarias para el funcionamiento del cuerpo y eliminan las innecesarias.

MITO 3
Comer abundantes frutas con semillas, como tomate, guayaba o granadilla, da apendicitis.
Es posible.
El apéndice es un pequeño órgano en forma de bolsa ubicado al final del intestino delgado. Aunque en muchas ocasiones la inflamación de este órgano se da por causas desconocidas, se han encontrado cuerpos extraños como semillas de frutas o parásitos al momento de extirparlo. Sin embargo, esto no es motivo de alarma, pues existen personas cuya dieta es abundante en semillas y su apéndice nunca se llega a inflamar.

MITO 4
El apéndice, las muelas del juicio o cordales y las amígdalas no sirven para nada.
Falso.
En el caso de las amígdalas, están llenas de células que ayudan a atacar parte de las infecciones que entran al cuerpo por las vías respiratorias, aunque esto no signifique que sean necesarias para mantener una buena salud.
Aunque del apéndice se han tenido decenas de teorías durante muchos años, la mayoría de los médicos concuerdan en que en ciertos organismos el apéndice también es fuente de células que impiden la propagación de infecciones en el área, sin que llegue a ser necesario para prevenir enfermedades.
Por el contrario, las muelas del juicio no tienen ninguna función esencial en la boca, pues son remanentes de nuestros antepasados, que al parecer tenían una estructura bucal más compleja debido a su dieta rica en alimentos crudos. Sin embargo, en algunos casos en los que una persona pierde una muela antes de la aparición de las muelas del juicio, éstas reemplazarían la muela perdida.
Es curioso, y aunque pocas personas lo saben, existen otros órganos, muy pequeños, que no tienen ninguna función en el cuerpo pero que dan indicios del cuerpo que tenían nuestros antepasados, como el tercer párpado, ese pequeño pliegue en la esquina interior del ojo.

MITO 5
Los pescados que viven en aguas ricas en mercurio son venenosos.
Cierto.
Aunque casi todos los pescados y mariscos contienen rastros de mercurio, esta sustancia es nociva para la salud. Es muy importante tener en cuenta que carnes de pescados como tiburón, bagre, pargo rojo o pez espada contienen altos niveles de mercurio, mientras que otros como camarones, atún enlatado, almejas, anchoas, cangrejo, merluza, ostras, sardinas y salmón contienen niveles muy bajos de esta sustancia.

MITO 6
Si alguien sale acalorado de un lugar o abre la nevera después de planchar, se le tuerce la cara.
Es posible.
Según varios médicos consultados, es un fenómeno que se da, pero muy pocas veces. Lo que sucece es que si un músculo está muy caliente y se somete a un cambio de temperatura radical, existe una leve posibilidad de que ocurra una contracción muscular muy fuerte que atrofie el músculo y lo deje inhabilitado. Pero es un fenómeno muy raro.

MITO 7
Meterse a la piscina después de comer da calambres.
Cierto.
Cuando una persona come, el estómago se llena y mucha sangre llega a sus capilares para encargarse de la asimilación de los nutrientes, por lo que en ese momento mucha menos sangre de la normal llega al cerebro. Justamente por esta razón se siente sueño después de comer de manera abundante.
Si al momento de la digestión una persona decide meterse a una piscina o hacer cualquier actividad física fuerte, los músculos pueden ‘bloquearse’ y dejar de funcionar, lo cual quizás cause no sólo los populares calambres sino golpes, caídas e incluso desmayos.

MITO 8
Llegar a casa, quitarse los zapatos y caminar descalzo origina juanetes.
Falso.
Los juanetes son formaciones que aparecen cuando se altera el equilibrio de las fuerzas que se ejercen sobre las articulaciones y los tendones del pie, y aparecen después de años de presiones y movimientos anormales en esta extremidad, es decir, son causados por la forma de caminar, el tipo de pie, el calzado que se utiliza o simplemente se heredan.
Quienes tienen artritis o enfermedades de las articulaciones, o sometan sus pies a grandes esfuerzos (bailarines o deportistas), pueden desarrollar este problema, el cual se da también al usar zapatos muy apretados o tacones. Si aparecen juanetes en una persona que acostumbra a caminar descalza, será por pura casualidad.

MITO 9
Si la noche anterior se ha consumido licor y a la mañana siguiente se consume patilla (sandía) el organismo sufre envenenamiento.
Falso.
Existen varios mitos ampliamente difundidos que hablan sobre los peligros de esta fruta. Dicen que una vez cortada produce cianuro, que puede causar shock en el estómago si está fría y que mezclada con alcohol envenena… pero ninguna de estas teorías tiene fundamentos científicos.
La patilla, como cualquier fruta o verdura, empieza un proceso muy lento de descomposición desde el momento en que se corta, pero a menos que pase días enteros al aire libre, es imposible que cause algún daño, a menos que esté previamente contaminada o dañada.
Con relación al alcohol, el mito que afirma que la combinación es mortal no se ha demostrado y, de hecho, en el trópico, son muy populares los cocteles con esta fruta.

MITO 10
Los tacones altos promueven enfermedades de los riñones o del sistema urinario.
Es posible.
No sólo es posible que el uso excesivo de tacones cause este tipo de problemas sino otros como juanetes, callos, dedos en forma de martillo, nervios comprimidos y várices.
Los tacones desplazan el peso del cuerpo hacia adelante, aumentan la presión sobre los dedos, cambian por completo la forma en la que el cuerpo equilibra su peso y transforman la postura corporal, lo que en muchas ocasiones hace que algunas personas sientan punzadas en los riñones después de usar tacones durante un tiempo prolongado.

MITO 11
Sentarse en un lugar donde otra persona ha estado sentada mucho tiempo es dañino.
Falso.
La cultura popular colombiana ha expandido este mito que, en realidad, no tiene ninguna base científica. Se dice que sentarse en una silla caliente, sobre todo en el transporte público, causa hemorroides, pero esto no es cierto.
En otros países, donde el clima es más frío, se cree, por el contrario, que sentarse en lugares muy fríos puede causar esta misma enfermedad. Ni frío, ni caliente, ni tibio, sentarse en una silla a cualquier temperatura no causa ningún problema más allá de una leve incomodidad temporal.

MITO 12
Si uno exagera en el consumo de comidas grasosas, tomarse después un vasito de aguardiente ‘baja’ esa grasa.
Falso.
Cuando se consumen sustancias como grasas o licor, el hígado es el órgano encargado de procesarlas. Si una persona consume una gran cantidad de comidas grasosas y luego ingiere licor, lo que está haciendo es darle doble trabajo al hígado.
Varios médicos recomiendan ‘concentrarse’ en una sola sustancia, es decir, si usted está bebiendo, hágalo con moderación, pero nunca mezcle una gran cantidad de comida y viceversa.

MITO 13
Una combinación de limón y aguardiente sirve para detener los síntomas de la gripa.
Falso.
No existe ninguna prueba científica que demuestre que el alcohol detiene los síntomas de la gripa. Sin embargo, se sabe que el limón recién exprimido y nunca llevado a ebullición, así como otras frutas con alto contenido de vitamina C, puede ayudar en la prevención de esta enfermedad.

MITO 14
La cerveza evita la formación de cálculos renales.
Falso.
Las recomendaciones para evitar los cálculos renales son consumir mucho líquido, poca sal, proteínas moderadas, azúcares limitados, pocos lácteos, evitar el alcohol y llevar una dieta rica en alimentos naturales: frutas y verduras. La cerveza, por ende, no se halla en el listado y sólo parece estar presente en la cultura popular como una bebida benéfica para el cuerpo por su acción diurética, pero en ningún momento se debe incluir en una dieta que ayude a eliminar o evitar los cálculos renales.

MITO 15
Comer ajos que hayan estado toda la noche al aire libre combate las amebas.
Es posible.
Aunque no hay estudios que demuestren esto con rigor científico, varios médicos concuerdan en que los ajos no sólo combaten las amebas sino que dan otros beneficios al cuerpo: disminuyen la presión alta y los niveles de colesterol ‘malo’’, ayudan a curar la artritis y los problemas respiratorios, e inhiben la coagulación de la sangre.

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