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“Vamos a jugar a la casita”

A medida que crecemos, los humanos vamos asumiendo que somos parte de una sociedad. Adquirimos destrezas, conocimientos, más y más diplomas, dinero y la independencia propia para moldear nuestra vida como mejor nos parezca.

Pero ese tren en el que nos montamos nos obliga, en la mayoría de los casos, a cambiar ciertas habilidades por otras. Y entonces, poco a poco, vamos dejando en cada nueva estación alcanzada, características que nos identificaron como niños alguna vez.

¿Como cuáles, por ejemplo? Cuando pasan los años, vamos perdiendo la facultad para vivir solo el presente, jugar y hasta reír. Según algunos estudios, un niño ríe en promedio 300 veces al día, mientras que un adulto lo hace entre 15 y 150 veces. Bastante clara la diferencia.

Otro rasgo de nosotros, los “grandes”, es creer que nuestro mundo y ocupaciones son más reales e importantes que las propias de un niño. Y aunque ese hecho podría tener validez viéndolo desde cierto punto, desde otra perspectiva no es más que una mala interpretación. Tal vez, no hay nada más importante que la infancia, época en la que definimos nuestra personalidad y habilidades sicomotoras, intelectuales y sistema de valores.

“¡Quédate quieto!”

¿Usted se ha detenido a pensar lo que le pide a sus hijos cuando les dice una y otra vez que se queden quietos? Sabemos que hay muchas cosas que cuidar en la casa. La decoración es frágil. Además, cuando tenemos visitas, es normal que queramos que nuestros hijos no interfieran en la conversación. Pero pedirles “que se queden quietos y callados” es un mensaje que afecta su propio desarrollo.

Preferir la pulcritud y el orden de la sala o la historia que cuenta la amiga a la que no se ve hace meses, es un grave error. Es más importante el propio desarrollo de su hijo, pues esta será la única oportunidad que el niño o la niña tiene para fortalecer su relación con el entorno, adiestrar su desarrollo sicomotor y entender su lugar dentro de la familia y la sociedad. Por eso, elegir que vea la tele toda la tarde o que esté inmerso en sus videojuegos, nunca será igual de beneficioso a que corra, salte, trepe, grite y cante.

“Al jugar estamos conociendo y recreando espacios y materiales para volverlos una aventura, para poder inventar mil finales de un solo cuento y vivirlos. Es allí, en el juego, donde dotamos de características a objetos inanimados que recrean constantemente la imaginación y nos llevan a construir mundos fantásticos.

Para los niños, el juego es  sinónimo de placer, bienestar, goce, disfrute, deleite, alegría y aprendizaje; aunque no esté mediado por un espacio como el aula escolar, el currículo o la evaluación, están aprendiendo desde éste y con la oportunidad de acceder a todo”, explica Sandra Patricia Varela, licenciada en Educación Especial, especialista en Pedagogía de la Lengua Escrita y magister en Educación.

De acuerdo con nuestra asesora, en la vida infantil hay muchos espacios  y ámbitos que son importantes e influyen en el desarrollo de los niños. Estos momentos  son aquellos en los que transcurre el tiempo libre, entendido como el espacio que queda después de las obligaciones familiares y escolares. Un espacio  no institucionalizado, en el cual también se forma y educa.

“Un elemento importante del ‘uso’ del tiempo libre –asegura la experta- es el juego como  actividad en la que se accede libre, voluntaria y espontáneamente; en su esencia, su finalidad es placentera, está en directa relación con los aspectos motor, intelectual y psicoafectivo. Es una actividad altamente socializadora y potenciadora de la autonomía personal”.

¿Por qué los niños TIENEN que jugar?

Primero que todo, porque la fantasía es la fuente más importante de la creatividad. Cuando sus hijos inventan mundos no solo están divirtiéndose, también están aprendiendo a ser más libres. Y lo mejor que les puede pasar es que usted les dé espacios para jugar con ellos, pues los pequeños se frustran cuando papá y mamá no acceden a participar de sus mundos.

“Los padres deben proporcionar los medios para el juego y la risa a través de espacios donde los niños creen sus propios juegos, establezcan sus propias reglas, sigan las  instrucciones, etc. Es importante que el adulto acompañe, oriente, guíe los juegos, de tal manera que pueda preguntarle al niño, en un momento dado, por qué se dan tales situaciones y no otras.

Está mal creer –continúa Sandra Patricia- que  ver TV es  una actividad que puede ocupar el tiempo libre, que es un juego o un distractor equivalente a jugar. Los padres tampoco deben  pensar que sin juguetes es imposible hacerlo. Sin embargo, saturar a los chicos con juguetes también es contraproducente, pues muchas veces no saben elegir con qué objeto jugar y esto les crea un sentimiento de falta de valor por los mismos”.

Algo muy importante del juego es que para los chicos no es una obligación. Es una actividad que los relaja, básicamente porque ahí no es importante ‘hacer las cosas bien’. Y aunque muchos de los juguetes son representaciones a escala de los instrumentos que usarán más adelante como adultos, este espacio en que la realidad no existe, les ayuda a aceptarse más adelante como adultos que pertenecen a un grupo.

Un consejo extra de la experta: “Los juegos hay que permitirles crearlos, construirlos a partir de elementos que pueden ser los mismos juguetes. Estos deben  ser seleccionados de acuerdo con la edad. Y es importante verificar las instrucciones del  fabricante y evitar que los juguetes contengan elementos  con los que los niños pueden correr riesgos”.

¿Quiere saber más beneficios?

- El juego es necesario para el desarrollo intelectual, social y mental de los niños. Además, les permite asimilar y adaptarse a la realidad externa.

- Jugar exige moverse, ejercitarse. ¡Perfecto para combatir la obesidad infantil!

- Al permitirles expresarse, los juegos son un excelente catalizador de las emociones. Alegría, colaboración, tolerancia cuando se juega en grupo, fortaleza… todo esto les ayuda a estar en un adecuado equilibrio emocional.

- Socializar es muy importante y no hay una forma que les guste más a los niños de hacerlo que a través del juego.

- Hace que los pequeños  aprendan a cooperar entre ellos.

- Debe ser considerado como un instrumento que ayuda en el aprendizaje.

- Jugando aprenden del ‘otro’. Adoptan actitudes, valores y normas que los ayudarán en su proceso de socialización.



Reír, un excelente hábito

Según los estudios científicos, los fetos esbozan las primeras sonrisas en la semana de gestación número 18. Al nacer, los niños ríen primero por imitación… bueno, si cuentan con la suerte de tener padres y adultos sonrientes a su alrededor.

Después reirán porque se darán cuenta de que son más queridos y aceptados cuando lo hacen. Y así seguirán riendo con sus amiguitos, haciendo movimientos chistosos e incluso diciendo palabras que son difíciles de pronunciar para ellos.

¿Qué es lo que pasa cuando reímos? Como cualquier gesto, la sonrisa produce un estímulo eléctrico que viaja hasta el cerebro para depositarse en la hipófisis. Al llegar hasta allí, el estímulo libera diversas endorfinas, las cuales hacen que nos sintamos mejor.

Por ejemplo, reír produce dopamina, sustancia que nos sube el ánimo inmediatamente; serotonina, mejor conocida como “la hormona del humor”; y adrenalina, encargada de que nos percibamos más despiertos. Por eso, ser más feliz y demostrarlo con una amplia sonrisa, es importante y no solo para los niños.

Como si fuera poco el coctel hormonal que la risa genera, además aumenta el tamaño de los vasos sanguíneos, lo cual ayuda a disminuir la presión arterial, reduciendo el riesgo de condiciones como la hipertensión,  el estrés y hasta el insomnio.

Por eso, varios hospitales en el mundo, especialmente aquellos que cuentan con pacientes muy pequeños, son visitados por profesionales de la risa -como payasos y actores-, pues ha sido comprobado que reír a carcajadas no solo alivia el dolor físico, también relaja de una forma tan positiva, que la actitud mental frente a la propia enfermedad cambia.

“Reír hace que nos liberemos. Pero estamos más acostumbrado a reprimir que a distendernos. La espontaneidad se ejercita muy pobremente. Y aunque para los padres es fácil hacer reír a sus hijos, a medida que los niños crecen, los adultos, guiados por el afán de inculcarles responsabilidad, olvidan la importancia del buen humor”, asegura nuestra asesora.

Cuando un niño ríe, a menudo no solo demuestra su sociabilidad, también da señales de su excelente salud y estabilidad emocional. Por ello, está demostrado que los hijos se sienten más orgullosos de los padres afables que de aquellos que están acartonados en su papel de adulto serio.



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La terapia de la risa

Son ampliamente conocidos los beneficios de reír. Tanto, que desde el siglo veinte se ha hecho cada vez más popular la risoterapia.  Este tratamiento combate la ansiedad, los problemas cardiovasculares, el estrés y algunas de sus consecuencias como la depresión y el insomnio.  A continuación, unas cuantas razones para reír:



- A pesar de que mucha gente piensa que se arruga cuando ríe, esto no es del todo cierto. Cuando soltamos una carcajada, entra el doble de oxígeno a nuestros pulmones, hecho que favorece no solo la tonicidad de la piel sino un mejor funcionamiento de todo el organismo.



- Reír también activa algunos músculos estomacales que no se ejercitarán en ningún gimnasio, pues con cada risotada ponemos en movimiento más de 400 músculos al mismo tiempo. Increíble, ¿no?



- No sabe lo que su espalda agradecerá que ría. Las tensiones que se acomodan en la columna vertebral se liberan, pues al reír también se está estirando. Como si esto fuera poco, estimula el bazo, elimina las toxinas y ayuda a la digestión.



- Cuando usted se carcajea, su cabeza vibra, despejando así la nariz y los oídos.  Cuando llora producto de la risa, sus ojos se limpian a través de las lágrimas.

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